Belén Esteban y la Mari Morena
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LA GUERRA MÁS TELEVISADA

Belén Esteban y la Mari Morena

Eso nos lleva al año 1995, lo que da muestra de la trascendencia de la polémica de la que seguimos pendientes, voluntaria o involuntariamente, 25 años después

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Belén Esteban, en 'Sálvame'. (Telecinco)

No sé si se armó el Belén o se montó la Mari Morena. De hecho, después de leer las declaraciones de una y otra no estoy seguro de si se montó el Belén o se armó la Mari Morena o de nuevo viceversa. Nunca he sabido bien cuál era en realidad la expresión correcta. Mi única conclusión clara tras horas de lectura, con la nariz tapada, y la contemplación de los infinitos videos disponibles, inquietantes desde el punto de vista sociológico y aterradores en términos de futuro de la humanidad, es que la Belén se montó a alguien y la Mari morena ahora parece decidida a demostrar que atesora numerosas armas.

Foto: Ambiciones. (Cortesía de Eventosambiciones.com)

Intentaré, para evitarle mi experiencia audiovisual al lector curioso pero todavía con escrúpulos, resumir lo que parece un ingreso recurrente del plan de negocio de Telecinco y de una de sus principales polemistas de nombre Belén, princesa del pueblo un tiempo según he leído, y de apellido Esteban, camionero grosero y enfadado hoy según he podido comprobar. Y es que no me daban las manos para, en los momentos más testosterónicos del Esteban, taparme a la vez ojos, nariz y oídos.

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Belén Esteban, en 'Sálvame'. (Telecinco)

Pero para facilitar una opinión formada respecto de tan vital polémica me veo en la obligación de aportar algo de pretérito contexto. Trato de evitar así la explosión de alguna mente no cauterizada aún por el uso habitual de Mediaset al tratar de entender la polémica con la contemplación de semejantes programas. No hay de qué.

Eso nos lleva al año 1995, lo que da muestra de la trascendencia de la polémica de la que seguimos pendientes, voluntaria o involuntariamente, 25 años después. En ese año un chisposo torero de Ubrique culminó la rentabilidad de su desparpajo en la calle, y de su valor y técnica en los ruedos, con la conquista de una tímida, natural y humilde chica de barrio. Conviene entender que en esos momentos Jesulín, el de Ubrique, se había convertido en la estrella nacional por polémico y transgresor en el mundo taurino, y por simpático y pelín desahogado en las decenas de apariciones diarias que hacía en todos los programas de la televisión pre-plataformas de aquellos años. Tampoco había Youtube, o sea, que era imposible no verlo. Enumero algunos de los titulares, según vienen a mi memoria de aficionado taurino y consumidor compulsivo de televisión de aquellos años, que servirán de ejemplo aclaratorio.

Jesulín tenía un tigre, llenó una plaza solo de mujeres, se bajó los pantalones en un programa de Mercedes Milá, todo le parecía “como un toro”, grabó un disco, llegaba a las plazas en avioneta o helicóptero y lo que para el resumen resulta más trascendente: le gustó Belén Esteban. Lo más sorprendente del asunto, aparte de un Jesulín ganando dinero a espuertas y toreando más de cien corridas al año, es que Belén también le gustó a los medios. Algo quebraba la historia tradicional de torero y tonadillera, torero e hija de apoderado, torero y aristócrata o torero y lista interminable, y envidiable, de conquistas. -Qué tiempos en que los toreros eran más sexis que los futbolistas, aún no consigo entender los gustos actuales de las chicas incluyendo, aunque parezca contradictorio también a Ana Soria-.

placeholder Jesulín de Ubrique. (EFE)
Jesulín de Ubrique. (EFE)

