En un momento en el que la crítica rápida y la exposición constante en redes sociales forman parte de la vida cotidiana, cada vez resulta más difícil mantener una mirada equilibrada hacia los demás. Señalar errores ajenos parece sencillo; reconocer los propios, no tanto. Sin embargo, la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos continúa siendo una de las bases del bienestar personal y social.
A Tales de Mileto, considerado uno de los Siete Sabios de Grecia, se le atribuye una máxima que conserva plena vigencia: "Evita hacer aquello que reprochas a los demás". Esta idea resume un principio ético fundamental: no exigir a otros comportamientos que uno mismo no practica. Más que una norma moral rígida, propone un ejercicio de honestidad y responsabilidad individual.
Reflexionar sobre nuestras acciones favorece el autoconocimiento y el equilibrio personal. (Freepik)
La psicología moderna respalda esta reflexión. Diversos estudios sobre comportamiento humano señalan que tendemos a juzgar con mayor severidad los errores ajenos mientras justificamos los propios. Este fenómeno, conocido como sesgo de autoservicio, protege nuestra autoestima, pero también puede dificultar la autocrítica y el aprendizaje personal.
Practicar la coherencia implica revisar nuestras propias conductas antes de señalar las de otros. Escuchar más, reaccionar con menos impulso y actuar con mayor empatía favorece relaciones más sanas y entornos más respetuosos. No se trata de aspirar a la perfección, sino de cultivar una actitud consciente que reduzca la distancia entre nuestros valores y nuestras acciones.
La empatía y el respeto fortalecen la convivencia cotidiana. (Freepik)
En la convivencia diaria, esta filosofía se traduce en gestos sencillos: respetar las normas que exigimos, practicar la paciencia que reclamamos o mostrar la empatía que esperamos recibir. La coherencia no solo fortalece la confianza con los demás, sino que también refuerza la autoestima y el equilibrio emocional.
Más de dos mil años después, la enseñanza atribuida a Tales sigue funcionando como un recordatorio práctico: antes de reprochar, conviene mirarse a uno mismo. En ese ejercicio de honestidad comienza una convivencia más justa y una vida más consciente.
En un momento en el que la crítica rápida y la exposición constante en redes sociales forman parte de la vida cotidiana, cada vez resulta más difícil mantener una mirada equilibrada hacia los demás. Señalar errores ajenos parece sencillo; reconocer los propios, no tanto. Sin embargo, la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos continúa siendo una de las bases del bienestar personal y social.