En cada evento de gala, las tiaras no solo coronan los peinados de las damas reales, sino que cuentan historias fascinantes de herencia, poder y tradición. Durante la reciente visita de Estado de los Macron al Reino Unido, varias mujeres de la familia Windsor desplegaron sus joyas más emblemáticas, cada una con una historia propia que refleja el linaje y la evolución de la monarquía británica a través de las décadas. A continuació, te contamos todos los detalles y secretos de las seis tiaras protagonistas de la semana.
La tiara del dolor de cabeza
Como era de esperar, Kate Middleton optó por la emblemática tiara Cambridge Lover's Knot, una joya diseñada en 1913 por la casa Garrard por encargo de la reina María de Teck, abuela de Isabel II. Esta pieza no fue un diseño totalmente original, sino que se inspiró en otra tiara muy similar que había pertenecido a su propia abuela, la princesa Augusta, esposa del duque de Cambridge, lo que explica su nombre.
En 1981, la reina Isabel II se la regaló a Diana de Gales con motivo de su boda. Aunque no la eligió para su gran día —optó por la tiara Spencer, en homenaje a su familia—, sí la utilizó en numerosos actos oficiales. Compuesta por 19 arcos con diamantes talla brillante y 38 perlas colgantes en forma de lágrima, se convirtió en una de sus favoritas, pese a su peso considerable. De hecho, la propia Diana confesó que le provocaba dolores de cabeza.
Tras su divorcio con Carlos, Diana devolvió la tiara al joyero real y allí permaneció hasta 2015, cuando Kate Middleton la lució por primera vez para una cena con el cuerpo diplomático. Desde entonces, la ha llevado en más de diez ocasiones, demostrando el gran cariño que le tiene.
Kate Middleton con la tiara Cambridge Lover's Knot. (Reuters)
Zafiros y más zafiros
Por su parte, Camila optó para el banquete con los Macron por la tiara de zafiros propiedad de su difunta suegra. Se trata de una pieza compuesta por zafiros que va acompañada de un conjunto a juego que incluye pendientes, collar, pulsera y anillos. La pieza, cuyo diseño gira en torno a un zafiro cuadrado central enmarcado por diamantes y pequeños zafiros, tiene un pasado fascinante.
En origen, fue un collar que perteneció a la princesa Luisa de Bélgica, hija del rey Leopoldo II, como puede verse en varios retratos realizados entre las décadas de 1870 y 1880. No obstante, su complicada vida personal la llevó a deshacerse de todas sus joyas, incluida esta. En 1963, Isabel II adquirió la pieza con la intención de completar un conjunto que armonizara con el zafiro que le había regalado su padre, Jorge VI, y decidió transformarla en una tiara que lució en numerosas ocasiones.
La reina Camila con la tiara de zafiros. (Reuters)
Una joya moderna
Sophie de Edimburgo tiene poco donde elegir en cuestión de tiaras, y casi siempre la vemos con las mismas. Así volvió a suceder en la cena con los Macron, una velada para la que eligió la tiara aguamarina, una joya presidida por esa gran piedra preciosa de color espuma de mar de la que nace un patrón de ondas con diamantes. Convertible también en collar, como revela el espacio especializado en joyería monárquica 'The Court Jeweller', es una de las joyas más nuevas de la familia Windsor.
Así, aunque se especuló con que el príncipe Eduardo la habría diseñado para su mujer, la realidad es que es una propuesta customizada de la famosa joyería Collins and Sons, que tuvo a la venta una tiara similar a principios de los años 2000. La ahora duquesa de Edimburgo la estrenaría en esa misma época, concretamente en la fiesta de coronación del príncipe Alberto II de Mónaco en 2005. Sin dejarla de usar desde entonces, se ha convertido en una tiara 'básica' (no en el sentido de sencillo, sino de comodín de moda) para sus estilismos más importantes.
