Elizabeth Clapés, psicóloga: "Pensamos que hay un método infalible para acompañar tras un trauma, pero realmente no existe ningún protocolo de actuación"
Estar cerca de alguien que ha atravesado una experiencia traumática puede generar dudas y miedo a equivocarse. La psicóloga recuerda que el papel de familiares y amigos no consiste en convertirse en terapeutas, sino en ofrecer un vínculo estable, resp
Ayudar a una persona que ha vivido una situación profundamente dolorosa no siempre resulta sencillo. Qué decir, cuándo preguntar o hasta dónde intervenir son dudas habituales entre quienes quieren acompañar sin aumentar el sufrimiento. Esa incertidumbre puede llevar a buscar libros, fórmulas o instrucciones que prometen enseñar cuál es la reacción adecuada.
Elizabeth Clapés cuestiona precisamente esa necesidad de encontrar una respuesta perfecta. La psicóloga sostiene que no existe una receta universal para acompañar emocionalmente a una persona después de una experiencia traumática, porque cada individuo puede reaccionar y necesitar cosas diferentes.
¿Existe una manera correcta de acompañar un trauma?
“Pensamos que hay un método infalible de acompañar a alguien”, explica Clapés. Según relata, incluso es habitual que le pregunten qué libro recomienda para saber cómo actuar ante una persona que ha atravesado determinadas circunstancias. Su respuesta pone el foco en una distinción importante: un familiar, una pareja o un amigo no tiene que desempeñar el papel de un profesional de la salud mental.
Eso tampoco significa que su presencia sea irrelevante. Clapés defiende precisamente lo contrario y concede un enorme valor a la seguridad que pueden proporcionar las relaciones cercanas: “No hay nada que repare más a otra persona que un vínculo sano, seguro y predecible”.
Sentirse seguro también importa después de una experiencia traumática
La idea de seguridad resulta especialmente relevante cuando se habla de trauma. Después de determinadas experiencias, algunas personas pueden presentar hipervigilancia, problemas de sueño, evitación, recuerdos intrusivos o dificultades para relacionarse. No todas desarrollarán los mismos síntomas ni necesitarán el mismo tipo de ayuda, una de las razones por las que resulta difícil convertir el acompañamiento cotidiano en un protocolo cerrado.
Un vínculo predecible puede aportar un contexto en el que la persona sabe qué puede esperar del otro: ser escuchada sin presiones, encontrar respeto hacia sus límites y disponer de compañía sin verse obligada a explicar constantemente lo ocurrido. A veces acompañar implica conversar; otras, aceptar que la persona no quiere hacerlo.
Clapés utiliza una frase especialmente contundente durante su reflexión: “No hay terapia que sane más que el amor”. La expresión debe entenderse dentro del mensaje que desarrolla sobre la importancia del afecto y los vínculos, y no como una equivalencia clínica. El cariño de familiares y amigos puede constituir un apoyo valioso, pero no reemplaza el tratamiento psicológico o psiquiátrico cuando este es necesario.
La calidad de las relaciones personales, y no la cantidad, centra una de las reflexiones compartidas por Isabel Fernández sobre el comportamiento humano (Pexels)
También conviene introducir otro matiz. La psicóloga relaciona durante su intervención muchas heridas emocionales con experiencias provocadas por otras personas, como la falta de cuidado, cariño o atención. Sin embargo, los acontecimientos potencialmente traumáticos son muy diversos y también pueden incluir accidentes, catástrofes, enfermedades graves, pérdidas repentinas o situaciones en las que no existe una intención de hacer daño.
Uno de los puntos más útiles de su reflexión está precisamente en retirar esa presión a familiares y amigos. No disponer de las palabras exactas no equivale necesariamente a estar acompañando mal. Escuchar, respetar los tiempos de la otra persona, evitar juzgar sus reacciones y mantener una presencia coherente puede resultar más útil que intentar encontrar constantemente una solución.
Ayudar a una persona que ha vivido una situación profundamente dolorosa no siempre resulta sencillo. Qué decir, cuándo preguntar o hasta dónde intervenir son dudas habituales entre quienes quieren acompañar sin aumentar el sufrimiento. Esa incertidumbre puede llevar a buscar libros, fórmulas o instrucciones que prometen enseñar cuál es la reacción adecuada.