Los problemas de ser una estrella infantil
En la vida hay trabajos duros como el de minero, pocero o percebeiro. Sin embargo, estas ocupaciones se quedan en nada si se comparan con la
En la vida hay trabajos duros como el de minero, pocero o percebeiro. Sin embargo, estas ocupaciones se quedan en nada si se comparan con la última profesión de riesgo: artista infantil, niños actores que pasan de ser estrellas a estrellarse. Muchos de estos jóvenes intérpretes o cantantes, al pasar de la niñez a la adolescencia y a la edad adulta, se ven envueltos en una espiral de autodestrucción que les lleva por el complicado mundo de las drogas y el alcohol. Para muchos, lo menos malo es casi caer en el olvido.
Hollywood está lleno de grandes estrellas que han acabado sus días dominados por diversas adicciones. Britney Spears, Lindsay Lohan, Drew Barrymore, Macauly Culkin, Tracey Gold, las gemelas Olsen… han tenido problemas para asimilar el paso de los años por diversas circunstancias. Todos fueron estrellas en su niñez o adolescencia, por lo que llevaron una vida poco acorde para su edad. Por ejemplo, Barrymore reconoció en una ocasión que había celebrado su décimo aniversario en un club nocturno hasta altas horas de la madrugada. A esto hay que sumar que, siendo muy pequeños, consiguen unas cuentas corrientes a las que muchos nunca llegarán.
Y es que la vida de Drew Barrymore es digna de un culebrón venezolano. A los cuatro años era una estrella gracias a E.T.; a los nueve años tomó su primera copa; a los diez años fumaba y a los doce consumía cocaína. Con este currículo se vio obligada a pasar por varias clínicas de desintoxicación seguidas de grandes recaídas. Poco a poco se fue limpiando hasta reconducir su carrera con un determinado éxito. Menos suerte tuvo la niña de El exorcista. Linda Blair, que asustó a generaciones con sus torsiones de cabeza, pasó por varios centros de rehabilitación y la cárcel antes de cumplir la mayoría de edad. Llegó incluso a ser condenada por tráfico de cocaína.
Macaulay, el amigo de Jackson
Su historia es similar a la de Macauly Culkin. Tras ser una estrella infantil e ingresar una ingente cantidad de dinero en su cuenta corriente, la edad acabó con su carrera. En 2004 fue detenido por posesión de marihuana y otras sustancias obtenidas sin receta médica. Tuvo que pagar una abultada fianza para no acabar entre rejas. Un año más tarde apoyó a Michael Jackson en el juicio en el que se le acusaba de abusar de menores. Y todo ello sin olvidar sus problemas con la bebida. En la misma línea, Haley Joel Osment, el famoso niño de El Sexto Sentido, fue multado por estrellar su coche mientras conducía bajo los efectos del alcohol y las drogas. También Dakota Fanning, la niña de La guerra de los mundos, ha pasado por un programa de desintoxicación, según los medios, aunque nunca ha sido confirmado por este angelito de doce años.
Las chicas de moda en la actualidad son Britney Spears y Lindsay Lohan. Adictas a las fiestas, la primera ha perdido la custodia de sus hijos y ha pasado por centros de desintoxicación. El juez la ha ordenado seguir una terapia y demostrar que no consume ni drogas ni alcohol si quiere volver a ver a sus pequeños. Algunos la dan por terminada después de vender millones de discos. Lindsay Lohan, en cambio, acaba de salir de rehabilitación por su adicción a las drogas, el alcohol y los calmantes. A 11 años ya era la actriz fetiche de las películas Disney, mientras que a los 21 las marcas de bebidas alcohólicas se la rifaban para organizar su fiesta de cumpleaños.
Las series televisivas no se libran de sus propios problemas. La gemelas Olsen, estrellas siendo bebés gracias a las series Padres Forzosos, ha cultivado una imagen de excéntricas muy lucrativa. Una ha tenido problemas de anorexia, mientras que la otra ha tenido sus más y sus menos con las drogas. Y eso que sólo tienen 21 años. Tampoco se puede olvidar a Jaime Foxworth, una de las hijas del matrimonio Winslow en la serie Cosas de Casa que, tras no superar su época de actriz infantil, acabó sus días como intérprete en películas pornográficas bajo el seudónimo de Crave.
La cara opuesta
Los actores infantiles no acaban siempre sus días en centros de desintoxicación. Algunos, con mejor cabeza y siempre bajo la atenta mirada de sus progenitores, han logrado crear sólidas carreras en el mundo del celuloide una vez sobrepasada la adolescencia. Y no hay caso más representativo que el de Jodie Foster. La intérprete norteamericana se convirtió en estrella a los 14 años tras protagonizar con éxito Taxi Driver de Martin Scorsese. Desde entonces no ha abandonado nunca el circo de Hollywood y ha deleitado a los presentes tanto con sus interpretaciones como por su labor de directora. Durante este tiempo, no ha protagonizado ningún escándalo, no ha tenido problemas con el alcohol o las drogas y siempre ha mantenido su vida privada bajo un halo de misterio.
Tampoco ha sido devorada por Hollywood Scarlett Johansson, que también tiene en su currículo el sello de estrella infantil. Con diez años sedujo a Robert Redford con su interpretación en la película El hombre que susurraba a los caballos. Pese a su belleza y su fama, a veces inmerecida, de devora hombres, no ha protagonizado ningún gran escándalo mediático por actitudes poco sanas. Sólo su intensa vida amorosa ha dado algún que otro gran titular a los medios de comunicación.
Por el mismo patrón está cortada Katherine Heigl, uno de los rostros más conocidos de la serie Anatomia de Grey. Sus inicios hay que buscarlos en películas de segunda, aunque el papel que la metió en Hollywood fue el de hija problemática y caprichosa de Gerard Depardieu en Menudo es mi padre. De familia mormona, no está relacionada con ninguno de los últimos escándalos que asolan Hollywood. De hecho, está apunto de casarse con su último novio.
En la vida hay trabajos duros como el de minero, pocero o percebeiro. Sin embargo, estas ocupaciones se quedan en nada si se comparan con la última profesión de riesgo: artista infantil, niños actores que pasan de ser estrellas a estrellarse. Muchos de estos jóvenes intérpretes o cantantes, al pasar de la niñez a la adolescencia y a la edad adulta, se ven envueltos en una espiral de autodestrucción que les lleva por el complicado mundo de las drogas y el alcohol. Para muchos, lo menos malo es casi caer en el olvido.