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La marquesa de San Eduardo: "Los nobles no somos unos gorrones"

La marquesa de San Eduardo está convencida de que una joya es mucho más que un bonito objeto. Una joya es vida. A María Ignacia López

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    La marquesa de San Eduardo está convencida de que una joya es mucho más que un bonito objeto. Una joya es vida. A María Ignacia López de Soto, le gusta que en ‘petit comité’ la llamen Iñi. Así es como suena: “muy Iñi”. Además, gana en las distancias cortas por su exquisita amabilidad. La aristócrata y su hijo Miguel Mas presentaron este fin de semana en Marbella su nueva colección de joyas. 

    La mezcla de zafiros con licores y burbujas fue impresionante. Doña Ignacia es miembro de una de las familias de mayor tradición nobiliaria y regenta junto a su vástago una de las joyerías mas glamourosas de Madrid: la Joyería San Eduardo. Todo un clásico de visita obligada para la jet internacional.  

    Entre historias veraniegas y el trendic topic de los temas marbellíes, la firma familiar toma cuerpo como exponente del lujo. El éxito estaba garantizado a priori, ya que la marquesa puso desde muy joven todo su empeño y pasión en este difícil y apasionante mundo; un mundo que define como su vida y que ha conseguido situar su firma en los tops.

    Para toda una vida

    La marquesa fundó la joyería en 1972,  y sus tesoros se pueden admirar y adquirir en la joyería San Eduardo. Los inicios fueron duros y complicados pero ella misma recuerda que se superó con entusiasmo y mucha dedicación. Eso de que la aristocracia no trabaja es un tópico.”Yo no sé hacer otra cosa” asegura. 

    Y con ese lema, trabajo y más trabajo y unas dosis de pasión, contagió a dos de sus hijos, quienes a la postre, decidieron seguir sus pasos.  A día de hoy, Miguel se ha erigido como director del proyecto empresarial de San Eduardo y se ha convertido en un referente en el mundo de la joyería.

    Para la marquesa de San Eduardo las joyas son piezas únicas, dotadas de significado propio, y que casi siempre encierran una historia. Una historia de amor, o el recuerdo de un momento especial. A su valor sentimental se le suma  el valor de mercado y la capacidad de perdurar en el tiempo,  de ser “para toda la vida”

    No somos gorrones

    Iñi dice que no le gusta mucho conceder entrevistas,  pero que está encantada con poder hablar con Vanitatis. Con ella departimos sobre temas de actualidad y del mal momento por el que pasa todo lo que suena a palabra “nobleza y aristocracia”.  En esta época de crisis, en que tanto se denosta todo lo que huele a ‘realeza’ ella se defiende definiéndose como “una curranta”

    “Yo solo sé lo que es trabajar y trabajar...No sé de dónde se saca eso de que los nobles somos unos gorrones. La aristocracia tiene que trabajar y más en un momento como el que atraviesa ahora nuestro país” afirma. Ella se aleja de cualquier estereotipo.

    Iñi es, en definitiva, ese icono con todos los ingredientes para convertirse en un cuento que arranca a partir de la infancia de dos niñas: dos primas cuya abuela escondía un cofre lleno de joyas. Lo que para ellas era “el juego del  tesoro”, se convertiría años más tarde en una profesión y un modo de vida, el de la alta joyería. Y con ese mundo, todo un emporio empresarial.

     

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