Los expertos coinciden: ducharse con agua fría no quita el calor para dormir, es mejor una ducha templada 90 minutos antes
Los especialistas aseguran que uno de los hábitos más extendidos durante las noches de verano podría no ser tan eficaz como se cree y proponen una alternativa respaldada por la evidencia científica
Cuando llega una noche sofocante, la reacción más lógica parece meterse bajo una ducha fría justo antes de dormir. Refresca al momento, alivia la sensación de calor y da la impresión de que el cuerpo está listo para descansar. Pero los expertos advierten de que ese efecto puede durar poco.
El sueño no depende solo de tener la piel fresca, sino de que el cuerpo consiga bajar su temperatura interna. Y ahí es donde una ducha demasiado fría puede no ayudar tanto como pensamos. Al contacto con el agua fría, los vasos sanguíneos de la piel se estrechan para conservar el calor, un mecanismo natural que puede dificultar que el cuerpo libere temperatura antes de acostarse.
Por eso, la recomendación más eficaz no pasa por una ducha helada, sino por una ducha templada o ligeramente caliente unos 90 minutos antes de irse a la cama. Aunque parezca contradictorio, el agua templada favorece la circulación hacia la superficie de la piel y, después, permite que el organismo pierda calor de forma progresiva.
Ese margen de hora y media es importante. Si la ducha se toma justo antes de dormir, el cuerpo quizá no tenga tiempo suficiente para enfriarse. En cambio, si se hace con antelación, puede acompañar mejor el descenso natural de temperatura que el organismo necesita para entrar en modo descanso.
La evidencia científica también apunta en esa dirección. Una revisión publicada en Sleep Medicine Reviews relacionó los baños o duchas calientes, entre una y dos horas antes de acostarse, con una mejor calidad del sueño y con menos tiempo para quedarse dormido.
Esto no significa que la ducha fría sea perjudicial. Puede resultar agradable tras un día de mucho calor o después de hacer ejercicio, pero no siempre es la mejor estrategia si el objetivo es dormir mejor. En algunas personas, además, el agua muy fría puede resultar estimulante y activar justo cuando el cuerpo necesita relajarse.
La pauta más sencilla es optar por una ducha templada, de unos diez minutos, aproximadamente hora y media antes de acostarse. Después, conviene bajar luces, evitar pantallas, ventilar la habitación y dejar que el cuerpo se enfríe poco a poco.
Cuando llega una noche sofocante, la reacción más lógica parece meterse bajo una ducha fría justo antes de dormir. Refresca al momento, alivia la sensación de calor y da la impresión de que el cuerpo está listo para descansar. Pero los expertos advierten de que ese efecto puede durar poco.