'Celia', la serie española que comenzaba una noche de Reyes y resucitó a un icono infantil
El 5 de enero de 1993, Televisión Española estrenó la adaptación de los famosos libros de Elena Fortún. Pese a los problemas con el presupuesto, la ficción dirigida por José Luis Borau es recordada como una de las mejores de la tv pública
Celia, la dulzura antes de una de sus famosas trastadas. (RTVE)
Lo saben bien esos lectores que, en algún momento de sus vidas, se encontraron con ella leyendo alguno de sus libros. A Celia no le gustaba que los adultos le dijeran lo que tenía que hacer sin darle buenas razones para ello. A sus siete años, 'la edad de la razón', se rebelaba contra lo que consideraba injusto, prefería relacionarse con la hija del portero antes que con mocosas repipis y se metía en muchos líos por culpa de una imaginación desmedida.
Aquella niña era la protagonista de unos cuentos creados por Elena Fortún allá por 1928. Una obra literaria de gran impacto que Televisión Española convirtió en una miniserie que se estrenó en la noche de Reyes de 1993, justo el momento en el que comenzaba el primer libro de la saga, 'Celia, lo que dice'.
Además de partir de una creación de culto, ‘Celia’ no era una producción cualquiera. Tras ella nos encontramos nombres como los de José Luis Borau en la dirección o Carmen Martín Gaite, celiófila de corazón, en el guion. Ambos eran fanáticos de un personaje que, muchos años antes, ya había enamorado a nuestros abuelos y bisabuelos.
Baltasar, un Rey Mago en el primer capítulo de 'Celia'. (TVE)
Aunque hoy parezca impensable, la adaptación televisiva, rodada en cine y adornada con todo lujo de medios técnicos, llegó a reunir a más de siete millones de espectadores frente al televisor. Resultaba curioso, ya que, para muchos viejos lectores, Celia no tenía nada que ver con la pequeña pantalla; era el personaje más conocido de la literatura infantil de nuestro país.
Fortún, autora admirada por personalidades tan diferentes como Carmen Laforet, que llegó a tener un vínculo personal con ella, o Manuela Carmena, tuvo que exiliarse a Buenos Aires durante la Guerra Civil. Con los años, vio cómo sus libros eran puestos en tela de juicio por el franquismo, incapaz de asumir los dobles sentidos sobre la religión, sobre todo los de 'Celia en el colegio', que narraba las vicisitudes de la pequeña cuando tiene que permanecer en un colegio de monjas.
Celia, en aquel capítulo en el que decide ser sirvienta... sin preguntarle a sus padres. (TVE)
La vida de Fortún, que podría ser la trama de cualquier buen melodrama (perdió a un hijo a una edad muy temprana, nunca se acabó de entender con su marido, que se acabó suicidando, y vivió una sexualidad ambigua reflejada en la novela póstuma 'Oculto Sendero') y sus ideas feministas y adelantadas a su época fueron imprescindibles para entender su creación.
En la década de los 80, cuando Encarnación Aragoneses (nombre real de Fortún) llevaba años durmiendo el sueño de los justos y un manuscrito inédito dio lugar a la publicación de 'Celia en la revolución', libro en el que su personaje vivía los horrores de la Guerra Civil, Pilar Miró se fijó en su obra.
Cristina Cruz Mínguez, la protagonista. (TVE)
Directora de TVE por aquella época y mujer tenaz donde las haya, Miró habló con Borau de una posible adaptación de los libros de Elena Fortún. El director de 'Furtivos' aceptó la propuesta asumiendo el rol de productor, pero tras el abandono de José Luis Cuerda se hizo con la dirección de una serie en la que la televisión pública se volcó completamente.
Para elegir a la niña protagonista, se llegó a hacer un casting en el que participaron 3.000 pequeñas. La elegida fue la madrileña Cristina Cruz que, mediante sus ojos azules y una mirada que mezcla atrevimiento e ingenuidad, era calcada al personaje descrito en los cuentos.
Fotograma del tercer capítulo de 'Celia'. (TVE)
Borau creó un producto televisivo que sigue funcionando más de tres décadas después de su estreno. La voz en off y en primera persona de la niña, que emulaba el estilo de los cuentos de Fortún, se convirtió en un recurso perfecto para que el audiovisual tuviese el mismo tono que el original literario.
También las miradas a cámara de Cristina Cruz, que reflejaban el particular e irreverente humor de la obra (Celia era capaz de torturar a una señora que consideraba injusta con un buen puñado de cucarachas o cortarle el pelo a su gata para que no pasase calor en verano), o esos diálogos castizos que son un muestrario de la forma de hablar en el Madrid de la República. "¡Habráse visto! ¡Qué atrocidad!"
Pedro Díez del Corral y Ana Duato, padres de Celia. (TVE)
Además de Cruz, en el reparto estaban una jovencísima Ana Duato o Pedro Díez del Corral, protagonista de 'Del rosa al amarillo', dando vida a los padres de Celia. Alrededor de esa familia bien, que vive en el barrio de Salamanca, había secundarios de lujo como María Luisa Ponte o la inolvidable Aurora Redondo como Doña Benita, la tata andaluza y divertidísima de la protagonista.
Al vestuario y a exteriores como el Parque del Retiro, con planos como el de varios coches de época alrededor de la mismísima Puerta de Alcalá, se unió la banda sonora, con el célebre 'En Madrid hay una niña; niña que Celia se llama', que cantaron las míticas Vainica Doble.
Como muchas ficciones de entonces, 'Celia' tuvo la mala suerte de existir en una época en la que Televisión Española tenía un enorme déficit a sus espaldas. Tales fueron las dificultades económicas, que el propio Borau tuvo que poner dinero de su bolsillo para poder finalizar el rodaje.
De los catorce guiones escritos y basados, mayoritariamente, en 'Celia lo que dice' y 'Celia en el colegio', solo se llegaron a rodar seis. El último capítulo finalizó con un 'Continuará' que dejó la serie en un limbo.
Eso no impidió que 'Celia' se haya convertido en una serie de culto (además de icono popular, ya que TVE la ha repuesto en numerosas ocasiones) y en un revitalizador de los cuentos de su autora. La niña intrépida, fabuladora, contestona y rebelde que adornó las vidas de los niños de la República, también lo hizo con las de aquellos que veían la televisión en los años 90.
Uno de los libros de Elena Fortún, con las ilustraciones de Molina Gallent. (Aguilar)
En uno de los mejores libros de Fortún, la propia Celia narraba que había bajado a "hacer títeres al fondo del mar" y había visto "ballenas atadas a los corales como si fueran perros guardianes".
A continuación, justificaba su enorme poder para imaginar: "Eso ha sido verdad porque lo tengo escrito. Ya sé que las aventuras con los titiriteros no han pasado nunca pero, ¿y qué? A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes. Además, lo que me pasa no está escrito en ninguna parte y al fin, se olvida. En cambio lo que está escrito es como si estuviera pasando siempre".
Lo mismo ocurrirá, pasará siempre, cada vez que nos acerquemos a RTVE Play y volvamos a ver ese maravilloso regalo de Reyes que fue la 'Celia' televisiva.
Lo saben bien esos lectores que, en algún momento de sus vidas, se encontraron con ella leyendo alguno de sus libros. A Celia no le gustaba que los adultos le dijeran lo que tenía que hacer sin darle buenas razones para ello. A sus siete años, 'la edad de la razón', se rebelaba contra lo que consideraba injusto, prefería relacionarse con la hija del portero antes que con mocosas repipis y se metía en muchos líos por culpa de una imaginación desmedida.