Paco Arango y sus sueños cumplidos: la casa Aladina, un libro y una boda a la vista
El fundador de Aladina comparte su vínculo espiritual con los niños a los que acompaña y cómo la fe y el humor le han ayudado a transformar el dolor en proyectos reales
Hace veinte años Paco Arango creó la fundación Aladina para dar apoyo a niños con cáncer. En estas dos décadas, su relación con los pequeños guerreros, como los define, son su familia y tiene el corazón roto en mil pedazos cuando uno de ellos se va al cielo. Lo cree firmemente porque recibe señales en forma de arcoíris y estas experiencias inexplicables las cuenta en su libro 'Si no crees en Dios, te doy su teléfono', que ya está a la venta.
Con El Míster (que así llama a Dios) tiene una relación de alegría cuando un tratamiento funciona y de enfado cuando ya no hay solución. Paco Arango es un hombre positivo, buena persona y con un gran sentido del humor. Las recaudaciones de sus cuatro películas han servido de base para proyectos que se convierten en realidad como el centro de trasplante del hospital Niño Jesús en Madrid y ahora la Casa Aladina en el barrio de Hortaleza para que niños y familiares puedan acudir todos los días. El próximo miércoles 11 de febrero será la presentación oficial del libro.
PREGUNTA. Cuatro películas y ahora un libro que resume tus experiencias vitales en la fundación Aladina. ¿Qué te llevó a escribirlo?
RESPUESTA. La responsabilidad de contar las cosas extraordinarias que me habían pasado. La muerte de un niño por cáncer es una experiencia muy triste, pero también una experiencia de fe, de esperanza y que por encima de todo sobresale el amor.
P. Has elegido para tu primer libro un título sorprendente: ‘Si no crees en Dios, te doy tu teléfono’.
R. Provengo de una familia donde no recibí educación religiosa. Mi padre era ateo. Pero yo he visto que el Míster (así llama a Dios) existe. Lo he comprobado en miles de milagros y en los pequeños guerreros que se fueron al cielo y son nuestros ángeles. Me lo han mostrado y es lo que cuento en el libro. Si esta relación con el Míster me sucede a mí, porque no contar que le puede suceder a cualquiera.
P. ¿Crees que ahora hay una corriente de religiosidad, de espiritualidad?
R. Sí, lo creo. El disco de Rosalía es un ejemplo. No hay que ser religioso, ni educado en la religión sino tener buen corazón y buscar. Decir que eras creyente no estaba bien visto. En mi libro, lo que digo es que Dios es el mismo para todas las religiones. Soy católico cristiano, pero no me parece bien que la iglesia se ocupe bien de los que son creyentes y no de los que han perdido la fe.
Paco Arango. (Cortesía)
P. ¿El libro es un homenaje a los niños que no sobreviven al cáncer?
R. Mi dedicatoria es para ellos y para sus padres. Son situaciones tan extraordinarias las que cuento que, además, están avaladas por testigos. Niños que me han hablado del túnel de la luz, que me han mandado señales desde el cielo. Era mi responsabilidad contar todo lo que he vivido.
P. Una boda fallida es el principio de tu voluntariado en el hospital del Niño Jesús.
R. En parte fue así. En ese momento me encontraba muy perdido. Me di cuenta de que yo tenía mucha suerte. Había caído en una familia simpática, económicamente saludable y supe que debía devolver al mundo esa suerte. Y lo que me daba paz era dedicar parte de mi tiempo a echar una mano en alguna causa. Entré en el hospital Niño Jesús donde había niños con cáncer para estar una hora un día y a los cuatro meses estaba yendo todos los días. Y gracias a Dios ahora la fundación Aladina me sobrevive.
P. Ese comienzo no fue bien entendido por algunos profesionales. Un personaje famoso, de una familia pudiente. Te llegaron a preguntar por qué lo hacías.
R. No les parecía normal que yo pasara tanto tiempo en el hospital con los niños. Fue la psicóloga de la fundación en la que comencé a colaborar que me preguntó si estaba enganchado con esta situación. La verdad es que molestó, me pareció impertinente, pero le tengo que dar las gracias porque su duda me sirvió para crear mi propia fundación. Y así fue como nació Aladina. Los médicos están para curar el cuerpo y nosotros para cuidar el alma y que el espíritu no decaiga.
P. ¿Por qué crees que hay cierto escepticismo a la bondad?
R. Lamentablemente lo que debería ser habitual no lo es. Y en aquel momento que yo pasara tanto tiempo con los niños y sus familias les sorprendía. Mi perfil de persona con vida fácil no respondía a mi dedicación.
P. Imagino que esos momentos de tremendo bajón a los que hace referencia es cuando uno de esos niños muere. ¿Cómo llega a casa cuando eso ocurre?
R. Al principio era difícil, inexplicablemente duro. No sabía cómo combinar este sufrimiento con una vida normal. Se aprende. Tengo una frase que da título a un capítulo que dice “Ocho segundos para llorar”. Es el tiempo que tenemos en el hospital para lamentarnos. Milagrosamente, y así lo cuento, ante la tragedia de la muerte hay una alegría de otro niño que ha superado el trasplante.
