Los tres mensajes de Felipe VI al Papa León XIV en su discurso: la reparación para las víctimas de abusos, la IA y la unidad en un mundo polarizado
El Rey ha aprovechado la primera visita de un pontífice a España desde 2011 para reconocer el dolor causado por los abusos en la Iglesia, defender una inteligencia artificial al servicio de las personas y reivindicar el diálogo frente a la división
El rey Felipe VI pronuncia un discurso en el Salón de las Columnas con la presencia del papa León XIV. (EFE / Chema Moya)
La visita de León XIV a España ha dejado este sábado una imagen inédita en el Palacio Real de Madrid. Tras la ceremonia de bienvenida y el encuentro privado mantenido con los Reyes, laprincesa Leonory la infanta Sofía en el Salón de Gasparini, Felipe VI y el Pontífice se han dirigido al Salón de Columnas, donde han pronunciado sus discursos ante cerca de 250 invitados, entre ellos representantes de los poderes del Estado, miembros del Gobierno, presidentes autonómicos, líderes políticos, el cuerpo diplomático y la jerarquía eclesiástica.
En una intervención cargada de referencias al momento histórico actual, el Rey ha dado la bienvenida al Papa poniendo el foco en los vínculos que unen al Pontífice con el mundo hispanohablante y con Iberoamérica. "La Reina y yo os damos, con humildad y alegría, la más cordial bienvenida a España", ha comenzado, recordando los años de misión pastoral de León XIV en Perú y agradeciendo la cercanía que mantiene con la lengua española. "Para todos los hispanohablantes es un privilegio que comprendáis y empleéis habitualmente el idioma que compartimos", ha señalado el monarca, antes de destacar que llega a un país donde está una parte de sus raíces.
Felipe VI ha querido además agradecer la amplitud de una visita que llevará a León XIV no solo a Madrid y Barcelona, sino también a Canarias, un destino que, según ha recordado, visita por primera vez en la historia un Papa. "Comprobaréis, en nuestras calles y nuestras plazas, en las iglesias y en las instituciones, la inmensa alegría que nos suscita teneros entre nosotros", ha afirmado.
Doña Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y el Papa escuchan el discurso. (Limited Pictures)
Uno de los momentos más significativos del discurso ha llegado cuando el Rey ha destacado el papel histórico y social de la Iglesia católica en España. Ha subrayado que la fe forma parte de la identidad cultural del país y ha alabado públicamente la labor desarrollada por religiosos, sacerdotes, voluntarios y misioneros españoles dentro y fuera de nuestras fronteras. "Creo que me hago eco del sentir mayoritario de los españoles cuando reúno en vuestra persona mi reconocimiento y gratitud hacia todos esos hombres y mujeres", ha asegurado.
Sin embargo, el monarca no ha evitado uno de los asuntos más delicados que ha afrontado la Iglesia en las últimas décadas: los abusos sexuales cometidos en el seno de instituciones eclesiásticas. Felipe VI ha recogido el "dolor causado por los casos de abuso" y ha elogiado la actuación de León XIV ante esta cuestión. "Ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial", ha declarado. A continuación, ha hablado de que la "claridad y firmeza" mostradas por el Pontífice resultan "esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido", tanto para las víctimas como para la propia Iglesia y la sociedad.
El discurso ha girado después hacia uno de los temas que más preocupan actualmente a líderes políticos, empresarios y académicos: la inteligencia artificial. El Rey ha aprovechado la ocasión para referirse a la reciente encíclica 'Magnifica Humanitas', el primer gran texto doctrinal del pontificado de León XIV, centrado precisamente en los desafíos éticos de las nuevas tecnologías. Ha respaldado su mensaje sobre el desarrollo de la inteligencia artificial y ha defendido que la tecnología debe estar siempre al servicio de las personas.
