Silvia Severino, psicóloga: "El problema no es que tu hijo no escucha, sino que tu no le estás hablando como él necesita"
La psicóloga pone el foco en el agotamiento emocional de padres y madres como uno de los factores clave en los conflictos cotidianos con sus hijos, y plantea un cambio de perspectiva
Silvia Severino, psicóloga, sobre la influencia del apego en nuestras relaciones. (TikTok/@silviaseverinopsico)
Hablar a un hijo desde el cansancio no es lo mismo que hablarle desde la calma. Sobre esa diferencia, pequeña en apariencia pero enorme en sus efectos, gira la reflexión que ha compartido la psicóloga Silvia Severino en un vídeo que pone el foco en una realidad muy extendida: la dificultad de sostener una crianza serena cuando los adultos llegan al límite.
Su planteamiento parte de una escena cotidiana. Después de una jornada marcada por el trabajo, la casa y las obligaciones, muchos padres y madres encadenan avisos, repiten órdenes y terminan exigiendo respuestas inmediatas a sus hijos. No siempre por falta de paciencia, sino por puro agotamiento. “Llevas todo el día con el trabajo, la casa y mil cosas”, apunta la especialista, al describir ese momento en el que la energía ya no da para más.
A partir de ahí, Severino lanza una idea que invierte el enfoque habitual. “El problema no es que tu hijo no escucha, sino que tú no le estás hablando como él necesita”, afirma. Con esa frase, la psicóloga no pone el peso sobre la culpa de los padres, sino sobre una evidencia que, según explica, se repite con frecuencia en consulta: madres y padres que se esfuerzan muchísimo por hacerlo bien, pero que viven tan exigidos que acaban sin la calma necesaria para acompañar.
Ese matiz es el núcleo de su mensaje. La especialista recuerda que la regulación emocional no puede reclamarse a un niño como si surgiera de la nada. “La calma no se le puede pedir a un hijo, la calma la debes traer tú”, sostiene. La idea, expresada con un lenguaje sencillo, apunta a una cuestión de fondo: la forma en que el adulto llega al encuentro con el menor condiciona también la respuesta del niño.
Cuando el adulto está desbordado, cambia el tono, cambia la mirada y cambia la manera de relacionarse. Y cuando logra sostenerse mejor, dice Severino, también se transforma la comunicación. “Cuando tú estás bien, todo cambia. Tu voz cambia, tu mirada cambia y tu hijo te escucha”, señala la psicóloga, vinculando el bienestar emocional de los padres con la calidad del vínculo familiar.
El mensaje conecta con una conversación cada vez más presente en torno a la salud mental, la conciliación y el desgaste de la crianza. Porque detrás de muchas escenas de tensión doméstica no hay desinterés ni falta de implicación, sino adultos sobrecargados, con poco espacio para recomponerse antes de seguir cuidando.
Cómo transmitir calma a tu hijo (Pexles/Julia M Cameron)
La reflexión de la psicóloga resulta especialmente significativa porque desplaza el debate de la obediencia infantil al estado interno del adulto. En ese cambio de perspectiva, aparece una verdad incómoda pero liberadora para muchas familias: a veces, lo que necesita mejorar no es la conducta del menor, sino el sostén emocional de quien le educa.
Hablar a un hijo desde el cansancio no es lo mismo que hablarle desde la calma. Sobre esa diferencia, pequeña en apariencia pero enorme en sus efectos, gira la reflexión que ha compartido la psicóloga Silvia Severino en un vídeo que pone el foco en una realidad muy extendida: la dificultad de sostener una crianza serena cuando los adultos llegan al límite.