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vuelven a encontrarse en 'dolor y gloria'

Por qué Almodóvar puso un Antonio Banderas en su vida (y lo sigue haciendo)

“Habla de la creación, tanto cinematográfica como teatral, y de la dificultad de separar la creación de la propia vida”, ha resaltado el propio cineasta a través de un comunicado sobre su nueva cinta

Foto: Pedro Almodóvar y Antonio Banderas en el Festival de Cannes de 2011. (Gtres)
Pedro Almodóvar y Antonio Banderas en el Festival de Cannes de 2011. (Gtres)

Ha sido la gran noticia del cine español esta semana. Pedro Almodóvar rodará su próxima película, 'Dolor y gloria', en la época del año que más le gusta para ponerse tras las cámaras: el verano. El vigésimo primer largometraje del manchego empezará a filmarse el próximo mes de julio y cuenta con tres de los actores más apreciados de la filmografía almodovariana: Antonio Banderas, Penélope Cruz y Julieta Serrano.

“Habla de la creación, tanto cinematográfica como teatral, y de la dificultad de separar la creación de la propia vida”, ha resaltado el propio cineasta a través de un comunicado. Pero, más allá de lo que acabe ocurriendo con esta especie de 'Ocho y medio' almodovariano (la película trata sobre un director de cine sin ideas y en decadencia), el resultado seguirá dependiendo, en gran medida, de Banderas, uno de sus grandes actores fetiche.

Este binomio profesional nació hace más de tres décadas en el teatro. Banderas era otro de los jovencitos que habían abandonado su Málaga natal para aventurarse en el efervescente Madrid de la Movida. Mientras actuaba en una obra, fue visto por Pedro y este fue al camerino para darle la enhorabuena. “Tienes una cara muy romántica. Deberías hacer cine algún día”, le dijo. El actor ni siquiera sabía quién le estaba hablando hasta que uno de sus compañeros se lo dijo. “Es Pedro Almodóvar, ha dirigido una película que se llama ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’ pero no va a hacer ninguna más”, le contó.

Consejos anti-Hollywood

Poca razón llevaban los más agoreros, ya que Almodóvar no tardó en ponerse tras las cámaras una vez más para rodar 'Laberinto de pasiones'. El personaje de Antonio, un amante ocasional del protagonista, un jovencísimo Imanol Arias, no pasaba de varias líneas de diálogo, pero fueron suficientes como para que repitiese con él en 'Matador' (1986) y poco después en 'La ley del deseo' (1987). Esta última supuso el primer personaje realmente grande del actor malagueño. Aunque poco tiempo después comenzaría su aventura hollywoodiense, Antonio siempre escuchó los consejos de su maestro al respecto. Cuando dijo 'sí' a su primera película norteamericana, 'Los reyes del mambo', la advertencia del manchego fue clara y rotunda. “Hollywood te romperá, perderás tu talento. No digas que no te lo advertí”.

Almodóvar y Banderas en una imagen de los 80. (Gtres)
Almodóvar y Banderas en una imagen de los 80. (Gtres)

Aunque desoyó los consejos de su 'creador', cual Frankenstein que se revela contra la persona que lo ha construido, Banderas siempre respetó cualquier palabra que le dijese Pedro. Incluso si no estaban trabajando. “Él me había creado. Yo era suyo en cierto modo. Vio mi partida como una traición. Ha necesitado tiempo para perdonarme”, declararía años más tarde al 'New Yorker'. Tanto se respetaban el uno al otro que, tras el bombazo internacional de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (1988), en donde el intérprete era una especie de reencarnación del Cary Grant de 'La fiera de mi niña', Banderas le acabó entregando el que quizá es el mejor trabajo de toda su carrera: el secuestrador de 'Átame'. La fragilidad de su personaje, una especie de perro asustado a punto de morder a la mínima señal, no se desvanecía ni siquiera con aquel final al ritmo del 'Resistiré' del Dúo Dinámico.

Antonio Banderas y Pedro Almodóvar en una imagen de archivo. (Gtres)
Antonio Banderas y Pedro Almodóvar en una imagen de archivo. (Gtres)

Para el director y el actor, los 90 fueron la década de su 'divorcio'. Antonio Banderas conquistaba a Melanie Griffith y a la meca del cine con películas comerciales al estilo de 'La máscara del Zorro'. Almodóvar daba continuidad a una filmografía que se oscurecía por momentos gracias a títulos como 'La flor de mi secreto'. Sin embargo, el divorcio solo era profesional. Al contrario que otros actores, Banderas nunca se enemistó con su mentor ni habló de la dureza extrema de sus rodajes. Lo que para otros era una tortura, para él era simplemente exigencia; el peaje que hay que pagar por trabajar al lado de un genio.

El reencuentro entre ambos llegó en 2011 con 'La piel que habito'. Banderas ya no era el joven con mirada transparente de antaño. Ahora, él mismo era un doctor Frankenstein que manejaba a su antojo a su criatura: una asustadiza Elena Anaya. El binomio volvió a resultar exitoso y es de esperar que lo vuelva a ser con este 'Dolor y gloria'. “Me empujó hacia un registro que no era el mío, me hizo superar mis limitaciones, explorar mi lado oscuro. Y he salido de ello como mejor actor. Encontré la misma excitación que en nuestros primeros filmes, el mismo deseo de Pedro de sorprender, de hacer lo mejor y de manera distinta. En resumen, envejece pero no cambia”, dijo Antonio Banderas en una entrevista. Y ese parece ser el secreto de ambos: envejecer juntos profesionalmente sin perder la frescura de aquellos días de los 80 en los que empezaban a hacer esas películas que no hemos olvidado.

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