Julián Villagrán y José Manuel Poga, presos fugados en ‘33 días’: “Pese a estos personajes, somos graciosos, ¡somos de Cádiz!”
La pareja de actores, que interpretan a dos prófugos de la justicia en la primera serie creada por Carles Porta, nos cuentan cómo fue ser fieles a esta historia real
Poga y Villagrán, en un posado. (FOTO: Alicia Casillas/ Cortesía)
La ficción de Carles Porta, que recrea la historia real de la fuga de dos presos que huyeron de la cárcel de Ponent, en Lleida, y fueron noticia en los medios de todo el país allá por octubre de 2001, ha unido a Julián Villagrán y a José Manuel Poga, sus protagonistas, en un mismo proyecto.
Ver a estos dos actores gaditanos en la serie, que ya se puede ver en Atresplayer, es como ver una ‘buddy movie’ de esas que tanto nos gustaban en los 80 (recordemos a Mel Gibson y Danny Glover en la saga ‘Arma Letal’, por ejemplo). La química entre ambos, tanto para lo cómico como para lo dramático, está en prácticamente cada plano.
Con ambos charlamos un rato sobre esa buena sintonía o sobre la sugerencia de que entre sus personajes existía algo más que una simple amistad. Sobre dependencias emocionales, del esfuerzo físico que supuso la producción y de las diferentes formas de trasladar a una serie unos hechos reales, hablamos en esta entrevista.
PREGUNTA. Después de ver el primer capítulo, a pesar de todo el drama que hay detrás, se percibe cierto punto de humor entre los dos personajes. ¿Cómo se mantiene ese tono casi de buddy movie sin frivolizar y con respeto a la historia real?
JULIÁN VILLAGRÁN. Ha sido difícil, porque este hombre, José Manuel, aunque le den papeles de malo, es muy gracioso.
Había mucha complicidad fuera y dentro del rodaje, y eso lo hacía complicado. De hecho, Anaïs, la directora, tuvo mucho cuidado con eso. Nos decía: “Cuidado aquí, cuidado aquí”. A veces nos salía la risa sin pretenderlo, así que tuvimos mucho cuidado en no frivolizar con el tema y en que no se nos fuera el tono.
Yo creo que somos graciosos. ¡Es que somos de Cádiz!
El equipo actoral de '33 días'. (Gtres)
JOSÉ MANUEL POGA. También le da un punto que le quita todo lo épico a la fuga. Son dos pobres hombres que se han fugado. Ni siquiera ellos mismos se creen que el plan haya funcionado. Están de repente en el coche, circulando por Lleida, y se crean situaciones de nerviosismo. Hay algo de ilusión también: “Hemos logrado salir del sistema, le hemos dado por culo al sistema, hemos logrado escapar”.
Además, el guion tenía conversaciones entre ellos muy reales, muy naturales.
José Manuel Poga. (FOTO: Alicia Casillas/ Cortesía)
P. ¿Trabajasteis mucho fuera de cámara la química que se ve entre los dos?
JULIÁN VILLAGRÁN. Surgió de manera natural. Nos pusieron en dos apartamentos uno al lado del otro, casi compartíamos terraza, con una pequeña verja que separaba una de otra. Tuvimos la suerte de estar juntos, de crear mucha complicidad, de hacer muy buenas migas, de comer en casa del otro y de repasar cada día lo que teníamos que rodar al día siguiente.
Luego hablamos mucho de la intimidad que se tiene en una celda: cagar, mear, ducharte, dormir, las pajas, los pedos... Es muy fuerte esa intimidad. Y después está el viaje que hacen juntos, durmiendo juntos y cocinando el uno para el otro. Es casi como un matrimonio.
Rodaje de '33 días'. (Atresplayer)
JOSÉ MANUEL POGA. A veces lo pensábamos. Está esa fascinación de estar fuera de la cárcel, pero luego toca convivir con todo lo que eso conlleva: la policía persiguiéndote, un bosque, alimentarte de latas, dormir mal... Ahí se crea un vínculo muy especial.
P. También parece un rodaje con mucho esfuerzo físico: muchas localizaciones, exteriores, noches...
JOSÉ MANUEL POGA. Sí. Cuando eres protagonista, estás toda la jornada ahí, desde primera hora hasta el final, cada día durante toda la semana. Cuando tienes un personaje con menos trama, a lo mejor vas lunes y martes, haces tu secuencia y te vas. Esto fue distinto.
