Plebeyos que reclaman apellidos ilustres
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Plebeyos que reclaman apellidos ilustres

La aparición de dos posibles hijos ilegítimos del rey Don Juan Carlos esta semana, tal y como ha publicado Vanitatis, nos lleva a recordar otros casos de

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Plebeyos que reclaman apellidos ilustres

La aparición de dos posibles hijos ilegítimos del rey Don Juan Carlos esta semana, tal y como ha publicado Vanitatis, nos lleva a recordar otros casos de la misma índole, personajes que han reclamado los más variados apellidos ilustres, algunos de ellos ya fallecidos. La justicia les ha dado o les ha quitado la razón y, en la mayoría de los casos, aún siguen esperando que alguien les diga si lo que aseguraban era cierto o no. La exhumación de cadáveres reales es algo bastante difícil y las pruebas de ADN, por tanto, suelen ser inexistentes.

El caso más conocido es el de Leandro de Borbón, antaño conocido como Leandro Ruiz Moragas. El hijo bastardo de Alfonso XIII fue reconocido en mayo de 2003. Había presentado un expediente de más de 400 páginas que resultó irrefutable para la justicia. Fruto del romance entre el difunto rey y la actriz Carmen Ruiz Moragas, describió la sensación que le produjo ser el hijo no reconocido del monarca en ‘El Bastardo Real’ y se paseó por no pocos platós de televisión.

Otro caso relacionado con los Borbones es el de María Luisa Sanz de Limantour, una nonagenaria que asegura ser la nieta de Alfonso XII. Llamó al abogado Marcos García Montes desde la Francia en la que reside para asegurar que ella era la nieta del rey. Al parecer, Alfonso XII habría tenido un romance con una cantante de ópera, Elena Sanz, antes y después del matrimonio con la mítica ‘María de las Mercedes’. De ese romance nacieron dos hijos varones, Alfonso y Fernando, que jamás reclamaron ningún tipo de derecho. Sí que lo hizo ella, que quiso que todo el mundo se hiciese eco de una realidad que descubrió con apenas 15 años.

En enero de 2010 saltó a la palestra una noticia sobre otro ilustre apellido relacionado con hijos ilegítimos. Fernando Artacho y Llorens, propietario de una conocida cadena de cines de Sevilla, aseguró que su abuela era hija del XV Duque de Alba y que, por tanto, era un legítimo portador del apellido. Al parecer, su bisabuela, Josefina Perrier, habría estado con el Duque mientras la duquesa se encontraba en la corte francesa. No quería dinero ni notoriedad, simplemente que se reconociese su apellido.verdadera identidad.

Koplowitz es un apellido que simboliza lujo, glamour y dinero y que tampoco se escapa de las reclamaciones legales por paternidad. Carlos Iglesias Rangel, un funcionario de 50 años de Suiza que asegura ser el hijo de Ernesto Koplowitz. Para el común de los mortales, Ernesto es el padre de Ester, Alicia, Ernesto y Clara Isabel. Sus declaraciones, más allá de la disputa judicial, lo dicen todo: “Discreción, discreción y discreción”. 

Otros apellidos son menos famosos pero no por ello menos ilustres o apetecibles para los que los reclaman. José Collado, más conocido como ‘Pepe el Trompeta’, aseguraba ser descendiente del marqués de Larios. Su madre así se lo dijo poco antes de morir. Pero en este caso, la justicia no le dio la razón.

Fuera de España son famosos los casos de Alberto de Mónaco, que tras mantener una relación fugaz con Tamara Rotolo, vio como le salían dos hijos de la nada: Jazmín y Alexandre.   Y es que a los reyes y a los nobles no les crecen los enanos, sino los hijos. Algunos de dudosa veracidad como el habitante de San Diego que se pasó media vida con la fotografía de Alfonso XIII en su bolsillo, haciéndose llamar Alfonso de Bourbon y siendo toda una institución en La Jolla. O a una tal Ana María B.J. que simuló ser hija ilegítima de Don Juan Carlos y así logró varias estafas de lo más ingeniosas; la más curiosa, la del taxista que le prestó nada menos que dos millones en base a su presunto buen nombre. 

Ante tanto caso judicial relacionado con paternidades no reconocidas solo cabe una reflexión: o la caza de apellidos ilustres es la profesión de moda o a las clases pudientes les encanta ocultar a su descendencia.