La maldición de Joe Biden o cómo superar la muerte de una esposa y dos hijos
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Duro camino a la presidencia

La maldición de Joe Biden o cómo superar la muerte de una esposa y dos hijos

El camino hacia la Casa Blanca del candidato demócrata no ha sido un camino de rosas pero su vida personal y familiar ha resultado bastante más doloroso

Foto: La maldición de Joe Biden o cómo superar la muerte de una esposa y dos hijos
La maldición de Joe Biden o cómo superar la muerte de una esposa y dos hijos

El demócrata Joe Biden ha derrotado al republicano Donald Trump y se convertirá en en el 46 presidente de los EEUU. "Me siento honrado de que me hayan elegido para dirigir nuestro gran país", agradeció en un tuit Biden, minutos después de confirmarse el triunfo.

El último acto de campaña de Joe Biden fue una cumbre de Hollywood. "Cuando EEUU vota, su voz será escuchada. Cuando EEUU es escuchado creo que el mensaje se va a oír alto y claro, es hora de que Donald Trump haga las maletas y se vaya a casa. Ya hemos tenido bastante caos, ya hemos tenido bastantes tuits, ya hemos tenido bastante rabia, ya hemos tenido bastante irresponsabilidad. ¡Tenemos mucho trabajo por hacer!", declaraba el candidato demócrata.

El camino hacia la Casa Blanca del candidato demócrata no ha sido un camino de rosas pero su vida personal y familiar ha resultado bastante más doloroso marcado por algunos momentos muy dramáticos. Pero él, de fe católica, parece seguir las enseñanzas del escritor C.S. Lewis, que decía que Dios esculpe a los hombres a base de dolor y “los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos”. Repasemos, entonces, las cicatrices esculpidas del que se ha convertido en presidente de los Estados.

Un accidente fatídico

Que nadie se sorprenda de que el que va a ser el hombre más poderoso del mundo se tome un día de vacaciones cada 18 de diciembre. Es algo que hace desde 1972, pues es la fecha en la que recuerda el accidente que partió su vida en mil pedazos. Aquel 18 de diciembre, su mujer Neilia y sus tres hijos -Beau, Hunter y Naomi- fueron en coche a hacer las compras de Navidad. En una de las intersecciones de Hockessin, Delaware, un camión chocó contra su camioneta y se llevó las vidas de Neilia y de Naomi. La primera, que había vivido un noviazgo clásico con Joe en los años del instituto y le animó en sus ambiciones políticas, tenía 30 años. La segunda había nacido apenas 13 meses atrás.

Joe Biden ofrece un discurso. (EFE)
Joe Biden ofrece un discurso. (EFE)

Joe Biden, que acababa de ser elegido senador, se vio súbitamente viudo y con dos hijos, y tuvo que jurar el cargo en el hospital donde todavía se recuperaban los pequeños Hunter, de 2 años, y Beau, de 3. Fue gracias a ellos que encontró fuerzas para seguir en el cargo de senador en el que estaría 36 años, los mismos que tenía cuando su Dios le puso tamaña prueba. “Volvía a casa cada noche porque necesitaba más yo a mis hijos que ellos a mí”, dijo en una ocasión. Y ya en su libro 'Promise Me, Dad (Prométemelo papá)', que publicó en 2017, el que fuera vicepresidente en la era de Obama agregó: “El dolor parecía insoportable al principio, y me tomó mucho tiempo recuperarme, pero sobreviví al extenuante castigo. Lo hice con mucha ayuda y reconstruí mi vida y mi familia”.

El resurgir y la recaída

La que recogió los jirones del hombre que había sido Joe Biden fue Jill Jacobs, con la que acabaría casándose en 1977 y teniendo otra hija, Ashley, en 1981. Fue Jill quien asumió como suyos a los niños huérfanos y quien devolvió la ilusión al político, pero quien tendría también que volver a crecerse ante la adversidad por un nuevo y tardío revés. El libro mencionado, precisamente, fue la manera que tuvo Joe de digerir la segunda gran tragedia de su vida.

Si dicen que es imposible superar la muerte de un hijo, Biden ha tenido que hacerlo dos veces, pues su primogénito Beau murió el 30 de mayo de 2015 tras luchar dos años contra un agresivo tumor cerebral. Había sido el orgullo de su padre, al que había seguido los pasos en el mundo de la política, y en el momento de su muerte, era fiscal general de Delaware. Tenía 46 años y dos hijos. Esta segunda oleada de dolor fue la que hizo a Joe Biden desestimar la posibilidad de presentarse a las elecciones en 2016, a pesar de que había sido prácticamente la última voluntad de su hijo. Ahora lo ha cumplido, aunque eso haya implicado convertirse en el presidente de más edad de la historia de Estados Unidos.

Joe y Jill Biden, en Washington. (EFE)
Joe y Jill Biden, en Washington. (EFE)

Tras la muerte de Beau, su padre tuvo que reactivar todos sus mecanismos de superación, pero el mecanismo de duelo más sorprendente fue el de su otro hijo, Hunter, que a los dos años de perder a su hermano, empezó a salir con su viuda, Hallie Biden, cuyo hijo con Beau también se llamaba Hunter. Joe y Jill apoyaron la relación, que duró dos años, con un comunicado que rezaba: “Somos afortunados de que Hunter y Hallie se hayan encontrado mientras recomponían sus vidas después de tanta tristeza”. Era, a la vez, el enésimo giro de guion en una vida, la de Hunter Biden, que nunca transcurrió por los cauces convencionales y que todavía hoy ha intentado ser utilizada contra la carrera política de Biden, cuya campaña ha apostado por la decencia y la moral.

El hijo díscolo

Donald Trump, en más de una ocasión, usó los problemas con las drogas de Hunter para atacar a su rival en los debates. “Mi hijo, como mucha gente que nos está viendo, tuvo un problema con las drogas. Lo está superando. Lo ha solucionado. Ha trabajado en ello. Y estoy orgulloso de él. Estoy orgulloso de mi hijo”, dijo con la voz quebrada. Hunter fue expulsado de la Marina en 2014 por consumo de cocaína, pero su historial se remonta a 1988, cuando fue arrestado por posesión de sustancias ilegales. Su vinculación con el mundo de los negocios sucios y su calidad de habitual de clubs nocturnos de Washington explotó cuando un test de ADN indicó este mismo año, en enero, que tenía un hijo ilegítimo con la stripper Lunden Alexis Roberts. Aun así, Joe le dio la oportunidad de trabajar como asesor personal y escribir algunos de sus discursos.

Joe Biden y su hijo, Hunter. (Reuters)
Joe Biden y su hijo, Hunter. (Reuters)

Joe Biden, a estas alturas de la vida, ha aprendido que esos golpes tienen que unir más que separar, que ser batallados con cariño y no con ira. Un mensaje que ha intentado enviar al electorado en un momento en el que el país está sacudido por la división, la pandemia, la crisis económica y las revueltas sociales. Él, que en su infancia luchó por superar una tartamudez a base de recitar incansablemente poesías frente al espejo (y que todavía le sobreviene en los momentos de cansancio extremo), escribió en otro de sus libros, 'Promises to Keep: In Life and Politics', su receta para seguir adelante: “¡Levántate! El arte de vivir es simplemente levantarte después de haber sido derribado”.

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