Cristina Valls Taberner ni tiene novio ni quiere ser famosa
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Cristina Valls Taberner ni tiene novio ni quiere ser famosa

Le horrorizaría convertirse en personaje del colorín como lo es Tamara Falcó o Eugenia Martínez de Irujo. No forma parte de los photocall ni tampoco es imagen

Le horrorizaría convertirse en personaje del colorín como lo es Tamara Falcó o Eugenia Martínez de Irujo. No forma parte de los photocall ni tampoco es imagen de ninguna firma como las anteriores, que deben asumir su popularidad cuando se encuentran en un espacio público y el paparazzo las pilla en compañía del amigo de turno o del incipiente amor.

No es el caso de esta joven empresaria, que siempre ha permanecido en el anonimato mediático y, salvo sus apariciones como ponente en conferencias y mesas redondas relacionadas con su actividad profesional, poco se sabía de su evolución.

Hija del que fuera durante años copresidente del Banco Popular y de Cristina Mull, posee un extenso currículum. Estudió Cunef, tiene varios máster y sabe inglés y francés, este último idioma como lengua materna. Cuando terminó la universidad, pasó temporadas en Suiza, Londres y Nueva York, haciendo sus prácticas primero y después como contratada de lujo gracias a su preparación.

Ha dirigido su propia empresa, Cris & Cris, y también se encarga de sus inversiones financieras y de las de algunos miembros de su familia. Es consejera de un banco en Brasil y en marzo de este año WISeKey anunció su nombramiento como miembro de su consejo de asesores.

Fundada por el español Carlos Moreira, es una empresa especializada en seguridad informática. “Hasta los años noventa, el dominio de este sistema de seguridad era exclusivamente norteamericano, y las raíces criptográficas utilizadas para emitir llaves estaban asimismo controladas por grandes empresas norteamericanas y por eso la importancia de que no hubiera tanta dependencia”, explica Cristina Valls, que no está muy contenta con las imágenes que una revista ha publicado de ella con un amigo en las playas de Ibiza, dando a entender que eran novios.

El disgusto es doble, porque ese tipo de imágenes no la beneficia de cara a su feceta profesional, y  porque Miguel es un amigo como otros muchos que tiene en España o repartidos por medio mundo. Las únicas relaciones sntimentales que se la conocen fueron con el dueño de Mango, Isak Andic, o con el hijo de Marcelino Oreja. Siempre ha cuidado su intimidad y, por lo tanto, verse ahora en una portada es para ella un mal trago.

La historia no tiene mayor alcance. Cristina estuvo en Barcelona en la boda de Gabriela Lanardonne, hija de Marisa Falcó, la actual mujer del Conde de Godó. Al día siguiente de la fiesta, que se celebró en la espléndida mansión que el dueño de La vanguardia tiene en Pedralbes, se organizó un viaje a Ibiza.

Hasta allí se desplazaron la mayoría de los amigos de la recién casada, que decidieron realizar una excursión en barco hasta Formentera. Cristina prefirió quedarse en la playa porque ese día debía tomar un avión con destino a Suiza, donde tiene su oficina WISeKey y si se retrasaba la vuelta de Ibiza podía perder su vuelo. Los que no se fueron en barco organizaron una mañana tranquila con baños de mar y después almuerzo en un chiringuito. Nada de particular y, por lo tanto, nada que esconder.

La sorpresa de la empresaria fue ver cómo una situación normal se convertía a través de titulares y fotos en el “inicio de un romance” que no se ajusta a la realidad, porque lo único que existe es una amistad de siempre.

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