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Silvia Severino, psicóloga: "Esta es la razón por la que tu corazón se altera cuando ves a tu ex o piensas en verla"
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Silvia Severino, psicóloga: "Esta es la razón por la que tu corazón se altera cuando ves a tu ex o piensas en verla"

La psicóloga explica que esa reacción no es debilidad ni retroceso: es tu sistema nervioso activándose ante una contradicción, porque esa persona fue a la vez refugio y herida

Foto: Silvia Severino en su vídeo de TikTok (@silviaseverinopsico)
Silvia Severino en su vídeo de TikTok (@silviaseverinopsico)

Vas por la calle y, de repente, lo ves. O te llega un mensaje, alguien lo menciona, aparece en redes y tu cuerpo se adelanta a tu cabeza: palpitaciones, nervios, un vuelco en el estómago, incluso una sensación de confusión difícil de explicar. Si te ocurre, no significa que estés “fatal” ni que hayas tirado por la borda todo lo avanzado. Para la psicóloga Silvia Severino, la clave está en entender que no es un capricho emocional: es una reacción del sistema nervioso.

Lo que sucede, explica, es que tu organismo responde a una contradicción que tu historia con esa persona dejó marcada: tu ex pudo ser “tu lugar seguro y tu lugar de dolor” al mismo tiempo. Y cuando el cerebro detecta algo que fue amor, pero también amenaza, activa la alerta. De ahí que aparezcan “palpitaciones, ansiedad o confusión”, porque tu cuerpo se prepara para lo que no sabe si viene: un reencuentro cálido… o un golpe emocional.

La explicación de Severino tiene un punto muy tranquilizador: lo que notas no es una “señal” de que debas volver ni una prueba de que no has superado la ruptura. Es tu cuerpo intentando protegerte. “Tu cuerpo no sabe si acercarse o alejarse”, resume la psicóloga.

Cuando una experiencia está asociada a placer y a dolor a la vez, el sistema nervioso puede quedarse en ese modo de ambivalencia: deseo de contacto, miedo al impacto, ganas de hablar, ganas de desaparecer.

En el fondo, sostiene, estás tratando de encajar dos relatos que conviven dentro de ti: lo que amaste y lo que te hirió. “Estás intentando integrar dos versiones de la misma historia”. Por eso, a veces, basta con imaginar el encuentro para que el corazón se acelere: el cerebro no necesita que ocurra para activar la respuesta, le basta con anticiparla.

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Severino propone un enfoque práctico: no se trata de luchar contra la reacción, sino de no dejar que te arrastre. “La clave no es evitar la reacción, es entenderla”. A partir de ahí, sugiere tres movimientos sencillos:

  • Antes: respira y baja el volumen corporal. Un par de respiraciones lentas te ayudan a llegar con más margen. “Respira antes de verla”, aconseja.
  • Durante: normaliza lo que pasa. Si notas el pulso disparado, no lo conviertas en drama: es una respuesta automática, no un veredicto sobre tu vida.
  • Después: pon un recordatorio claro sobre la mesa. “Sentir no significa volver”, insiste. Puedes sentir cosas y, a la vez, elegirte.
placeholder En el fondo, sostiene, estás tratando de encajar dos relatos que conviven dentro de ti: lo que amaste y lo que te hirió (Pexels)
En el fondo, sostiene, estás tratando de encajar dos relatos que conviven dentro de ti: lo que amaste y lo que te hirió (Pexels)

Sanar no es no reaccionar, es que la reacción ya no decida por ti”, explica. Porque superar una relación no siempre significa dejar de sentir, sino recuperar el mando. Que el cuerpo se active puede ser parte del proceso; lo importante es que no sea el piloto automático quien elija por ti qué haces con eso.

A veces el corazón tarda un poco más que la cabeza en entender que una etapa terminó. Y aun así, cada vez que lo atraviesas con calma, sin confundirte, estás reescribiendo el final desde un lugar más sano.

Vas por la calle y, de repente, lo ves. O te llega un mensaje, alguien lo menciona, aparece en redes y tu cuerpo se adelanta a tu cabeza: palpitaciones, nervios, un vuelco en el estómago, incluso una sensación de confusión difícil de explicar. Si te ocurre, no significa que estés “fatal” ni que hayas tirado por la borda todo lo avanzado. Para la psicóloga Silvia Severino, la clave está en entender que no es un capricho emocional: es una reacción del sistema nervioso.

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