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Manises, o el arte de embellecer el mundo: siete siglos de cerámica, artesanía y personalidad propia
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Manises, o el arte de embellecer el mundo: siete siglos de cerámica, artesanía y personalidad propia

En Manises (Valencia), la cerámica es herencia y motivo de orgullo, pero también un trabajo que paga muchas nóminas. Tras más de 700 años horneando piezas, fábricas, talleres y escuela siguen más vivos que nunca

Foto: En Manises conviven talleres artesanos, artistas ceramistas y empresas que trabajan de la pieza única a la serie. (F. Z.)
En Manises conviven talleres artesanos, artistas ceramistas y empresas que trabajan de la pieza única a la serie. (F. Z.)

En Manises la cerámica no es un eco del pasado: es jornada laboral y día a día. Talleres, fábricas, museo y calles explican por qué el barro sigue marcando la economía, el paisaje y la rutina de este municipio valenciano. Aquí casi todo hablo de arcilla. Más de 700 años sostenido a familias enteras. El arranque está en una alquería islámica que, tras la conquista de Valencia, Jaime I entrega a Artal de Luna. Luego el señorío pasa a Pere Boïl y, gracias a los contactos con el reino nazarí de Granada, llega la técnica de la loza de reflejo metálico, la loza dorada.

Desde el siglo XIV, las piezas salen por el Mediterráneo hacia Francia, Nápoles, Sicilia, Turquía o Flandes. No estamos exagerando: aparecen incluso en pinturas flamencas de la época.

La firma de Manises se reconoce al primer vistazo. La loza dorada exige una cocción extra para ese brillo dorado o cobrizo. La decoración en azul intenso sobre blanco —motivos vegetales, geométricos o heráldicos— se ha convertido en su imagen más icónica.

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placeholder Lámparas de la firma Can Betelgeuse. (Cortesía)
Lámparas de la firma Can Betelgeuse. (Cortesía)

En esa misma familia están los socarrats: piezas planas en blanco, negro y rojizo, usadas en techumbres. Y también la azulejería y la cacharrería vidriada, que no nació para vitrinas, sino para la cocina y la casa.

El salto industrial llega en el siglo XX: de las alfarerías familiares a un distrito con alrededor de 80 fábricas y miles de operarios. Ese volumen explica parte del orgullo. Hoy conviven talleres artesanos, artistas ceramistas y empresas que trabajan de la pieza única a la serie. El esqueleto del proceso no cambia: pastas, torno o molde, decoración, esmalte y hornos con cocciones controladas.

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placeholder Lámparas de la firma Can Betelgeuse. (Cortesía)
Lámparas de la firma Can Betelgeuse. (Cortesía)

El oficio sigue circulando por familias, y se refuerza con escuelas, cursos y una bienal internacional que conecta Manises con la cerámica contemporánea, con su propia tensión entre tradición y mercado.

El museo local nos recuerda la cronología. El casco urbano aporta las pruebas: fachadas, paneles devocionales, rótulos y pavimentos recuerdan que aquí la cerámica se pisa y se mira a diario, no solo se colecciona.

placeholder Manises o la belleza. (F. Z.)
Manises o la belleza. (F. Z.)

Manises tiene el sello de Ciudad Creativa de la Unesco en Artesanía y Artes Populares, y se habla ya de una posible indicación geográfica europea. Que las cosas bellas no dejen de alegrarnos la vida.

En Manises la cerámica no es un eco del pasado: es jornada laboral y día a día. Talleres, fábricas, museo y calles explican por qué el barro sigue marcando la economía, el paisaje y la rutina de este municipio valenciano. Aquí casi todo hablo de arcilla. Más de 700 años sostenido a familias enteras. El arranque está en una alquería islámica que, tras la conquista de Valencia, Jaime I entrega a Artal de Luna. Luego el señorío pasa a Pere Boïl y, gracias a los contactos con el reino nazarí de Granada, llega la técnica de la loza de reflejo metálico, la loza dorada.

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