Nuria Martínez, team manager de la Selección: "Siempre he vivido con la maleta hecha"
Hoy arranca el Mundial para la Selección Española. Antes del debut de La Roja, descubrimos la historia de Nuria Martínez, la mujer que coordina desde la sombra buena parte de todo lo que ocurre cuando el balón todavía no ha empezado a rodar
“Soñaba con ser corresponsal de guerra, pero, para alegría de mis padres, nunca encontré trabajo en ese ámbito”, recuerda Nuria Martínez. La frase provoca una sonrisa porque, escuchándola hoy, resulta difícil imaginarla lejos del deporte. Sin embargo, durante mucho tiempo creyó que su lugar estaba en narrar los conflictos internacionales y no en una concentración de la Selección Española.
Mucho antes de convertirse en Team Manager, sus conversaciones ya giraban alrededor de los partidos. Mientras otros niños hablaban de cualquier cosa al salir de clase, ella repasaba resultados, comentaba jugadas y discutía alineaciones. El deporte ocupaba una parte tan natural de su rutina que apenas parecía una elección. Durante años jugó en la cantera de Estudiantes, una de las instituciones históricas del baloncesto español, y llegó a competir en Primera B.
“Hay pocas escuelas tan eficaces como el deporte durante la infancia”
Cuando recuerda aquella etapa no habla de victorias ni de estadísticas. Habla de aprendizaje. “Lo que más agradezco a mis padres es que me apuntaran a hacer deporte desde pequeña”, explica. En las charlas que imparte a estudiantes en universidades y cursos formativos suele volver a la misma idea: pocas escuelas enseñan tan pronto a convivir con el error, asumir responsabilidades o entender que el resultado depende también del trabajo de los demás. Son enseñanzas adquiridas entre entrenamientos y viajes de equipo, que años después seguirían apareciendo en cada uno de sus trabajos.
“No encontré trabajo como corresponsal de guerra”
La idea de convertirse en corresponsal de guerra no fue un capricho pasajero. Cuando terminó Periodismo en la Universidad CEU San Pablo, Nuria Martínez decidió matricularse en la primera edición del máster que la Universidad Complutense dedicó a la cobertura informativa de conflictos internacionales. Allí descubrió una disciplina tan exigente como transversal. “Para aprender a contar una guerra tienes que estudiar historia, geopolítica, estrategia militar, armamento…”, explica. Lo que comenzó como una curiosidad académica acabó convirtiéndose en una pasión intelectual que todavía conserva. Sigue la actualidad internacional a diario y mantiene el hábito de leer sobre conflictos, relaciones internacionales y política exterior.
Durante un tiempo pensó que aquel sería su camino. Sin embargo, el mercado laboral tenía otros planes. Las oportunidades que buscaba nunca llegaron y la obligaron a replantearse el futuro. Fue entonces cuando volvió la vista hacia una pasión mucho más antigua que cualquier máster o proyecto profesional. “Entrar en el deporte era lo más natural”, recuerda. No solo porque había crecido compitiendo en las canchas, sino porque desde el primer año de universidad había hecho prácticas en medios especializados y conocía bien el funcionamiento de las redacciones deportivas.
“El periodismo deportivo ha evolucionado y ahora hay muchas más mujeres que cuando yo empecé”
Ese aterrizaje le permitió observar desde dentro una transformación que se ha acelerado con los años. “Cuando entré en el diario AS, en la redacción éramos cuatro mujeres; ahora veo muchas más”. Martínez evita presentar esa evolución como una conquista simbólica. Prefiere hablar de normalidad. A su juicio, la incorporación de mujeres al periodismo deportivo ha sido progresiva y responde, sobre todo, al trabajo de quienes han ido ocupando espacio por méritos propios. “En el deporte no debe haber cupos; tiene que ser una cuestión de valía”.
La vida profesional de Nuria Martínez ha estado marcada por una constante que rara vez aparece en las fotografías. Los viajes. Cambian los destinos, los idiomas y los husos horarios, pero la maleta siempre permanece cerca.
“Vivir la victoria de la Federación de Baloncesto que nos hizo ser campeones del mundo por primera vez fue un regalo”
En 2005 llegó como responsable de Gabinete de Presidencia a la Federación Española de Baloncesto. Lo hizo en pleno Campeonato de Europa de Serbia y Montenegro. “Entré a mitad del campeonato y acabamos perdiendo el bronce contra Francia”, recuerda. Apenas un año después formó parte de la expedición que viajó a Japón para asistir a uno de los capítulos más importantes de la historia del baloncesto español: el primer título mundial conquistado por la selección masculina en 2006.
“Ese fue el año en el que, de 365 días, solo pasé seis seguidos en mi casa”
Al recordarlo todavía se emociona. “Aquello fue un sueño. Recuerdo la preocupación por la lesión de Pau Gasol, todo lo que se habló aquellos días y la incertidumbre que se generó. Luego llegó la final, estar allí, vivirlo desde dentro... Es un recuerdo que siempre me acompaña”. No habla únicamente de los partidos. Habla también de las semanas lejos de casa, de los desplazamientos continuos y de una rutina que apenas dejaba espacio para detenerse. “Recuerdo un año en el que, de 365 días, solo pasé seis seguidos en mi casa. En Japón estuvimos casi dos meses. Volvimos, tuvimos la recepción con los Reyes y con el presidente del Gobierno, y a los tres días estaba volando a Brasil para el Mundial femenino”.