Ese quiebro al que me refiero, en el que el humilde convertido en triunfador elegía a otra chica de su misma condición, daba mucho juego, era novedoso. La sencillez y la humildad de Belén cayó bien entre los periodistas y mejor aún en las audiencias. Durante unos años el formato habitual de gran hermano, en el que te enteras de todo –absolutamente de todo- lo que hacen los famosos, funcionó razonablemente bien encaminando felicidades, viajes, nuevas casas, embarazo e hija hacia el irremediable y rentabilísimo divorcio. Pero faltó la boda y, siendo elemento imprescindible en las portadas, aquello parecía que perdía un poco pie. Se hundió del todo con el traslado de la pareja a la finca del torero. Él, naturalmente hombre de campo, y ella naturalmente de San Blas, aislados en los muros de “Tentaciones”, aislada a la vez del mundo en los casi inaccesibles montes de Cádiz. No duró ni un año. Llamó entonces la atención de la bandada de buitres “microfonados”, especie autóctona de la península ibérica, la virulencia de la ruptura, las quejas de la chica que había creído arreglar su economía para el resto de su vida y la no homologable reacción de Jesulín a la imagen pública de generosidad, empatía y felicidad que había dado durante tantos años.

La falta de foco que tuvo la pareja los últimos años de su relación me impiden opinar sobre las verdaderas causas de la transformación de Belén en Esteban. Pero lo cierto es que cuando volvió a aparecer con frecuencia en la pantalla volví a replantearme la existencia de los dragones. Echaba fuego por la boca. Pero fuego. Ser un poco dragón era garantía de permanencia en la televisión de hace quince años. Ser un poco dragón ahora es garantía de que no apareces ni en los programas infantiles, si es que quedaran. Ahora necesitas echar fuego del infierno por la boca, sacarles el corazón con las manos a tus contertulios, tener sincero y evidente éxtasis mordiéndole la yugular al más débil del plató y acreditar afición a la antropofagia, pero a la real no a la figurada, y si no, a otras aficiones más deplorables y menos edificantes, o como mínimo que sean ilegales: drogas, evasión de impuestos, agresiones, incumplimientos de sentencias... hay un largo listado en la parrilla.

placeholder Belén Esteban, en 'Sábado Deluxe'. (Telecinco)
Belén Esteban, en 'Sábado Deluxe'. (Telecinco)

Y Belén sigue ahí 25 años después. Su nivel de adaptación a las nuevas exigencias de la audiencia, y de los perversos presentadores, de estos programas ha sido impecable. Con pequeñas ausencias, es verdad. Pero yo las relaciono más con sus pasos autodeformantes por el quirófano que con un cansancio intelectual que en su caso veo casi imposible más por intelectual que por cansancio, que no sé cómo aguanta. Y en eso se ha convertido. En una tristemente deformada persona y personalidad en su inaccesible intento de estar a la altura de la exigencia de los guionistas, presentadores y público que, desgraciadamente además, solo le lanzan migajas para que siga con ellos y sea incapaz de escapar de su jaula mientras millones de personas disfrutan de su encierro y sus evidentes problemas de autoestima.

No es menos cierto que lo extemporáneo y radical del escrito de la Mari morena, bien leído, -lo he tenido que leer tres veces para comprenderlo ante el exceso de alusiones insultantes íntimas y ausencia total de gramática- le pueden hacer echar fuego por la boca a cualquiera. Incluso a Belén sin invocar a Esteban. Pero no es menos cierto que, desde la distancia con la que sigo estas profundas polémicas filosóficas y su impacto en la evolución hacia el “homo casi sapiens”, creo que siempre tiene más culpa el que más minutos deja ver sus miserias en la pantalla. Ahí la suma de horas de Belén y de Esteban durante los últimos 25 años no creo que tengan parangón. Eso sí, el que, por el ratio de apariciones, veo que no tiene culpa de nada es el pobre Jesulín. Llenó una plaza de mujeres y acabó con estas dos. Mucho mejor torero que ojeador me temo.

placeholder María José Campanario con Jesulín de Ubrique y su madre, Rosario Torres, en una imagen de archivo. (EFE)
María José Campanario con Jesulín de Ubrique y su madre, Rosario Torres, en una imagen de archivo. (EFE)

Por cierto, lo de armar el Belén es por el sin dios que fue el empadronamiento en Jerusalén los años en que nació Jesús, de Nazaret, no de Janeiro apellido del de Ubrique. Mari Morena era una tabernera del Madrid del siglo XVI que se negó a vender vino una noche y literalmente se armó. Definitivamente parecen mucho más atractivas las polémicas patrias. A la larga no me van a parecer tan extrañas las audiencias ahora que nos tienen toda la hostelería cerrada.

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