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Un recorrido por la mejor comida de chiringuitos del Cabo de Gata

Un paisaje de belleza dura e impactante, de preciosas calas de aguas turquesas, y gastronomía popular que en unas ocasiones regala el mar y en otras pequeñas huertas

Foto: Foto: Capriles
Foto: Capriles

Un paisaje de belleza agreste, volcánica, casi desértica, de pequeño matorral, de senderos polvorientos, secarrales y chumberas; pero también de playas de un mar azul intenso sobre la línea del horizonte y turquesa en la orilla rocosa abrupta que, separándose del mar se eleva en lomas redondeadas y suaves que conforman una sierra  baja y ondulada. Un mar de aguas tranquilas y calmas unas veces, de agua removida del fondo y espuma blanca que rompen contra la orilla, otras.

En el Cabo de Gata, al sur y mirando al oriente, se levanta un faro que avisa de los peligros de las piedras de Laja que hicieron zozobrar innumerables barcos, convirtiendo la zona en un paraíso de pecios hundidos para los buceadores y desde donde se disfrutan de unas maravillosas puestas de sol. Es también el paisaje duro de una Almería profunda hasta donde viajó  a final de los años 50 para cantar en Campos de Nijar los paisajes duros, inhóspitos incluso, desnudos de alegría; pero que mostraban preciosas playas salvajes de fondos marinos claros y transparentes en días soleados.

El largo arenal de la playa de Los Genoveses, las rocas totémicas de la playa de Los Muertos, la cinematográfica playa de Mónsul, mostrada al mundo por Indiana Jones y 007 entre otros; playas de calas solo accesibles a pie por senderos marchitos de vegetación en verano, pero que recompensan a quien se adentra en ellos con aguas turquesas, celestes, solitarias y salvajes.

Para comer o cenar en algunos de sus chiringuitos, restaurantes y hoteles destacan: El Cortijo los Malenos, un hotel de blancos encalados, rejas y patios andaluces, de rincones para descansar, cuya huerta hecha de hierbas aromáticas, frutas y verduras permiten elaborar sus propias mermeladas, compotas y ensaladas. Desayunos a base de galletas de sésamo y canela, mermeladas de higos, pan de semillas y sorbetes de fruta. Picnic elaborado para llevar a la playa con ensalada, carne fiambre o pastel de merluza, fruta, pan y bebida.

Ensalada de tomate y anchoas
Ensalada de tomate y anchoas

En la Isleta del moro, justo sobre una de las dos pequeñas calas de aguas transparentes donde casi se puede jugar con los peces que se observan y te rodean practicando snorkel, se encuentra el restaurante La Ola, que comienza pronto a dar comidas y repone las mesas varias veces hasta bien entrada la tarde. Mientras se espera en la barra, cañas y tapas estupendas, un pisto de morcilla, arroz. Para comer fuera, bajo el voladizo de la fachada, cualquiera de las especialidades de pescado que su propio barco les asegura a diario: pargos y sargos y buen arroz caldoso de pescado.

Almejas marinera
Almejas marinera

En Aguaamarga, un pequeño, coqueto y precioso pueblo con encanto de casitas encaladas junto a la playa de colores turquesas se puede comer muy buenos arroces tanto en el restaurante Los Tarahis como en Las Palmeras.

Hotel Los Patios, también de paredes y aristas blancas que cruzan el cielo azul, se disfruta del lujo de disfrutar de techos de cristal por los que se cuela el firmamento y duchas exteriores. Para cenar en el restaurante gourmet especialidades locales, cocina autóctona elaborada y bien presentada.

En la Posada del ajillo cocina humilde de pucheros y ollas: gurullos, andrajos, acelgas; y sofritos al ajillo como el conejo; calderetas de pescado de roca, verduras y ajoblanco.

En el comedor del bar Iruña, en el pueblo de San José, se puede tomar buen pescado, como el taco de atún rojo a la plancha acompañado de buena ensalada de tomate y anchoas.

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