La cultura del “si quieres, puedes” suena motivadora, pero a veces choca con algo más básico: no todo es cuestión de esfuerzo. El profesor Lixing Sun plantea que aceptar los propios límites puede convertirse en una ventaja real. “Conocer mi limitación biológica se convirtió en mi fortaleza”, escribe.
Sun, que publica esta reflexión en 'Psychology Today', defiende que los límites personales “son reales y, a menudo, biológicos”, y que el progreso suele llegar cuando trabajamos con las limitaciones en lugar de negarlas.
Sun cuenta que empezó a hablar inglés como segundo idioma a los 27 años y que durante años arrastró un acento marcado, hasta el punto de recibir comentarios de alumnos. En lugar de interpretarlo como un fallo moral (“no te esfuerzas lo suficiente”), lo encuadra en un fenómeno conocido: la impronta y las ventanas críticas de aprendizaje, que hacen que ciertos aspectos del lenguaje sean más maleables en la infancia que en la adultez.
Lo interesante es el giro: no abandona la mejora, pero cambia el enfoque. Mantiene el trabajo de pronunciación, sí, pero decide concentrarse en lo que la biología no controla tanto: elección de palabras, estructura de frases, ritmo y claridad. El resultado, sostiene, fue que dejaron de quejarse de su forma de hablar y su escritura en inglés mejoró hasta el punto de publicar libros.
Poner límites (Pexels)
Sun aterriza la propuesta en un principio de autocontrol: si la cabeza se obsesiona con lo imposible, la frustración se dispara; si se centra en lo modificable, aparece el progreso. Por eso insiste en que “la fuerza crece cuando te concentras en lo que puedes controlar” y que “la verdadera confianza es saber cuándo redirigir tu esfuerzo”.
El artículo también apunta a un problema frecuente en autoconocimiento: cuando no reconocemos nuestras carencias, tendemos a sobreestimarnos. Sun menciona el efecto Dunning-Kruger, descrito en psicología como la tendencia a creer que se sabe más (o se puede más) precisamente cuando se tiene menos competencia en un área.
En términos de pareja, trabajo o hábitos de salud, esto se traduce en decisiones rápidas y poco realistas; en cambio, quienes piensan con más cuidado pueden parecer inseguros cuando, en realidad, están haciendo algo tan valioso como calibrarse.
La cultura del “si quieres, puedes” suena motivadora, pero a veces choca con algo más básico: no todo es cuestión de esfuerzo. El profesor Lixing Sun plantea que aceptar los propios límites puede convertirse en una ventaja real. “Conocer mi limitación biológica se convirtió en mi fortaleza”, escribe.