Crítica de 'Peaky Blinders: El Hombre Inmortal': entretenida (y poco original) secuela para fans
Un 'fan service' entretenido y con un excelente Cillian Murphy que también está cargado de tópicos y contentará y disgustará, a partes iguales, a los seguidores de una serie cuyo universo parece agotado
'El Hombre Inmortal', una de las películas más esperadas de Netflix.
En las listas de lo mejor de la televisión del siglo XXI nunca ha faltado 'Peaky Blinders'. La serie sobre una banda criminal de Birmingham liderada por un tal Tommy Shelby, un personaje ambivalente, de mirada clara pero intenciones oscuras, ya es todo un símbolo que incita, incluso, a fiestas de disfraces que calcan su universo.
Quizá por eso, una película sobre este antihéroe encarnado por Cillian Murphy, que cuenta con guion de su creador, Steven Knight, era uno de los largometrajes más esperados por todos aquellos que paladean el gangsterismo como un buen concierto de rock and roll. La respuesta a sus plegarias la tienen este mismo viernes en Netflix, que nos devuelve al personaje de Shelby más meditabundo que nunca.
La acción se sitúa en 1940, con el gánster metido a la escritura como forma de curar sus heridas del pasado: en estos años, ha perdido a su hermano Arthur y está distanciado de su hijo 'Duke', otra alma errante que aprovecha la coyuntura bélica de la Segunda Guerra Mundial para continuar robando y matando con un sucedáneo de los viejos Peaky Blinders.
Un retoño poco adorable que, para más inri, ahora está dispuesto a participar en la distribución de libras falsas perpetrada por los alemanes para ganar la guerra. Aunque eso arruine a su propio país.
Barry Keoghan, tan inquietante como de costumbre. (Netflix)
El propio Shelby vive entre fantasmas, visitando las tumbas de sus seres queridos y añorándolos como si fuese el John Wayne de la fordiana 'La Legión Invencible'. Recordando a sus difuntos y alejado de las pistolas, las bombas y una vida pasada en la que ya solo reconoce a su hermana Ada, ahora una parlamentaria que busca la verdad y la justicia en tiempos de guerra y miseria moral.
Hasta el espectador más ingenuo sabe que el retiro del protagonista acabará tarde o temprano. Con las armas de nuevo cargadas, el viejo Tommy Shelby tendrá que enfrentarse a la realidad de la muerte de su hermano, a la forzada salvación de su hijo y a una venganza bien orquestada contra aquellos que han intentado destruir a su familia.
El Shelby hijo y el Shelby padre en un fotograma de 'Peaky Blinders: el hombre inmortal'. (Netflix)
Desde los tiempos en los que Raoul Walsh filmó a un Bogart memorable y exconvicto en 'El último refugio', las historias de criminales retirados que vuelven a la sangre y al delito por razones ajenas a su voluntad han sido muchas.
También los cuentos shakesperianos sobre tíos chungos que transmiten el malditismo a su prole en un círculo de traiciones y parricidios morales que nada tienen que envidiar a los de la Antigua Roma. De hecho, en uno de los planos más memorables de la película vemos al protagonista, tras su primera escaramuza, recibido por parte de los ciudadanos como si se tratase del mismísimo César.
Algunas de las deslealtades gangsteriles más célebres, de 'El Padrino' a 'Camino a la perdición', las hemos disfrutado como enanos por su inteligencia y su calculado esteticismo.
Tommy Shelby, adorado como un César de la Antigua Roma. (Netflix)
Quizá por eso, este 'Hombre Inmortal' es un continuo 'dejà vu' que sabe a historia ya vista por más que nos devuelva a uno de los personajes más legendarios de la televisión de estos últimos años.
Cillian Murphy, con el Oscar bajo el brazo por la gigantesca 'Oppenheimer' vuelve a dotar a Tommy Shelby de una mirada implacable, frialdad cortante y fragilidad oculta.
Y, junto a él, habitan la trama un coro de personajes encarnados por actores de primera: Barry Keoghan como el 'Duke' Shelby que aspira a heredar el trono de sangre de su padre, Tim Roth, el maquiavélico ayudante de los nazis o Rebecca Ferguson, una especie de adivina romaní que empuja a Shelby a volver al ruedo de la matanza.
Nada mal para la continuación de una serie en la que estuvieron de Sam Neill a Anya Taylor-Joy aunque el personaje de Ferguson, por ejemplo, sea bastante prescindible en la trama.
Cillian Murphy, de nuevo encarnando a su personaje más célebre. (Netflix)
La factura de la película sigue siendo tan de primera como la de la serie. La ambientación o la fotografía, que casi nos hace palpar la humedad británica o la suciedad sanguinolienta del entorno en primera persona, son intachables.
De regalo, momentos de una arrolladora fuerza cinética: el regreso de Shelby, con su famosa boina, en el centro del encuadre y filmado a cámara lenta, la toma aérea del tren que conduce a la banda a Liverpool o la insoportable tensión, ayudada por un montaje modélico, de secuencias como la de Ada en peligro y al borde de la muerte a sangre fría.
Murphy y Keoghan en el póster de 'Peaky Blinders: el hombre inmortal'. (Netflix)
Pese a que alegra la vista, la trama es, a menudo, una sucesión de tópicos sobre las herencias de sangre o la redención de los popes del crimen. Y lo mismo se puede decir de su gramática audiovisual.
Llega un momento en el que el uso de canciones de rock anacrónicas que acompañan a las matanzas resulta exasperante. Lo mismo que los insertos de imágenes que, si a veces sirven para ir desvelando incógnitas del guion (la verdadera razón de la muerte de Arthur) también resultan un recurso tan fácil como reiterativo (los recuerdos de Tommy en el túnel) y demasiado calculado.
Imagen promocional de la película. (Netflix)
Aunque lo más probable es que contente a los seguidores de una serie que llegó a alcanzar la excelencia, este 'fan service' también será denostado por aquellos que esperaban un final menos operístico para Tommy Shelby y disfrutaron con unas tramas que se cocieron a fuego lento.
En cualquier caso, estamos ante una producción disfrutable y entretenida. Pero, no nos engañemos, también es la constatación de que el universo 'Peaky Blinders' puede darse por agotado.
En las listas de lo mejor de la televisión del siglo XXI nunca ha faltado 'Peaky Blinders'. La serie sobre una banda criminal de Birmingham liderada por un tal Tommy Shelby, un personaje ambivalente, de mirada clara pero intenciones oscuras, ya es todo un símbolo que incita, incluso, a fiestas de disfraces que calcan su universo.