La duquesa de Edimburgo con la tiara de aguamarina. (Reuters)
Regalo de una naviera
La princesa Ana, quien también vistió de blanco como sus cuñadas, se decantó por la tiara Festoon. Fue un obsequio que recibió la hija de Isabel II en 1973 por parte de la naviera World Wide Shipping. Según apunta 'The Royal Watcher', la pieza fue probablemente creada a comienzos del siglo XX y adquirida por la compañía antes de ser entregada a la princesa.
Ana la lució por primera vez en una serie de retratos oficiales difundidos con motivo de su 23º cumpleaños, y desde entonces se ha convertido en una de sus elecciones más habituales a lo largo de los años. La princesa le cedió dicha tiara a la que fuera su nuera, Autumn Kelly, en su enlace con Peter Phillips, por lo que ha sido también una pieza nupcial.
La princesa Ana con la tiara Festoon. (Reuters)
Turquesas con historia
En esa misma cena, la duquesa de Gloucester, esposa del primo de Isabel II, llevó la tiara de turquesas Teck. Data de mediados del siglo XIX y originalmente formaba parte de un conjunto completo que incluía collar, pendientes y broches, todos decorados con turquesas y diamantes. La pieza fue encargada por la familia de los duques de Teck, una rama menor pero muy ligada a la monarquía británica. La primera propietaria conocida fue la duquesa de Teck, madre de la futura reina Mary, quien heredó la tiara como regalo de boda en 1893 al casarse con el futuro Jorge V.
En 1912, la reina Mary decidió rediseñarla por completo, eliminando el pico central que presentaba para darle una forma más moderna, tipo kokoshnik, acorde con las tendencias de la época. En 1935, Mary se la regaló a su nuera, Lady Alice Montagu Douglas Scott, como presente de bodas al casarse con el príncipe Enrique, duque de Gloucester. Desde entonces, la tiara ha permanecido en la rama Gloucester de la familia real y ha sido lucida en numerosas ocasiones por la actual duquesa, Birgitte.
La duquesa de Gloucester con la tiara de turquesas. (Reuters)
La tiara intercambiable
Al día siguiente, los Macron asistieron a otro banquete ofrecido por el Lord Mayor de la City of London. Les acompañaron los duques de Gloucester y Birgitte volvió a desplegar su elegancia con la tiara Gloucester Honeysuckle, encargada por la reina Mary a la firma E. Wolff & Co entre 1913 y 1914, pocos años después de la coronación de su esposo, Jorge V. Está formada por un armazón de diamantes con motivos de madreselva y cuenta con una pieza central intercambiable que, a lo largo de los años, se ha lucido con diamantes Cullinan V, zafiro, esmeralda y topacio rosa, como hizo la duquesa en esta última ocasión.
Aunque no fue una de las tiaras más mostradas para fotografías de la época, Mary la llevó en eventos destacados de los años 20. En 1935 regaló la tiara a su nuera Lady Alice, duquesa de Gloucester, por su boda con el príncipe Enrique. Desde entonces, Alicia la lució en ocasiones emblemáticas como la coronación de Jorge VI en 1937 y numerosas galas y visitas de Estado durante las décadas de 50 y 60. A finales de los años 70, la tiara pasó a manos de Birgitte,
La duquesa de Gloucester con la tiara. (Cordon Press)
Estas tiaras, más allá de su incalculable valor material, son testigos silenciosos de bodas reales, herencias familiares y grandes momentos diplomáticos. Con cada aparición pública, se reafirman como símbolos de continuidad, elegancia y del papel que las joyas juegan en la narrativa visual de la realeza británica.
En cada evento de gala, las tiaras no solo coronan los peinados de las damas reales, sino que cuentan historias fascinantes de herencia, poder y tradición. Durante la reciente visita de Estado de los Macron al Reino Unido, varias mujeres de la familia Windsor desplegaron sus joyas más emblemáticas, cada una con una historia propia que refleja el linaje y la evolución de la monarquía británica a través de las décadas. A continuació, te contamos todos los detalles y secretos de las seis tiaras protagonistas de la semana.