Sacar una botella de la nevera y añadirle varios hielos parece una respuesta lógica a una tarde de agosto. Cuanto más fría esté el agua, más refrescante resulta al beberla, pero Xabier Ramírez de la Piscina, dietista y bioquímico de Fit Generation, plantea algunos matices sobre esta costumbre.
"El agua muy fría no es la opción más eficaz, aunque lo parezca", señala el especialista. Su recomendación para los días de mucho calor es bastante concreta: beberla fresca, pero sin necesidad de llevarla a temperaturas cercanas a la congelación.
Beber abundante agua para mantenernos hidratados. (iStock)
Ramírez de la Piscina sitúa aproximadamente entre 10 y 15 ºCuna temperatura agradable para beber durante el verano. Frente al agua helada, sostiene que esta opción facilita una ingesta cómoda y eficaz, especialmente cuando hay que reponer líquido durante el ejercicio o después de haber sudado.
Eso no significa que haya que rechazar un vaso con hielo. El propio especialista aclara que beber agua fría de manera puntual no resulta perjudicial y reconoce que la sensación refrescante que proporciona puede resultar muy agradable.
De hecho, en la hidratación también importa algo bastante práctico: beber suficiente. Si una persona prefiere el agua fría y eso hace que beba con mayor regularidad, la temperatura pasa a un segundo plano frente a mantener una ingesta adecuada.
El color de la orina puede dar una pista
Más útil que obsesionarse con los grados del agua es prestar atención a algunas señales del organismo. Ramírez de la Piscina propone fijarse especialmente en el color de la orina. Un amarillo pálido suele ser compatible con una hidratación adecuada, mientras que un tono progresivamente más oscuro puede indicar que hace falta beber. Una orina completamente transparente de manera continua tampoco tiene por qué ser el objetivo, ya que puede aparecer cuando la ingesta de líquidos es muy elevada.
La sed también cuenta, pero el experto recuerda que puede aparecer cuando ya existe cierta necesidad de reponer líquidos y que su percepción puede disminuir con la edad. Sequedad de boca, mareos o una reducción notable de la orina son otras señales que merecen atención.
"El agua es, sin discusión, la bebida más eficaz para refrescar e hidratar el organismo", defiende Ramírez de la Piscina. No aporta alcohol ni azúcares y permite reponer directamente parte del líquido perdido con el sudor.
La OMS aconseja beber alrededor de 2 litros de agua al día. (Freepik)
Así, la botella no necesita estar cubierta de hielo para cumplir su función. Agua fresca, accesible y bebida regularmente resulta una estrategia mucho más sencilla para atravesar una jornada calurosa que perseguir la temperatura más baja posible.
Sacar una botella de la nevera y añadirle varios hielos parece una respuesta lógica a una tarde de agosto. Cuanto más fría esté el agua, más refrescante resulta al beberla, pero Xabier Ramírez de la Piscina, dietista y bioquímico de Fit Generation, plantea algunos matices sobre esta costumbre.