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De la desesperación de Cristina Castaño con el SEPE a trabajar solo 12 días al año: la grieta burocrática que asfixia a los actores en España
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INESTABILIDAD LABORAL

De la desesperación de Cristina Castaño con el SEPE a trabajar solo 12 días al año: la grieta burocrática que asfixia a los actores en España

La reclamación de la actriz al organismo público reabre el debate sobre la falta de ayuda con los contratos intermitentes, los ingresos irregulares y la necesidad de recurrir a otros trabajos para poder vivir de la interpretación

Foto: Cristina Castaño posa durante la alfombra roja de los Premios Talía 2024. (Europa Press)
Cristina Castaño posa durante la alfombra roja de los Premios Talía 2024. (Europa Press)

Cristina Castaño lleva varios días intentando comunicarse con el SEPE. Lo contó en sus redes sociales a comienzos de mes, primero con un mensaje de auxilio y después con una indignación que iba creciendo a medida que pasaban los días. "Me parece una absoluta vergüenza que no haya manera de pedir cita", comentaba. Llegó incluso a tomárselo con humor: "Me ha pillado el eclipse pillando cita en el SEPE". Pero detrás del comentario hay una cuestión bastante menos divertida: ¿qué ocurre cuando un trabajador necesita recurrir a una prestación por desempleo y el propio sistema que debería facilitar el trámite se convierte en un obstáculo?

El organismo le respondió remitiéndola a sus canales online y ella volvió a contestar: "No es normal que el derecho a prestación se vea impedido por un sistema que se supone informatizado y sencillo, pero al que es imposible acceder para la gran mayoría". Una historia cotidiana que abre la puerta a hablar de un conflicto mucho más amplio: la inestabilidad laboral.

En el caso de los actores, además, el problema tiene una particularidad. Mariona Terés lo explicaba recientemente en 'Zodiac', el podcast de Vanitatis. Lleva alrededor de una década viviendo de la interpretación y reconoce que ha tenido la suerte de trabajar de manera continuada, aunque eso no significa que sus ingresos sean estables. En sus años peores llegó a trabajar únicamente 12 días. "Con eso no puedes vivir un año", explicaba.

La fórmula para aguantar esos periodos pasa por combinar los ahorros acumulados durante las épocas de mayor actividad con el paro y los trabajos puntuales. Una economía construida a base de ir saltando de una temporada a otra. La suya no es una profesión con una trayectoria laboral convencional en la que el paso de un contrato a otro responda a los tiempos que manejan las instituciones públicas. Las altas y bajas pueden sucederse con pocos días de diferencia y los periodos sin trabajo forman parte, para muchos intérpretes, de la propia estructura de su carrera. La prestación especial para artistas nació precisamente para atender esa realidad y es la que Cristina Castaño, después de un año movido con trabajos como 'Tú cara me suena' o el doblaje de la película infantil 'Las ovejas detectives', intenta pedir.

La profesión que vive entre contratos

La normativa establece que los trabajadores dedicados a actividades artísticas, así como los técnicos y auxiliares necesarios para desarrollarlas, pueden acceder a una retribución específica si cumplen una serie de requisitos. Entre ellos, encontrarse legalmente en situación de desempleo, estar inscritos como demandantes de empleo y acreditar determinadas cotizaciones. Se puede acceder, por ejemplo, con 60 días de alta en la Seguridad Social durante los 18 meses anteriores, o con 180 días en los seis años anteriores, siempre que esas cotizaciones no hayan sido utilizadas previamente para reconocer otro derecho. La ayuda tiene una duración de 120 días. Su cuantía equivale al 80% del Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples mensual vigente y puede alcanzar el 100% en determinados supuestos vinculados a las bases de cotización. Durante su percepción, además, el SEPE cotiza para la jubilación.

Sobre el papel, es una herramienta pensada para una realidad laboral muy concreta. El problema es que la existencia de una prestación no elimina la precariedad que intenta paliar. De hecho, los datos dibujan un escenario bastante más duro de lo que puede sugerir la imagen pública de una profesión asociada al éxito, los estrenos y las alfombras rojas.

placeholder Cristina Castaño, en la presentación de su edición de 'Tú cara me suena'. (Gtres)
Cristina Castaño, en la presentación de su edición de 'Tú cara me suena'. (Gtres)

El informe sociolaboral de la Fundación AISGE publicado en 2024 señala que ocho de cada diez artistas españoles ingresan menos de 12.000 euros al año y que prácticamente la mitad no llega a los 3.000 euros. Entre quienes están desempleados, además, el 46% no cobra el paro. Solo el 7% de los actores supera los 30.000 euros de ingresos anuales.

Una carrera no garantiza estabilidad

El obstáculo no es únicamente cuánto se cobra, sino durante cuánto tiempo se consigue trabajar. El propio informe describe el carácter "intermitente e imprevisible" de los empleos artísticos y señala que los contratos de cierta duración son una excepción, mientras que las altas y bajas diarias en la Seguridad Social son habituales en función de las necesidades de cada producción. En otras palabras, un actor puede estar trabajando un día y volver a encontrarse sin contrato al siguiente.