La conciliación, admite, nunca ha sido sencilla. Tampoco la presenta como un sacrificio extraordinario. La entiende como una consecuencia natural de la profesión que eligió. “Tu familia, tus amigos o tu pareja saben a qué te dedicas. Lo más importante es la comprensión del entorno”. A cambio, dice, ha tenido la oportunidad de conocer lugares y culturas que de otro modo nunca habría descubierto. “Soy una esponja. Viajar te obliga a mirar, a escuchar y a aprender”.
Tras su etapa en la Federación y once años en la agencia de representación deportiva You First Sports, llegó una llamada difícil de rechazar. Era el Atlético de Madrid, el club que lleva en su corazón desde niña y del que sigue conservando su abono al fondo sur del Wandametropolitano. Se incorporó como directora de Relaciones Institucionales. “Estaba muy feliz donde estaba, pero era mi club y también una oportunidad para aprender cosas nuevas”.
Entró en Navidad. Aquella misma temporada celebró una Europa League. Sin embargo, el recuerdo que guarda con más cariño llegó poco después. Cuando José Francisco Molina, entonces director deportivo de la Real Federación Española de Fútbol, le propuso incorporarse a la Selección, pidió una única condición: terminar la temporada con el Atlético. Su último partido coincidió con una victoria en Valladolid que aseguró el título de Liga. “Quería cerrar esa etapa donde la había empezado: acompañando al equipo hasta el final”.
“Ser Team Manager es un trabajo difícil de definir, un multitask”
En 2021 comenzó una nueva aventura como Team Manager de la Selección Española. El cargo ya había estado ocupado durante décadas por Silvia Dorschnerova, una figura histórica dentro de la estructura federativa. Martínez asumió el relevo consciente de la responsabilidad, aunque todavía hoy sonríe cuando le preguntan en qué consiste exactamente su trabajo. “Es un multitask en toda regla”, resume entre risas.
La definición, aunque imprecisa, no va desencaminada. Convocatorias, reglamentos, relaciones con la organización, necesidades de los jugadores, documentación, horarios, equipaciones o coordinación durante los partidos forman parte de una lista que parece no terminar nunca.
“El ambiente que hay en la Selección es de compañerismo y familiaridad”
Mientras los aficionados esperan el pitido inicial, ella lleva horas trabajando. Reuniones con árbitros y organizadores, comprobaciones logísticas, alineaciones, acreditaciones, protocolos o necesidades de última hora forman parte de una rutina invisible para quienes siguen el encuentro desde la grada o frente al televisor. Y cuando por fin rueda el balón, el trabajo tampoco se detiene. “No te da tiempo a vivir el partido como aficionada; estás completamente sumergida en tus funciones”.
Durante esos noventa minutos permanece en contacto constante con el cuerpo técnico, los árbitros y los responsables de competición. Cambios, sustituciones, procedimientos o incidencias pasan por una figura cuya labor rara vez ocupa titulares, pero resulta imprescindible para que todo funcione.
Desde su llegada ha trabajado junto a seleccionadores como Luis Enrique y Luis de la Fuente. Del primero recuerda la generosidad con la que la recibió cuando aterrizó en la Federación. Del segundo destaca la atmósfera que ha conseguido construir alrededor del grupo. “Son formas diferentes de trabajar. De la Fuente está haciendo un gran trabajo y creo que todos agradecemos el ambiente que se ha creado para desarrollar el nuestro”.
Esa idea aparece una y otra vez durante la conversación. El equipo. La niña que hablaba de fútbol y baloncesto durante los recreos. La jugadora que aprendió en las canchas de Estudiantes. La periodista que soñaba con cubrir conflictos internacionales. La directiva que pasó media vida entre aeropuertos y concentraciones. Todas esas etapas parecen desembocar en una misma convicción: los logros individuales siempre dependen de un esfuerzo compartido.
“Es cierto que todavía somos pocas”, reconoce al hablar de la presencia femenina en el fútbol profesional. En el banquillo, durante los partidos, apenas son dos mujeres. Sin embargo, no percibe su entorno laboral como un espacio masculino. “No veo hombres o mujeres; veo compañeros. Cada uno ejecuta sus funciones y trabaja para que todo salga bien”.
Cuando comenzó Periodismo estaba convencida de que acabaría recorriendo el mundo para contar guerras. Estudió conflictos internacionales, geopolítica, estrategia militar y soñó con trabajar allí donde la actualidad se escribía entre fronteras, negociaciones y enfrentamientos. Nunca llegó esa oportunidad.En su lugar llegaron Japón, Serbia, Brasil, las concentraciones de la Selección, las expediciones internacionales, los vestuarios, los aeropuertos y cientos de noches lejos de casa. Llegaron también la Federación de Baloncesto, el Atlético de Madrid y la Selección Española. Escenarios muy distintos a los que imaginaba entonces, pero unidos por una misma idea: estar donde ocurren las cosas.
Quizá por eso resulta difícil hablar con Nuria Martínez sin pensar que, de alguna manera, sí terminó acercándose a aquello que buscaba de joven. No a la guerra, sino a las historias humanas que se esconden detrás de los grandes acontecimientos. Porque mientras millones de personas recuerdan un gol, una final o una copa levantada al cielo, hay quienes trabajan para que todo eso suceda. Ella es una de esas personas.
Y cuando esta conversación termina, a pocas horas de un nuevo partido de España, vuelve a hacer lo que lleva haciendo desde hace más de veinte años: preparar el siguiente viaje.
“Soñaba con ser corresponsal de guerra, pero, para alegría de mis padres, nunca encontré trabajo en ese ámbito”, recuerda Nuria Martínez. La frase provoca una sonrisa porque, escuchándola hoy, resulta difícil imaginarla lejos del deporte. Sin embargo, durante mucho tiempo creyó que su lugar estaba en narrar los conflictos internacionales y no en una concentración de la Selección Española.