Adrián Conde, veterinario: "Si al adoptar te parece 'mucho dinero', el problema no es la protectora. Cuando pagas una adopción no estás comprando un animal"
El veterinario explica que ese importe no es un precio, sino una forma de cubrir vacunas, microchip o esterilización y, sobre todo, de sostener el rescate de más animales
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Adrián Conde, veterinario y divulgador en redes, ha puesto el foco en una discusión que se repite cada vez que una familia inicia un proceso de adopción: la “tasa” que piden muchas protectoras. Su mensaje, lanzado a través de un vídeo viral, es claro: ese pago no convierte la adopción en una transacción comercial, sino que suele servir para cubrir la atención sanitaria previa del animal y evitar que las entidades de rescate trabajen con pérdidas permanentes.
La idea desmonta un malentendido habitual. La tasa de adopción, recuerdan plataformas y asociaciones vinculadas al bienestar animal, se destina a gastos básicos ya realizados (identificación, vacunas, desparasitación, esterilización, revisiones…) y a sostener un sistema que, en gran medida, depende de donativos y aportaciones particulares.
Tener un animal no va de quererlo mucho, va de poder cuidarlo bien
El punto más incómodo del argumento de Conde aparece cuando mira al futuro: si una familia considera excesivo el importe de una adopción, probablemente no está preparada para afrontar lo imprevisible. Urgencias, enfermedades, pruebas diagnósticas o tratamientos crónicos son escenarios frecuentes a lo largo de la vida del animal y pueden suponer un gasto considerable. Su advertencia no va tanto de “querer” como de poder cuidar bien, con bienestar y salud por delante.
El debate sobre el coste se cruza con otra realidad menos comentada: la adopción no es un gesto informal. La Ley 7/2023 establece que la entrega en adopción debe formalizarse mediante un contrato y realizarse a través de centros públicos de protección animal o entidades registradas, reforzando la idea de que se trata de un proceso con obligaciones y garantías.
Para muchas entidades, cobrar una tasa no es una estrategia de “venta”, sino una forma de supervivencia. Varias organizaciones llevan años advirtiendo de la fragilidad financiera del sistema de rescate: pocas subvenciones, costes veterinarios constantes y entradas continuas de animales abandonados. En ese contexto, la aportación de quien adopta ayuda a que la protectora pueda seguir atendiendo a los que todavía no han encontrado hogar.
El mensaje de Conde, en el fondo, funciona como un recordatorio práctico: adoptar empieza con un compromiso emocional, sí, pero se sostiene con responsabilidad y recursos. Quien adopta no “paga por un animal”; contribuye a que ese animal llegue a casa con un mínimo de salud garantizada y a que el siguiente también tenga una oportunidad.
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