Eli Jiménez, experta en limpieza: "Si queréis que los cubiertos os brillen más, meted una pelotita de papel de aluminio entre ellos"
Lo que suele ayudar es ajustar pequeños hábitos: cómo colocas la carga, qué haces con la suciedad más rebelde o qué recurso tienes a mano si te falta algún producto
Los trucos de lavavajilla de una experta (@huele.a.limpio)
El lavavajillas hace gran parte del trabajo duro en casa, pero cuando los cubiertos salen apagados, con marcas de agua o con ese tono “grisáceo” que no debería estar ahí, la sensación es que algo falla. Eli Jiménez, experta en limpieza, ha compartido varios gestos sencillos para afinar resultados sin convertir cada lavado en un máster de mantenimiento. Su consejo más llamativo: “Si queréis que los cubiertos os brillen más, meted una pelotita de papel de aluminio entre ellos”.
La idea, tal y como la plantea, es tan simple como práctica: haces una bolita con papel de aluminio (sin apretarla como una piedra) y la dejas en el cestillo de los cubiertos. Según explica, este pequeño “extra” ayuda a que tanto cubiertos como vajilla “brillen más” tras el ciclo. No es magia, y no sustituye a un buen detergente o a una carga bien colocada, pero sí puede ser ese empujón que notas cuando te gusta que la cubertería quede realmente impecable.
Jiménez también recuerda algo que muchas veces se hace por inercia y no siempre funciona: colocar los cubiertos de cualquier manera. Para que se limpien mejor, recomienda alternarlos en el cesto: “unos para arriba y otros para abajo”, de modo que el agua y el detergente lleguen bien a todas las zonas. Además de mejorar el lavado, evita que las piezas queden demasiado encajadas entre sí, algo que suele ser el origen de restos que luego obligan a “repasar” a mano.
Otro de sus trucos apunta a los días en los que la logística se complica: si te falta abrillantador, puedes salir del paso con “vinagre de limpieza”, pero con un matiz importante: “no habitualmente”. Es decir, como sustituto puntual para que el ciclo no se te quede cojo, pero sin convertirlo en costumbre. En casa, esta idea suele funcionar mejor si la aplicas con moderación y observas cómo responde tu máquina, porque no todos los lavavajillas son iguales ni todas las aguas tienen la misma dureza.
Cuando hay platos, vasos o utensilios especialmente sucios, la experta propone un gesto previo que ahorra fricción mental (y a veces, tiempo real): pulverizar un poco de quitagrasa antes de ponerlos. El objetivo no es “bañarlo todo en producto”, sino facilitarle el trabajo a la máquina cuando el lavado viene con extra de grasa o restos pegados. En clave bienestar doméstico, esto tiene sentido: menos prelavado, menos frote, menos sensación de estar siempre “arrancando” tareas.
Con estos trucos mantendrás limpio tu lavavajillas. (Pexels / cottonbro studio)
Y, para quienes se desesperan con la vajilla húmeda al terminar el programa, Jiménez comparte el truco final: meter un paño cuando acabe el ciclo, cerrar un rato y dejar que absorba la humedad. Dicho de forma sencilla, es una forma de mejorar el secado sin esperar eternamente con la puerta entreabierta ni llenar la encimera de platos “a medio camino”.
El lavavajillas hace gran parte del trabajo duro en casa, pero cuando los cubiertos salen apagados, con marcas de agua o con ese tono “grisáceo” que no debería estar ahí, la sensación es que algo falla. Eli Jiménez, experta en limpieza, ha compartido varios gestos sencillos para afinar resultados sin convertir cada lavado en un máster de mantenimiento. Su consejo más llamativo: “Si queréis que los cubiertos os brillen más, meted una pelotita de papel de aluminio entre ellos”.