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Rosa Clará: "Mi boda ha sido preciosa"

Este domingo a mediodía, Rosa Clará y Josep Artigas seguían de celebración en el Gran Hotel La Florida, situado en la cumbre del Tibidabo, donde el

Este domingo a mediodía, Rosa Clará y Josep Artigas seguían de celebración en el Gran Hotel La Florida, situado en la cumbre del Tibidabo, donde el día anterior tuvo lugar el convite nupcial. Los recién casados habían organizado un ‘brunch’ para sus amigos y familiares.  Salvo los que tenían que viajar lejos, el resto continuaba con ganas de fiesta. “Soy muy feliz. Ha sido todo precioso y muy emotivo. Nunca imaginé que algo así pudiera pasarme a mí. Casarme otra vez a los cincuenta no entraba en mis planes y si además me hubiesen dicho que era con Josep me habría entrado la risa”, explicaba a Vanitatis  la recién casada añadiendo que “todo ha salido perfecto y la gente disfruto  que era lo que queríamos”.

Respecto a su vestido de novia, la opinión generalizada  fue de acierto: “Era difícil pero a la vez nada complicado porque sé perfectamente lo que me sienta bien y lo que no”.

La fiesta comenzó con un cóctel a base de las exquisiteces de Nandu Jubany, propietario de Can Jubany que tiene en su haber una estrella Michelin. La música de fondo la puso una orquesta cubana durante toda la noche. Después, la cena se sirvió en la terraza del Hotel con Barcelona a los pies y las estrellas y la luna como atrezzo natural.

De primero, se sirvió bullavesa y, a continuación, carne a la parilla. El postre y el colofón final supusieron una sorpresa que no imaginaban ni los novios ni los invitados, ya que la familia Freixa organizó una puesta en escena digna del Circo del Sol. Un grupo de artistas se encargaron de ambientar la terraza con el pastel nupcial como hilo conductor. Previamente, se habían repartido corazones que se volvieron fluorescentes cuando se apagaron las farolas llenando la terraza de doscientos puntos de luz. A continuación se soltaron globos de los que también pendían corazones iluminados. “Fue un momento mágico y una sorpresa increíble. Me emocioné mucho” contaba la empresaria.

A continuación sonó música disco, flamenco para la madrugada y, a la llegada del amanecer, la boda se fue 'apagando' con el mar de fondo y como elemento decorativo.

Una historia de amor de largo recorrido

Esta historia de amor se empezó a escribir hace treinta y cinco veranos, cuando dos familias con hijos decidieron elegir el municipio de Calella, en la Costa Brava, como lugar de vacaciones. Rosa y Josep formaban parte de la misma pandilla y compartían esos veraneos sin fin de tres meses. “Tengo unos recuerdos preciosos de aquellos años, donde el tiempo a esas edades era eterno”. Temporada tras temporada, lo mismo. La canción del Dúo Dinámico El final del verano cerraba septiembre. Un año, los jóvenes se ennoviaron, pero la historia no cuajó. Cada uno tiró por su lado. No volvieron a verse. Rosa organizó su proyecto de vida afectivo y profesional sin saber de Josep, que se casó, tuvo una hija, Carlota, y más tarde se divorció.

Para Rosa Clará casarse a los 50 años es una decisión “meditada, analizada en todas los aspectos y, por supuesto, madurada. Es lo bueno que tiene tener la edad que tengo, que no hay lugar para las improvisaciones .El destino jugo a nuestro favor”.  Montó su imperio y en uno de sus múltiples viajes coincidió con su novio de juventud en el aeropuerto de Barcelona. “Yo iba a lo mío, como siempre, y veo que me paran y me saludan. Era Josep”, recuerda. “Nos intercambiamos los teléfonos y hasta ahora. El destino jugó fuerte, porque ambos viajábamos mucho, pero nunca habíamos coincidido. Lo que nos ha pasado es precioso”, concluye la diseñadora.

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