La familia real recibe al Papa en el Palacio Real. (Limited Pictures)
Citando las reflexiones contenidas en la encíclica papal, sostuvo que esta revolución tecnológica no puede convertirse en patrimonio exclusivo de unos pocos ni desplazar al ser humano de las decisiones. "Eso solo será posible si logramos mantener a la persona en el centro de cualquier discurso; jamás reemplazada, subyugada o coaccionada por ningún algoritmo", ha advertido.
El monarca se ha detenido en la singular trayectoria del pontífice, a quien ha definido como un hombre de fe, pero también de ciencia. "Habéis dedicado años de estudio al lenguaje más esencial que existe: las matemáticas", ha comentado. A partir de ahí ha desarrollado una de las imágenes más llamativas de toda su intervención. Frente a quienes consideran que vivimos un tiempo donde todo parece negociable o relativo, Felipe VI ha defendido la necesidad de preservar los grandes principios que sustentan las democracias contemporáneas.
La familia real y el Papa, en el Salón del Trono. (Limited Pictures)
"La dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos", ha afirmado. Y ha añadido una metáfora matemática que arrancó sonrisas entre los asistentes: "Porque en ellos está la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que resta y divide".
La visita de León XIV es la novena de un pontífice a España. Tras las cinco visitas de Juan Pablo II entre 1982 y 2003 y las tres realizadas por Benedicto XVI entre 2006 y 2011, el nuevo Papa ha encontrado en el Palacio Real una bienvenida marcada por el reconocimiento institucional, la defensa del diálogo y una apelación constante a la unidad como camino hacia la paz.
El discurso completo de Felipe VI
La Reina y yo os damos, con humildad y alegría, la más cordial bienvenida a España. Os la damos en nombre de nuestra familia −presentes aquí nuestras hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía−, del Gobierno y demás instituciones del Estado, y de todo el pueblo español. Y lo hago en una lengua que es, también, la vuestra. Para todos los hispanohablantes es un privilegio que comprendáis y empleéis habitualmente el idioma que compartimos, gracias a vuestros años de vida misionera y labor pastoral en Perú, de la mano de la Orden de San Agustín. Y nos sentimos afortunados de que también así os resulte muy próximo todo lo que significa Iberoamérica.
Llegáis a un país donde está una parte de vuestras raíces. Os recibe un pueblo al que conocéis bien: vital y con carácter, solidario y tolerante; también creativo y cosmopolita. Tenéis un programa intenso, lleno de momentos para el encuentro, para la oración y para la reflexión, que os ha traído a Madrid y os llevará a Barcelona y también —por vez 1.ª en la historia— a las Islas Canarias. Comprobaréis, en nuestras calles y nuestras plazas, en las iglesias y en las instituciones, la inmensa alegría de teneros entre nosotros. Gracias por la generosidad y sensibilidad que demostráis con la extensión e intensidad de esta visita.
La fe católica está enraizada en nuestro país y, sin ella —bien lo sabéis—, nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían. Lo está en el día a día, en las tradiciones, en las festividades, pero también en aspectos mucho más profundos, como el sentido de comunidad y la espiritualidad popular, desde el testimonio de nuestros místicos —San Juan, Santa Teresa— hasta la religiosidad sencilla de cientos de miles de personas.
Quiero destacar la enorme labor social de la Iglesia Católica, fruto del compromiso de los religiosos y las religiosas, los sacerdotes, los diáconos, los jóvenes que se implican en la vida de la parroquia, los voluntarios que ayudan en residencias, albergues, comedores y centros de acogida. También en esta visita. Creo que me hago eco del sentir mayoritario de los españoles cuando reúno en Vuestra Persona mi, nuestro, reconocimiento y gratitud hacia todos esos hombres y mujeres. Entre ellos incluyo, con una admiración especial, a los miles de misioneros de nuestro país que realizan su labor social, educativa, asistencial y pastoral en tantos lugares necesitados del mundo, muchas veces remotos o todavía muy desconectados. Lo conoce bien.
No puede haber mayor contraste con todo ello que el dolor causado por los casos de abuso, que ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial. Vuestra claridad y firmeza, que también quiero reconocer, son esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido: lo son para las víctimas, para los fieles, para la Iglesia y para la sociedad en su conjunto.