Paco Arango. (Cortesía)
P. ¿En momentos complicados, cuando un niño no tiene alternativas, busca esas señales?
R. Gracias al Míster tengo mucha fe. Sé que esos pequeños guerreros están en un lugar mucho mejor. En el libro explico una historia que muestra esas señales. A la misma hora que fallece Enrique, una lechuza aparece en mi terraza y cuando la ayudo a volar da vueltas, me mira y se va. En las culturas indígenas la lechuza es el ave de la vida y la muerte. Yo no busco esas señales, me las mandan.
P. Hay historias que cuenta que podrían deberse a tu imaginación si no fuera por los testigos que también han compartido esas situaciones inexplicables.
R. No son casualidades, ni imaginaciones. Hay un responsable que es El Mister. Uno de los milagros más increíbles es el siguiente. Ya tengo el dinero que se ha recaudado con ‘Maktub’, mi primera película, que era para montar el centro de trasplante en el Niño Jesús. La noticia la recibo en Nueva York y me dicen que cuando vuelva a España tengo que ir a ver a una doctora que nos recibirá en Valencia para copiar el centro. A los cinco minutos de esa información, en la barra del bar del hotel coincido con un español al que no conocía de nada y le cuento la buena noticia. ¡¡Y resulta que era el hermano de la doctora!!
P. Hay una amiga, Elsa, que aparece en tu libro, que da un poco de miedo.
R. Esta abogada sueña con un niño que no conoce que le da información para que la transmita al padre que tras su muerte no quiere vivir. Da miedo si el mensaje no va acompañado de amor.
P. ¿Por qué crees que recibes señales?
R. No soy ningún santo. Soy un desastre y lo que me pasa a mí le puede suceder a cualquiera. El requisito indispensable es pedirlo.
P. Lo complicado es que esos padres que se les acaba de morir su hijo con un futuro por delante entiendan que está en el cielo con El Míster.
R. Es un punto de vista muy válido. También te diré que muchos padres que pierden su fe ante la tragedia luego la recuperan porque reciben mensajes y señales de que sus hijos están bien.
P. Los arcoíris son un ejemplo de ese apoyo de los niños que han fallecido y que tú los recibes.
R. En el rodaje de ‘Maktub’, en Canarias, que era solo un día, les dije a los actores que eran muy incrédulos que tendríamos un arcoíris. Pues no hubo uno, sino cinco. Mi casa está llena de arcoíris. Al principio, cuando se lo comentaba a mi novia, con la que me caso en mayo, me miraba raro. Y hoy en día, de pronto la escucho desde otra habitación gritando: “¡Paco, otros arcoíris!”
P. ¿Con las vivencias que tienes, no te da miedo la muerte?
R. No me quiero morir y me da reparo. Tengo la enorme tranquilidad de saber que después de esta vida hay algo mucho más importante y que tiene que ver con el amor.
P. ¿Que te decía tu padre, Plácido Arango, cuando le hablabas de las señales?
R. A mi padre que era ateo le hacía gracia que yo me preocupara de su falta de fe. Pero hizo mucho bien sin creer en Dios. Era un hombre bueno por eso sé que tiene una suite en el cielo.
P. Tu madre siempre está presente. Otra señal es haberte colocado a Begoña, tu novia.
R. Es increíble. Mi madre cuando ya estaba muy mal me decía: “Paco, no es bueno que estés solo. Búscate una mujer vasca que te cuide. Ella era muy, muy vasca. Y mi respuesta era siempre: mamá, te quiero mucho, pero tu hijo no se va a casar”. Al cabo del tiempo conocí a Begoña.
P. ¿Fundar Aladina, hace veinte años, y dedicar tu vida a los niños no era compatible con crear tu propia familia?
R. Era incompatible totalmente, aunque sonara como excusa. El veinte por ciento de los niños con cáncer mueren. Yo tengo el corazón roto en más de mil pedazos. Ángeles a los que he querido y era incompatible con tener yo hijos.
P. La Casa Aladina ya es una realidad.
R. Es el primer centro que hay en Europa en quince mil metros cuadrados en el barrio de Hortaleza, en Sanchinarro, donde todos los niños con cáncer van a poder ir todos los días. Estos niños están muy aislados en su casa mientras dura el tratamiento, incluso cuando ya están curados y les quedan secuelas. Tendremos actividades, apoyo psicológico, terapias, ocio. En un trozo del terreno se va a construir un lugar para cuidar a los padres que han perdido a sus hijos. Son quince millones de euros y ya tenemos siete de recaudación. La venta del libro servirá para conseguir el dinero.
Hace veinte años Paco Arango creó la fundación Aladina para dar apoyo a niños con cáncer. En estas dos décadas, su relación con los pequeños guerreros, como los define, son su familia y tiene el corazón roto en mil pedazos cuando uno de ellos se va al cielo. Lo cree firmemente porque recibe señales en forma de arcoíris y estas experiencias inexplicables las cuenta en su libro 'Si no crees en Dios, te doy su teléfono', que ya está a la venta.