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Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Una sociedad adicta al placer se convierte en una sociedad intolerante al dolor"
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Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Una sociedad adicta al placer se convierte en una sociedad intolerante al dolor"

La psiquiatra advierte de que esta búsqueda incesante del placer puede tener un efecto inesperado: hacernos cada vez menos capaces de tolerar el esfuerzo, la frustración y el malestar cotidiano

Foto: Marian Rojas Estapé (EFE)
Marian Rojas Estapé (EFE)

Buscar momentos agradables forma parte de la naturaleza humana. Disfrutar de una buena conversación, de una comida especial o de un rato de descanso es completamente normal. El problema, según explica la psiquiatra Marian Rojas Estapé, aparece cuando esa búsqueda de placer se convierte en una necesidad constante y el cerebro deja de encontrar satisfacción en las cosas sencillas.

Durante una de sus intervenciones, la especialista resume esta idea con una frase contundente: “Una sociedad adicta al placer se convierte en una sociedad intolerante al dolor”. Con ello no se refiere únicamente al dolor físico, sino también a todo aquello que implica esfuerzo, disciplina, paciencia o capacidad para afrontar la frustración.

placeholder Rojas Estapé explica que el cerebro funciona buscando el equilibrio (Cortesía)
Rojas Estapé explica que el cerebro funciona buscando el equilibrio (Cortesía)

Rojas Estapé explica que el cerebro funciona buscando el equilibrio. Utiliza la imagen de una cuerda para ilustrarlo: cuando acumulamos experiencias muy placenteras de forma continuada, el organismo activa mecanismos que compensan ese exceso. Es decir, a mayor búsqueda constante de placer, mayor sensación de malestar cuando desaparece ese estímulo.

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La psiquiatra también hace referencia al papel de la dopamina, uno de los neurotransmisores relacionados con la motivación y la recompensa. Según explica, cuando el cerebro recibe estímulos placenteros de manera repetida, los receptores pueden volverse menos sensibles, lo que obliga a buscar dosis cada vez mayores para experimentar la misma sensación de satisfacción.

Esta adaptación tiene consecuencias en la vida cotidiana. Actividades que requieren constancia, como estudiar, hacer ejercicio, trabajar en un proyecto o mantener ciertos hábitos saludables, pueden percibirse como mucho más difíciles. El esfuerzo empieza a vivirse como una molestia que queremos evitar, mientras que la gratificación inmediata gana protagonismo.

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Para Rojas Estapé, el riesgo de este cambio es que acabemos rechazando todo aquello que exige paciencia o compromiso. Sin embargo, recuerda que muchas de las mayores fuentes de bienestar no llegan de forma instantánea, sino después de un proceso de aprendizaje, disciplina y perseverancia. Aprender a convivir con pequeñas dosis de incomodidad forma parte, precisamente, del camino hacia una satisfacción más duradera.

Buscar momentos agradables forma parte de la naturaleza humana. Disfrutar de una buena conversación, de una comida especial o de un rato de descanso es completamente normal. El problema, según explica la psiquiatra Marian Rojas Estapé, aparece cuando esa búsqueda de placer se convierte en una necesidad constante y el cerebro deja de encontrar satisfacción en las cosas sencillas.

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