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5 pueblos españoles donde refugiarse del calor este verano: piedra, sombra y buena comida
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Escapadas con sombra

5 pueblos españoles donde refugiarse del calor este verano: piedra, sombra y buena comida

Calles de piedra, sombra y cocina local convierten estos pueblos en una escapada apetecible cuando el verano aprieta lejos de la costa

Foto: Un pueblo de piedra rodeado de naturaleza puede ser una buena escapada frente al calor. (iStock)
Un pueblo de piedra rodeado de naturaleza puede ser una buena escapada frente al calor. (iStock)

Cuando llegan las olas de calor, muchas personas ponen el foco en la costa. Sin embargo, algunas de las escapadas más agradables del verano están lejos de la playa. En distintos puntos de España sobreviven pueblos donde las calles estrechas, la piedra, la altitud o la cercanía de bosques y montañas ayudan a que el ambiente resulte más llevadero durante los meses más cálidos. Lugares en los que también es fácil sentarse a comer sin prisas y disfrutar de un ritmo muy distinto al de las grandes ciudades.

Uno de ellos es Albarracín, en la provincia de Teruel. Su entramado de calles empedradas, las murallas y las casas de tonos rojizos lo han convertido en una de las localidades más reconocibles de Aragón. Situado en plena sierra, conserva un importante patrimonio medieval y ofrece un entorno muy diferente al de otros destinos veraniegos más concurridos. Además de pasear por su casco histórico, es una buena oportunidad para descubrir algunos de los platos tradicionales de la cocina serrana turolense.

placeholder El pueblo medieval que tienes que ver una vez en la vida en Teruel. (Ayuntamiento de Albarracín)
El pueblo medieval que tienes que ver una vez en la vida en Teruel. (Ayuntamiento de Albarracín)

En Cantabria, Potes sigue siendo una de las puertas de entrada a la comarca de Liébana y a los Picos de Europa. La villa se encuentra entre montañas y junto a los ríos Deva y Quiviesa, una combinación que marca buena parte de su paisaje. Sus puentes, torres y calles históricas se recorren fácilmente a pie, mientras que la gastronomía local tiene en el cocido lebaniego uno de sus grandes protagonistas.

Más al este aparece Aínsa, en la comarca del Sobrarbe, en Huesca. La localidad conserva una de las plazas medievales más conocidas del Pirineo aragonés y un casco histórico declarado conjunto histórico-artístico. Muy cerca se encuentran algunos de los espacios naturales más visitados de Aragón, lo que convierte al pueblo en un punto de partida habitual para quienes buscan combinar patrimonio, naturaleza y tranquilidad.

placeholder Ochagavía está en el valle de Salazar, un paisaje idílico. (Instagram Turismo de Navarra/@moralex7)
Ochagavía está en el valle de Salazar, un paisaje idílico. (Instagram Turismo de Navarra/@moralex7)

La lista continúa con Ochagavía, en el valle de Salazar, uno de los pueblos más conocidos del Pirineo navarro. Sus casas de piedra con tejados inclinados, los ríos Zatoya y Anduña y la cercanía de la Selva de Irati han contribuido a convertirlo en un destino habitual para quienes buscan una escapada en contacto con la naturaleza. El entorno invita tanto a caminar como a detenerse en alguna terraza y disfrutar de la gastronomía de la zona.

El recorrido termina en Bárcena Mayor, uno de los conjuntos históricos más representativos de Cantabria. Situado dentro del Parque Natural Saja-Besaya, conserva buena parte de la arquitectura tradicional montañesa, con casas de piedra y madera perfectamente integradas en el paisaje. Rodeado de bosques y senderos, es uno de esos lugares donde el verano parece avanzar a otro ritmo. Cinco pueblos distintos entre sí, pero con suficientes argumentos para quienes este año buscan sombra, piedra y una mesa donde disfrutar de la cocina local lejos del calor de las grandes ciudades.

Cuando llegan las olas de calor, muchas personas ponen el foco en la costa. Sin embargo, algunas de las escapadas más agradables del verano están lejos de la playa. En distintos puntos de España sobreviven pueblos donde las calles estrechas, la piedra, la altitud o la cercanía de bosques y montañas ayudan a que el ambiente resulte más llevadero durante los meses más cálidos. Lugares en los que también es fácil sentarse a comer sin prisas y disfrutar de un ritmo muy distinto al de las grandes ciudades.

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