Demis Hassabis es una de las figuras clave para entender el presente y el futuro de la inteligencia artificial aplicada a la ciencia. A sus 49 años, el CEO de Google DeepMind y premio Nobel de Química ha sido protagonista de uno de los mayores avances recientes en biología molecular gracias a AlphaFold, el sistema de IA capaz de predecir la estructura tridimensional de millones de proteínas. Un logro que ha transformado la investigación científica, pero que no le impide mirar con espíritu crítico el rumbo que está tomando esta tecnología.
Lejos del entusiasmo acrítico que suele rodear a la inteligencia artificial, Hassabis reconoce cierta decepción ante la velocidad con la que la IA ha salido del laboratorio para convertirse en un producto comercial. En una reciente intervención en Google DeepMind: The Podcast, el científico británico fue claro: “Si hubiera dependido de mí habríamos dejado la IA en el laboratorio más tiempo”. En su opinión, un enfoque más pausado habría permitido avanzar con mayor rigor científico y prestar más atención a los aspectos de seguridad antes de su despliegue masivo.
Demis Hassabis, premio Nobel en Química. (Reuters)
El investigador admite que la comercialización tiene beneficios evidentes, pero advierte de los riesgos de una carrera acelerada impulsada por intereses empresariales y geopolíticos. “Se ha creado una carrera frenética donde compañías y países compiten por superarse unos a otros, y eso hace difícil mantener el rigor científico”, explicó. Para Hassabis, ese contexto puede provocar errores evitables y decisiones precipitadas en una tecnología con un impacto potencial enorme sobre la sociedad.
Aun así, su hoja de ruta no ha cambiado. Hassabis insiste en que la razón fundamental por la que ha dedicado su carrera a la inteligencia artificial es acelerar los descubrimientos científicos y mejorar la salud humana. En el All-in Summit defendió que, si se construye correctamente, la Inteligencia Artificial General (IAG) podría convertirse en “la herramienta definitiva para la ciencia”. AlphaFold es solo el ejemplo más conocido de un trabajo que DeepMind ya aplica al diseño de nuevos materiales, al control de reactores de fusión, a la predicción meteorológica o a la resolución de problemas matemáticos de alto nivel. Pese a estos avances, el científico subraya que la IA actual tiene limitaciones importantes. Una de las principales es la falta de creatividad genuina. Según Hassabis, los sistemas actuales pueden resolver problemas o demostrar hipótesis planteadas, pero no generar ideas completamente nuevas. “La IA no es capaz de plantear nuevas conjeturas o teorías por sí misma, y eso es clave para hablar de una verdadera IAG”, afirma.
Google DeepMind CEO and 2024 Nobel prize winner in chemistry Demis Hassabis talks with Greek Prime Minister Kyriakos Mitsotakis (not pictured) during Athens Innovation Summit at Odeon of Herodes Atticus in Athens, Greece, September 12, 2025. REUTERS Louiza Vradi
Para ilustrarlo, recurre a AlphaGo, el programa que hace una década derrotó al campeón mundial del juego de Go e introdujo estrategias inéditas. Aunque supuso un hito, Hassabis plantea una pregunta más profunda: ¿podría una IA crear un juego tan elegante, complejo y estéticamente bello como el propio Go? Por ahora, la respuesta es negativa. Ese salto creativo, tan característico de los grandes científicos y artistas, sigue siendo terreno humano.
Otra carencia fundamental, según el Nobel, es la coherencia y la robustez del razonamiento. Un sistema de IAG debería rendir al nivel de un doctorado en todos los ámbitos, sin cometer errores básicos en cálculos simples, algo que todavía ocurre con los chatbots actuales. Además, Hassabis señala la falta de aprendizaje continuo: la capacidad de incorporar nuevos conocimientos en tiempo real y ajustar el comportamiento de forma estable sigue siendo un reto pendiente. Con todo, su visión a largo plazo es optimista. Hassabis estima que aún faltan uno o dos avances clave y sitúa la llegada de una verdadera IAG entre cinco y diez años vista. Si ese objetivo se alcanza en la próxima década, cree que marcará el inicio de una nueva era dorada de la ciencia, un renacimiento impulsado por la inteligencia artificial cuyos beneficios se extenderán desde la energía hasta la salud humana.
Demis Hassabis es una de las figuras clave para entender el presente y el futuro de la inteligencia artificial aplicada a la ciencia. A sus 49 años, el CEO de Google DeepMind y premio Nobel de Química ha sido protagonista de uno de los mayores avances recientes en biología molecular gracias a AlphaFold, el sistema de IA capaz de predecir la estructura tridimensional de millones de proteínas. Un logro que ha transformado la investigación científica, pero que no le impide mirar con espíritu crítico el rumbo que está tomando esta tecnología.