Guillermo Campra conoce bien esa realidad. Han pasado dos décadas desde que comenzó a trabajar como actor y muchos espectadores todavía lo recuerdan como Alonso en 'Águila Roja'. Hace un año, su nombre saltó de nuevo a los titulares por un vídeo que grabó para redes sociales pidiendo trabajo. Y funcionó, pues terminó abriéndole nuevas oportunidades. como su papel en 'Barrio Esperanza'.

Es un ejemplo de que las trayectorias no siempre son una línea ascendente. Como Terés, ha conocido los parones y la necesidad de buscar ingresos fuera de la interpretación. "Cuando tenía 18 años, decía: '¿Y si no vuelvo a trabajar, qué hago?'", contaba a Vanitatis en una entrevista. Durante uno de aquellos periodos sin rodajes, decidió probar suerte en otro ámbito y llegó a trabajar durante unos seis meses en una tienda de una marca que le gustaba. Más adelante pasó incluso tres años sin que apareciera una oportunidad como actor y terminó entrando en una oficina como relaciones públicas.

Actores obligados a buscar un segundo trabajo para vivir

"Pensé que eso era retroceder, pero me cambió la vida para muchísimo mejor. A nivel emocional y a nivel económico. La estabilidad la tienes que buscar; no te llega sola", explicaba. Esa es otra de las contradicciones de la profesión: el trabajo que puede proporcionar una felicidad enorme cuando llega convive con una incertidumbre que obliga a tener siempre una alternativa preparada. Su experiencia resume una realidad que las estadísticas convierten en números. Según los datos de AISGE, el 52% de los artistas tiene ya un segundo trabajo para completar sus ingresos. No siempre se trata de una actividad relacionada con la cultura, pues tres de cada cuatro terminan desempeñando una labor ajena a su vocación.

La inestabilidad también tiene consecuencias, además de hacer malabares para llegar a fin de mes. Terés contaba que nunca había tenido dinero suficiente para reunir la entrada de una vivienda y que la dificultad para demostrar una continuidad de ingresos había dificultado que un banco le concediera una hipoteca. "Es una profesión en la que nunca sabes qué va a pasar, que tienes que estar muy bien de la cabeza", comentaba.

placeholder La actriz Mariona Terés posa en el set de 'Zodiac'. (Sergio Beleña)
La actriz Mariona Terés posa en el set de 'Zodiac'. (Sergio Beleña)

La primera vez que llega un año sin trabajo, la ansiedad puede ser enorme, según su experiencia. Después se aprende a convivir con los parones, aunque la incertidumbre no desaparezca. Aun así, asegura que el subidón que produce tener en las manos un guion opaca esos tiempos oscuros: "Creo que en el fondo nos mola un poco. En otros trabajos acabaríamos tirándonos de los pelos con la monotonía".

Cuando la inestabilidad llega a la hipoteca

Es precisamente esa intermitencia la que, según la Unión de Actores y Actrices, debería estar en el centro de cualquier debate sobre la relación entre los intérpretes y las instituciones. La organización considera que el caso de Cristina Castaño no es aislado y reclama que las medidas del Estatuto del Artista vayan acompañadas de una adaptación real de los servicios públicos. "Este no es el primer caso que se denuncia. Llevamos años exigiendo que las medidas, como es el desempleo de artistas, tienen que ir de la mano de una adaptación de la Administración pública", señalan a Vanitatis.

Su argumento parte de una realidad sencilla: si las oficinas del SEPE no están preparadas para gestionar el volumen de altas y bajas que experimenta una actriz o un actor a lo largo de su carrera, el sistema termina chocando con la naturaleza de la profesión para la que fue diseñado. "Las administraciones son las que están al servicio de los ciudadanos y demasiadas veces parece que actúan al contrario", denuncian desde la organización. Exigen que se asuma la intermitencia del trabajo artístico y "de igual forma que los artistas cumplen pagando sus cuotas en cada nómina, el SEPE cumpla garantizando el derecho que tanto cuesta generar".

Cristina Castaño, con su larga y extensa trayectoria, es solo un ejemplo de la realidad de una profesión que espera con el mismo entusiasmo casi la llamada de la Administración como la de un director. Hay algo en ello que les engancha y les empuja a esperar un contrato que puede tardar días, semanas o meses en llegar. Pero esa vocación no es suficiente para pagar el alquiler o el salmón en la pescadería. Entre un rodaje y el siguiente están los ahorros, el paro, los trabajos complementarios y, en demasiadas ocasiones, la incertidumbre. Por ello, sus trabajadores piden que las reglas del mercado laboral y de la Administración se adapten a la forma en la que realmente trabajan.

Cristina Castaño lleva varios días intentando comunicarse con el SEPE. Lo contó en sus redes sociales a comienzos de mes, primero con un mensaje de auxilio y después con una indignación que iba creciendo a medida que pasaban los días. "Me parece una absoluta vergüenza que no haya manera de pedir cita", comentaba. Llegó incluso a tomárselo con humor: "Me ha pillado el eclipse pillando cita en el SEPE". Pero detrás del comentario hay una cuestión bastante menos divertida: ¿qué ocurre cuando un trabajador necesita recurrir a una prestación por desempleo y el propio sistema que debería facilitar el trámite se convierte en un obstáculo?

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