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Alfonso Díez, marginado por la nobleza
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Alfonso Díez, marginado por la nobleza

El novio de la duquesa tuvo el viernes pasado su personal cruce del Rubicón cuando apareció del brazo de Cayetana en la boda de José Márquez y González

Foto: Alfonso Díez, marginado por la nobleza
Alfonso Díez, marginado por la nobleza

El novio de la duquesa tuvo el viernes pasado su personal cruce del Rubicón cuando apareció del brazo de Cayetana en la boda de José Márquez y González de Gregorio, hijo de la entrañable Pilar Medina Sidonia. Como si fuera un nuevo Julio César, su actitud pública fue la misma que la del emperador cuando dijo aquello de “la suerte está echada”. Alfonso Díez, que controla con precisión de mecánico relojero suizo sus tiempos, era consciente que esta vez se jugaba mucho.

No son lo mismo los almuerzos simpáticos y relajados en el palacio sevillano de Dueñas, donde los amigos no juzgan sino que apoyan, a la lupa de la mayoría de los invitados nupciales para los que Díez resulta un personaje peculiar.

El caso es que el funcionario llegó, vio y no venció. Y esta vez no por su causa, porque desplegó toda su artillería de hombre encantador. Pero la aristocracia, igual que lo banqueros de toda la vida, no deja entrar tan fácilmente a los ajenos, por mucho que en un futuro no muy lejano se puedan convertir en colegas heráldicos por matrimonio.

Mientras la entrada a la iglesia de Santa Bárbara resultó espectacular y con dedicación casi exclusiva por parte de la prensa al que en su día fue definido como “entrañable” amigo, dentro del templo las cosas cambiaron. Alfonso dejó de sentir el manto protector de su novia que, al ser testigo, se sentó en los primeros bancos con el resto de elegidos.

Tras la misa, Alfonso esperó a Cayetana, que debía cumplir el protocolo y firmar el acta matrimonial. Después volvió a colgarse de su brazo y de ahí marcharon al club Puerta de Hierro, donde se sirvió un aperitivo en el jardín previo a la cena organizada bajo unas carpas decoradas por el maestro Ramiro Jofre. Y aquí es donde surgen las versiones sobre las razones que hicieron que Cayetana no se quedara y se marchara antes de lo que se suponía estaba previsto.

Según parece, fue la propia duquesa la que había confirmado su asistencia e incluso había dado el visto bueno a sus compañeros de mesa entre los que se encontraban Jaime de Marichalar, los marqueses de Griñón, Carmen Cobo, Tere y Diego Miranda. Si todo estaba atado y bien atado, ¿por qué se marchó antes de tiempo? La explicación oficial fue que estaba cansada. Pero como en todas las historias peculiares hubo otro tipo de comentarios que tenían que ver con el poco caso que el resto de invitados hicieron a su novio. Y eso que, según testigos presenciales, Alfonso estuvo en todo momento pendiente de su chica e intentando agradar. Pero que si quieres arroz, Catalina. El cuerpo heráldico forma un conglomerado compacto y clasista donde el extraño tiene que hacer méritos. Y como ahora no hay Cruzadas ni Santo Grial que buscar y defender, Alfonso Díez lo tiene crudo.

Quizá lo mejor habría sido hacer una pedorreta, agarrar a la duquesa por la cintura y echarse un bailongo como si fueran Olivia Newton Jones y Travolta. Si de todas formas va a recibir criticas, lo mejor es que lo hagan con una buena base y no por tonterías.
 

 

 

El novio de la duquesa tuvo el viernes pasado su personal cruce del Rubicón cuando apareció del brazo de Cayetana en la boda de José Márquez y González de Gregorio, hijo de la entrañable Pilar Medina Sidonia. Como si fuera un nuevo Julio César, su actitud pública fue la misma que la del emperador cuando dijo aquello de “la suerte está echada”. Alfonso Díez, que controla con precisión de mecánico relojero suizo sus tiempos, era consciente que esta vez se jugaba mucho.