Teruel ha convivido durante años con la fama de ser una provincia poco transitada. Sin embargo, en su extremo nororiental se esconde un paisaje que sorprende a quienes lo descubren por primera vez. La comarca del Matarraña reúne colinas cubiertas de olivos, pueblos levantados en piedra y un patrimonio histórico que invita a recorrer cada rincón sin prisas. Aunque muchos la comparan con la Toscana por la armonía de sus paisajes, este territorio posee una personalidad propia que no necesita parecerse a ningún otro lugar.
Muy cerca aparece Calaceite, una localidad de marcado carácter señorial, con calles repletas de casonas históricas, soportales y una plaza presidida por un ayuntamiento renacentista. Completa este recorrido La Fresneda, donde la calle Mayor porticada, las ruinas del antiguo castillo calatravo y la arquitectura tradicional convierten cada paseo en un viaje al pasado. Este triángulo concentra buena parte del patrimonio de la comarca, aunque municipios como Cretas, Ráfales, Monroyo o Fuentespalda mantienen el mismo cuidado por su legado arquitectónico.
La Toscana italiana, de sol y paisajes reconocidos e incluso inmortalizados en la gran pantalla; pero mucho más cerca, en el sur de Teruel, hay un paraíso natural similar que espera al turista en busca de lo auténtico: El Matarraña (EFE/Lucía Ruiz Simón)
La naturaleza encuentra uno de sus máximos exponentes en Beceite, punto de partida de la conocida ruta del Parrizal. El recorrido sigue el curso alto del río Matarraña entre pasarelas de madera, pozas de agua turquesa y un desfiladero donde las paredes rocosas alcanzan más de sesenta metros de altura. Según la información proporcionada, el acceso está regulado mediante reserva previa para proteger el entorno y evitar la masificación.
Otro de los lugares destacados es El Salt, una cascada situada en el término municipal de La Portellada, donde el río Tastavins ha excavado una poza natural rodeada por un anfiteatro de piedra. La experiencia se completa con el paisaje agrícola que caracteriza al Matarraña, dominado por el olivo empeltre y sus ejemplares centenarios. Este aceite, elaborado en cooperativas de la comarca, se convierte en uno de los productos más representativos del territorio. A ello se suma una cocina de proximidad que, según la información facilitada, puede disfrutarse en establecimientos como La Fábrica de Solfa, en Beceite, o la Fonda Alcalá, en Calaceite, donde el ternasco y los productos locales son protagonistas.
Teruel ha convivido durante años con la fama de ser una provincia poco transitada. Sin embargo, en su extremo nororiental se esconde un paisaje que sorprende a quienes lo descubren por primera vez. La comarca del Matarraña reúne colinas cubiertas de olivos, pueblos levantados en piedra y un patrimonio histórico que invita a recorrer cada rincón sin prisas. Aunque muchos la comparan con la Toscana por la armonía de sus paisajes, este territorio posee una personalidad propia que no necesita parecerse a ningún otro lugar.