JULIÁN VILLAGRÁN. No esperábamos apenas. Era continuamente. El rodaje estaba muy apretado, fueron dos meses o dos meses y medio. Íbamos a carajo sacao. Acababas una secuencia y había que repetirla con el contracampo, con la cámara aquí o allá, y después pasar a la siguiente.
Eran secuencias muy exigentes emocionalmente y, algunas veces, muy físicas: correr, repetir una toma y otra, rodar de noche, dormir poco... Te acostabas a las seis o siete de la mañana y a las once estabas en planta. Te cambian los ritmos circadianos. Físicamente es muy intenso, y emocionalmente también.
Los dos actores con Carles Porta. (Atresplayer)
P. Hay primeros planos en los que se sugiere que puede haber algo más entre los dos personajes. ¿Cómo se trabaja ese matiz?
JULIÁN VILLAGRÁN. Eso lo calibramos mucho con Anaïs, porque el hecho de que mi personaje pudiera estar enamorado del suyo es una interpretación de Porta que ya está en el propio ‘Crims’. En los documentos y en los papeles no hay una evidencia de eso. No queríamos evidenciarlo demasiado.
Desde fuera, en el combo, fuimos bastante clínicos para no pasarnos. Está apuntado solo con la mirada, con algunas frases, como cuando él dice: “Venga, vámonos de aquí, que vamos a parecer dos maricones”. Hay cosas que van pasando después, pero tampoco queríamos darle demasiado valor a eso.
Cartel promocional de '33 días'. (Atresplayer)
JOSÉ MANUEL POGA. Es una pregunta que nos hacen mucho, pero creo que hay algo más importante que si había o no tensión sexual. Había algo más profundo que los representaba mucho más: una relación tóxica, de manipulación, de falta de cariño, de necesidad de ser valorado y querido. Eso era lo que verdaderamente los minaba a los dos.
José Manuel Poga y Julián Villagrán. (FOTO: Alicia Casillas/ Cortesía)
P. Algunos actores dicen que a veces es más difícil un plano general que un primer plano, porque el lenguaje corporal se ve completo. ¿Estáis de acuerdo?
JOSÉ MANUEL POGA. Totalmente de acuerdo. En un primer plano no se te ven las manos, por ejemplo. Puedes hacer con ellas lo que quieras.
JULIÁN VILLAGRÁN. Si ya eres consciente de todo el cuerpo, hay algo que va implícito. Te agarras a eso. Con la cámara se crea un vínculo: sientes la lente y te acompaña. Cuando está más lejos, a veces vas inventando como un pollo sin cabeza.
Los protagonistas, en modo prisión. (FOTO: Alicia Casillas/ Cortesía)
P. Al tratarse de una historia real, ¿sentíais presión por cómo podían recibir la serie las familias de los implicados o de las víctimas?
JOSÉ MANUEL POGA. Miedo, no. Ahora, más que miedo, hay curiosidad por saber cómo la recibirán las familias de estos personajes e incluso las familias de las víctimas.
Antes jugábamos un poco con ese miedo, pero al final entras en el juego. Sí está el respeto de saber que no es una ficción que podamos manosear a nuestro antojo, que hay que moverse dentro de unos patrones de realidad. Pero, una vez que te pones a jugar, ya lo tienes claro: hemos pasado por los ensayos y hay que sacar el plano adelante.
Fotograma de '33 días'. (Atresplayer)
JULIÁN VILLAGRÁN. Yo sí he sentido cierta presión, sobre todo por ser muy riguroso. Mi personaje es un criminal y hace cosas atroces, pero quería contar esta historia sin morbo, sin parafernalia.
Ocurren cosas muy duras y no se puede frivolizar con lo que hacen cuando están fuera. En los días en los que rodábamos esas escenas pensaba: “Cuidado, esto no es un chiste, esto no es una broma. Esto pasó de verdad”.
También estaba la preocupación de no convertirlos en villanos exagerados, en el típico malo de caricatura. El público tiene que empatizar porque el viaje lo hacen ellos y el espectador tiene que acompañarlos. Pero, cuando cometen atrocidades, también había que encontrar la manera de que el público se diera cuenta de los ‘bichos’ que eran.
La ficción de Carles Porta, que recrea la historia real de la fuga de dos presos que huyeron de la cárcel de Ponent, en Lleida, y fueron noticia en los medios de todo el país allá por octubre de 2001, ha unido a Julián Villagrán y a José Manuel Poga, sus protagonistas, en un mismo proyecto.