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Paloma Barrientos

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Julio Ayesa, relaciones públicas global, embajador de Olite y componedor del matrimonio de Julio Iglesias e Isabel Preysler

Julio Ayesa repasa su trayectoria en la política, la empresa y la sociedad navarra, y recuerda sus encuentros y anécdotas junto a grandes nombres de la vida pública y empresarial de España

Foto: Julio Ayesa junto a Jacqueline Kennedy, en una fotografía de archivo. (Cortesía)
Julio Ayesa junto a Jacqueline Kennedy, en una fotografía de archivo. (Cortesía)

Julio Ayesa ha sido el mejor relaciones públicas que hubo durante muchas décadas. Olite era y sigue siendo su refugio. Precisamente por ser el mejor embajador de su tierra recibió este año del Gobierno navarro la Gran Cruz de Carlos III el Noble en oro. Esta distinción se entrega a personas que han tenido relevancia pública en sus carreras profesionales. En ese caso, por “el trabajo que ha desarrollado y la proyección de la imagen de Navarra en España y en el mundo”.

Conocía y trataba a los personajes más notables de cualquier área. Lo mismo un futbolista que un ministro, que modelos y actores internacionales. Con muchos de ellos mantiene contacto y, sobre todo, con los periodistas, a los que no echaba una mano ante las arbitrariedades de algunos personajes, como fue Catherine Deneuve en su primer premio Donostia en 1995. Allí estaba Julio, el componedor.

placeholder Julio Ayesa con Alberto de Mónaco, en una imagen de archivo. (Cortesía)
Julio Ayesa con Alberto de Mónaco, en una imagen de archivo. (Cortesía)

“Lo que tiene de buena actriz lo tiene de desagradable”, nos decía en uno de los días del Festival de Cine a los que solía acudir en calidad de invitado. Su madre, una señora imponente, pasaba parte de su vida entre el hotel Ritz de Madrid y el María Cristina en San Sebastián. En este establecimiento se alojaban las estrellas y donde se celebraban las ruedas de prensa. Ayesa se movía como Pedro por su casa, igual que en el Palais de Biarritz. El día de madame Deneuve consiguió que dejara su mal humor y nos atendiera.

Durante años traía a España personajes internacionales como Alain Delon, Pat y Eunice Kennedy, a las que trataba como si fueran familia, igual que al sobrino John John. Recuerdo que quedó muy impactado por su muerte. Como sabía que le había conocido, le llamé para que me diera su impresión. “Le veía en Nueva York y no sé por qué siempre pensé que moriría joven. A su tía Pat la invitaba a España y a Olite, que le encantaba. Estuve en varias bodas de la familia. Igual que Betty Arrastia, la madre de Isabel Preysler. Sus antepasados eran navarros. En ese primer viaje la acompañé hasta Ayo, de donde era su abuelo Valentín. Fue muy emocionante. La recibieron en el ayuntamiento y le dieron la partida de bautismo de su pariente. Cada año volvía y recorríamos en coche la zona”.

placeholder Julio Iglesias en la inauguración de Puerto Banús. (Cortesía)
Julio Iglesias en la inauguración de Puerto Banús. (Cortesía)

Hay que echar la vista atrás y recordar que Julio Ayesa fue quien presentó a Julio Iglesias a Isabel Preysler. Fue el intermediario de ese amor juvenil que acabó en boda. “Yo trabajaba para los Banús y, cuando se inauguró el puerto en Marbella, lo llevé para que cantara. Estaba todo el mundo, hasta el Aga Khan. Y en Olite también venía y lo hacía gratis”. A lo largo de los años ha mantenido una relación directa con el cantante. Cada vez que venía a España, una de las citas habituales era encontrarse con Ayesa. En la biografía escrita por Tico Medina, Iglesias contaba ese vínculo con el relaciones públicas.

“La historia de ‘Un canto a Galicia’ nació de pronto en un coche viniendo desde Olite, en Navarra, a Madrid. Desde la casa de Julio Ayesa, que es un personaje que tiene mucho que ver en mi vida porque a él le debo conocer a Isabel, como ya saben”.

Un día decidió dejar Madrid, volver a su Olite del alma, disfrutar de la vida y de sus amigos, que saben que su casa es de puertas abiertas. Hombre generoso, divertido, viajado y con ese punto irónico que en ocasiones no era bien entendido, y lo reconoce. “Yo sé que puedo tener muy mala leche”, me dice desde su paraíso.

placeholder Julio Ayesa, de pequeño junto a sus padres en Olite. (Cortesía)
Julio Ayesa, de pequeño junto a sus padres en Olite. (Cortesía)

Había famosos de medio pelo que le temían por sus comentarios ácidos. Lo que peor llevaba y lleva son los palmeros, las pelotas y los arribistas. Con estos grupos es implacable, como me decía en una de nuestras últimas conversaciones. “Hay gente que veo ahora en las fiestas y no sé a qué se dedican, pero quieren tratamiento VIP. Y no tienen educación y tratan mal a la gente que consideran inferior y a los reporteros de calle. Habría que dejarlos sin hablar de ellos. Así aprenderían”.

