Virginia Frutos, psicóloga, experta en sistemas familiares: "Algunos padres les salió mejor ser abuelos. Y eso como hijos nos duele"
La especialista explica que ver a los padres ofrecer a sus nietos el cariño que no pudieron dar a sus hijos puede reabrir heridas, pero también ayudar a resignificar los vínculos familiares
Jugar con los nietos, el mejor ejercicio para los abuelos. (iStock)
Virginia Frutos reflexiona sobre el dolor que pueden sentir algunos adultos al comprobar que sus padres ejercen mejor como abuelos. La psicóloga experta en sistemas familiares señala que resulta difícil observar cómo los nietos reciben una versión más cariñosa, paciente y cercana de quienes, durante la infancia de sus propios hijos, no pudieron comportarse de esa manera.
Según la especialista, esta diferencia no significa necesariamente que los padres quisieran menos a sus hijos. En muchos casos, explica, simplemente no contaban entonces con los recursos emocionales, la experiencia o las herramientas que han adquirido con el paso del tiempo y que ahora les permiten relacionarse de otra forma con sus nietos.
Sin embargo, comprobar ese cambio puede despertar una pregunta dolorosa: por qué ese afecto, esa atención o esa disponibilidad no llegaron antes. Para Frutos, una parte de la persona adulta continúa conectada con aquel niño que habría necesitado recibir exactamente el mismo amor que ahora observa en la relación entre sus padres y sus propios hijos.
Hay padres que no tuvieron las herramientas emocionales cuando criaban a sus hijos. Crecieron en contextos más duros, con menos conciencia sobre el afecto, la comunicación o la salud emocional. Y entonces llegan los nietos, con ellos aparece una segunda oportunidad: más libre de presión, de responsabilidades, de exigencias. Ya no están formando desde cero, ahora pueden disfrutar, escuchar, abrazar, incluso reparar un poco. Pero para quien fue hijo, esto puede doler. Confunde ver esa versión amorosa que no te tocó. Y es completamente válido sentir ambas cosas: ternura por lo que hoy sí pueden dar y tristeza por lo que faltó antes. Una forma de mirarlo sin romantizar ni endurecerse es esta: "No me dieron todo lo que necesitaba, pero hoy están ofreciendo a mis hijos lo mejor de lo que han aprendido" Y eso no exige perdonar de inmediato, ni olvidar. Solo abre la posibilidad de entender tu propia historia. Si te pasó algo parecido, te leo en comentarios. Te abrazo 🌷
A pesar de ese malestar, la psicóloga destaca que también puede producirse un proceso muy poderoso. Cuando una persona ve a sus hijos recibir ese amor, algo dentro de ella también puede recibirlo. De este modo, el vínculo familiar comienza a adquirir un significado diferente, aunque el cariño llegue tarde o lo haga a través de otro camino.
Frutos aclara que nadie está obligado a perdonar ni a olvidar lo que le dolió durante la infancia. Cada persona puede decidir cómo relacionarse con su historia y qué límites necesita establecer. No obstante, también recuerda que las personas cambian constantemente: cambian los hijos, cambian los padres y cambian las circunstancias familiares.
Por ello, la especialista invita a observar estas transformaciones desde el lugar que cada persona considere más saludable. Ver a unos padres convertidos en abuelos atentos puede generar tristeza por lo que no se recibió, pero también puede ofrecer una oportunidad para reparar, resignificar los vínculos y reconocer que el afecto, aunque llegue de una forma distinta, también puede resultar valioso.
Virginia Frutos reflexiona sobre el dolor que pueden sentir algunos adultos al comprobar que sus padres ejercen mejor como abuelos. La psicóloga experta en sistemas familiares señala que resulta difícil observar cómo los nietos reciben una versión más cariñosa, paciente y cercana de quienes, durante la infancia de sus propios hijos, no pudieron comportarse de esa manera.