Sois, Santo Padre, un hombre de sólida formación científica. Habéis dedicado años de estudio al lenguaje más esencial que existe: las matemáticas. La visión de un hombre de espíritu y de ciencia, con una gran conciencia social y una profunda atención a los cambios, cobra un valor especial en el tiempo que nos toca vivir; un tiempo que ya no se explica en los términos a los que estábamos habituados y que seguimos tratando de interpretar.
En este tiempo corremos el riesgo de olvidar aquello que de verdad importa, de deslizarnos hacia la errada creencia de que —abolidas muchas de nuestras referencias por el pulso de la actualidad— todo vale, todo es admisible, negociable y justificable. Y no es así. La dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos. Porque en ellos —en sus múltiples combinaciones— está la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que resta y divide.
Vuestra voz, Santidad, mana del espíritu, de la Fe Cristiana, y se nutre de veinte siglos de historia. Es hoy fuente de inspiración para más de 1.400 millones de católicos; pero resuena, por su contenido ético, mucho más allá: en todas las conciencias. Esa voz, tan nueva y tan antigua, acaba de plasmarse en la 1ª Encíclica de Vuestro pontificado, que aborda, entre otros asuntos, los desafíos inherentes a la IA. Basta con leer el título —Magnifica Humanitas— para darse cuenta de que no la mueve una visión catastrofista, sino una mirada cargada de esperanza y de optimismo en el ser humano. Un texto humanista.
Vuestras palabras nos instan a reemplazar el miedo —que es estéril y paralizante— por un conocimiento, meditado y compartido, del potencial y de los riesgos de esta nueva realidad. Y añadís que esa nueva tecnología no puede ser monopolio de unos pocos, sino un instrumento en manos de todos que beneficie a todas las sociedades. Y eso solo será posible si logramos mantener a la persona en el centro de cualquier discurso; jamás reemplazada, subyugada o coaccionada por ningún algoritmo.
Porque en un mundo anegado de datos y mensajes, se hacen imprescindibles la empatía, la comprensión y la escucha. Vuestro predecesor, Su Santidad el Papa Francisco, insistía a menudo en la importancia de saber escuchar. Es paradójico que, en un tiempo de interconexiones, estemos perdiendo esa capacidad… o esa paciencia. Porque cuando la atención está en el otro, en quien tenemos enfrente, podemos identificarnos con su dolor, con su alegría, con sus debilidades y fortalezas..., podemos ponernos en su lugar. Solo si aprendemos a comprender las razones de los demás, a buscar el terreno común o de acuerdo, lograremos avanzar unidos.
Recuerdo que, desde la Logia de las Bendiciones, a los pocos minutos de salir del cónclave que os convirtió en sucesor de Pedro y Obispo de Roma, lanzasteis al mundo una encendida defensa de la unidad. "Ayudadnos" —dijisteis— "a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un único pueblo siempre en paz".
La unidad como aspiración surge de la conciencia de nuestra fragilidad como individuos, de nuestra contingencia, de nuestras limitaciones; pero también de esa capacidad inagotable para el bien y la belleza que alcanza su cima cuando el ser humano ama al prójimo, cuando se abre y se entrega a los demás. Recordarlo siempre, de palabra y de obra —y en especial en estos tiempos de incertidumbre— bien merece ser pauta de conducta universal: la unidad como vehículo e instrumento para la paz.
De nuevo, Santidad, bienvenido a España.
La visita de León XIV a España ha dejado este sábado una imagen inédita en el Palacio Real de Madrid. Tras la ceremonia de bienvenida y el encuentro privado mantenido con los Reyes, laprincesa Leonory la infanta Sofía en el Salón de Gasparini, Felipe VI y el Pontífice se han dirigido al Salón de Columnas, donde han pronunciado sus discursos ante cerca de 250 invitados, entre ellos representantes de los poderes del Estado, miembros del Gobierno, presidentes autonómicos, líderes políticos, el cuerpo diplomático y la jerarquía eclesiástica.