Ayesa ha recorrido medio mundo y ha tratado con verdaderos VIP, sectores tan diversos como el de la cultura, el cine, la política y, sobre todo, el social en su vertiente más genuina y poderosa. Ha compartido viajes con miembros del clan Kennedy, a los que conoció a través de Pitita Ridruejo. “Era una mujer fantástica. Mucho más que amiga. Ha sido familia con la que he vivido verdaderas aventuras. Recuerdo cuando vino a España Andy Warhol y a la única que quería conocer era a ella. Cuando su marido estaba de embajador de Filipinas en Londres iba mucho a verla y nos lo pasábamos de miedo. Con su hija Claudia nos íbamos los tres a patinar. He tenido la suerte de tener una vida muy interesante. Ahora me toca estar aquí en Olite, mi ciudad y donde soy feliz”.

placeholder Julio Ayesa en una imagen junto a John John Kennedy. (Cortesía)
Julio Ayesa en una imagen junto a John John Kennedy. (Cortesía)

Es un hombre de mundo, como también lo fueron sus padres cuando viajar no solo era un lujo, sino también un privilegio. Una herencia, igual que saber idiomas, que en aquellos años no era lo común, pero siempre como referencia vital su Olite.

Ayesa nunca ha querido escribir sus recuerdos, que las editoriales más importantes le han pedido en muchas ocasiones y, además, muy bien pagadas. Con su sentido del humor habitual, me contaba en nuestra conversación telefónica que ya “ni tengo edad, ni ganas. Al principio, cuando me contactaban, decía que sí, pero luego me daba una pereza tremenda. Y eso que me gusta escribir. El periodista Eugenio Suárez, uno de los editores más importantes que ha tenido España, me convenció para que escribiera de lo que yo quisiera en Sábado Gráfico, una revista de actualidad referente. Y empecé contando las fiestas a las que iba y mis vivencias con personajes de altura. Después Julián Lago quiso que hiciera algo parecido en la revista Tiempo. Tenía una columna que tuvo mucho éxito. Me ofrecieron más cosas y colaboraciones en televisión, pero he preferido mantener mi libertad sin horarios”.

placeholder Ayesa con Philippe junot y Marilé Zaera, que fue relaciones publicas de Pacha. (Cortesía)
Ayesa con Philippe junot y Marilé Zaera, que fue relaciones publicas de Pacha. (Cortesía)

“Julio ha sido siempre un dandy. Ha tenido siempre la mejor agenda junto con Jean Louis Mathieu. Eran muy diferentes y se complementaban”, cuenta Pedro Trapote, que le contrataba para las fiestas espectaculares que se organizaban en Joy Eslava, la discoteca de la calle Arenal. En Pacha estaba Marilé Zaera, otra profesional indispensable de la vida social de Madrid.

Julio Ayesa tuvo una infancia y adolescencia de niño bien. Provenía de una familia burguesa “de posibles”, como se decía. Estudió en el colegio Alemán. Una institución internacional fundada por Manuel Alamán Velasco, a la que acudían hijos de diplomáticos destinados en Madrid, apellidos del mundo de la cultura, el arte, el cine y teatro. Iba impecable al colegio y los compañeros le llamaban el “señorito Ayesa”.

placeholder Julio Ayesa con el rey Juan Carlos I en su juventud. (Cortesía)
Julio Ayesa con el rey Juan Carlos I en su juventud. (Cortesía)

Estudió Derecho, pero nunca ejerció y coincidió con el rey emérito en la universidad y nunca se cortó ese hilo afectivo. “Estuve en su jura de bandera en Zaragoza. Me gustaría que volviera a España. No tiene sentido que siga por ahí”, cuenta desde su retiro en Olite, donde hace vida con los vecinos y los amigos que van a verle.

Julio Ayesa ha sido el mejor relaciones públicas que hubo durante muchas décadas. Olite era y sigue siendo su refugio. Precisamente por ser el mejor embajador de su tierra recibió este año del Gobierno navarro la Gran Cruz de Carlos III el Noble en oro. Esta distinción se entrega a personas que han tenido relevancia pública en sus carreras profesionales. En ese caso, por “el trabajo que ha desarrollado y la proyección de la imagen de Navarra en España y en el mundo”.

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