Halloween, 'pelea' de famosos y una canasta viral: el esprint final de Biden y Trump
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Halloween, 'pelea' de famosos y una canasta viral: el esprint final de Biden y Trump

Mientras Donald Trump se multiplica dando mítines y solo admite la compañía esporádica de Ivanka Trump, Joe y Jill Biden hacen lo que pueden. Las celebs ya han tomado partido

placeholder Foto: Donald Trump, este fin de semana. (Reuters)
Donald Trump, este fin de semana. (Reuters)

Era el fin de semana de Halloween, pero no vimos disfrazados ni a Donald Trump ni a Joe Biden, los dos candidatos a la Casa Blanca. Donald Trump con mucho truco, y Joe Biden con mucho trato. Biden sí que jugó con el eslógan algo ridículo “Don’t Boo, Vote! (No digas “buuuuh”, vota)” -y casi peor fue su pie de foto: “no nos hagas ghosting estas elecciones”- mientras que Trump hizo una mención en una foto del pasado domingo -cuando él y Melania recibieron a algunos niños en la Casa Blanca- a la que sus seguidores respondían cosas como “lo que verdaderamente da miedo es el programa socialista de Biden”. Un poco de miedo da todo.

Ahora en serio: Donald Trump, como suele decirse, estuvo en modo traca final y pareció superar las barreras del espacio y el tiempo con un maratón de mítines en diferentes Estados. Uno de ellos, el de Michigan, con unas temperaturas frías y aguanieve. Y tiene previstos siete actos para hoy lunes. Todo ello con una energía arrolladora, con abrigo largo y guantes en negro con pinta de villano de cómic unas veces, con gorra roja con el “Make America Great Again” en otras. De invierno o de verano, sin señales de agotamiento.

La sensación de que el presidente es imparable es evidente tanto para sus enfervorecidos defensores (que se han reunido a miles, algunos de ellos sin mascarilla) como para sus detractores, pues está lanzando con aspersor por tierra, mar y aire (o por viva voz, Twitter e Instagram) su maquinaria pesada de insultos y descalificaciones para su rival. Lo llama “Sleepy Joe” (Joe el dormilón), le dice que va a perder y no lo sabe y, de paso, lo acusa de querer cerrar a cal y canto la economía de Estados Unidos. Le da tiempo a retuitear las imágenes del grupo de coches que, en el Estado de Texas, persiguió y acosó a un autobús que hacía campaña por Joe Biden. También a sugerir que despediría al “Fernando Simón estadounidense”, Anthony Fauci, después de unas polémicas declaraciones suyas en el Washington Post. E incluso a lamentar la muerte de Sean Connery, diciendo que fue un hombre que siempre defendió su tierra escocesa por encima de todo.

Sus presentaciones son puro Trumpcentrismo, casi sin acompañantes. Solo ocasionalmente Ivanka Trump, elegante y conservadora en tonos vainilla. Mientras, Melania estuvo también haciendo campaña, no menos estilosa con casaca en negro, pero por su cuenta: en Pensilvania, pero en otra localidad, y en Wisconsin. También tomó algunas decisiones por libre, como intentar meter en razón a la población diciendo que el coronavirus es algo serio. Hay que reconocerles a los Trump que en eso no tienen trampa ni cartón. En todo lo demás, probablemente sí.

Pero ellos siguen creciéndose ante la adversidad. Y Donald Trump parece encantado de que haya disturbios en contra o a favor de él, de que los resultados de las elecciones no se vayan a conocer hasta pasados unos días para contar los más de 80 millones de votos por correo, y que las cifras de nuevos casos de coronavirus rozaran los 100.000 el pasado viernes. ¡Más madera! El caos parece que es su género y de él suele salir reforzado. Hasta se dice que proclamará su victoria antes de contar los votos y disputará, si hace falta, su derrota considerando las elecciones fraudulentas, por lo cual es posible que para él esto no sea la recta final, sino que esté tomando carrerilla para el que será su circo de tres pistas definitivo.

El demócrata Joe Biden -que en las encuestas parte como favorito, pero ese perro ya nos ha mordido muchas veces en los últimos años- optó por su estrategia habitual: la moderación y el espíritu coral. Lanzó en las redes mensajes conciliadores, de esperanza y de una América más diversa e inclusiva, incluyendo unas galletas que decían, en español, “todos con Biden”, una foto en un coche descapotable antiguo diciendo que conducirá a Estados Unidos por el buen camino y su insistente obsesión con que su victoria haría que los perros volvieran a la Casa Blanca (¿?).

Hizo tres mítines, dos en Pensilvania, su estado natal, y otro en Michigan, donde se rodeó de la música de Stevie Wonder y desempolvó a quien lo convirtió en vicepresidente de Estados Unidos: Barack Obama. La jugada, nunca mejor dicho, le salió regular, porque el único momento que se hizo viral de todo el fin de semana fue cuando el expresidente, mientras hacía campaña con él y pasaba por una cancha de baloncesto, agarró un balón y se marcó un triple limpio que corrió por las redes sociales como la pólvora, eclipsando más que apoyando a su amigo Biden, que quedaba como segundón en el momento en el que debería haber acaparado todas las miradas.

Los pocos titulares que se llevó fueron por un desliz en uno de los mítines (confundió el logo del equipo de fútbol Philadelphia Eagles con el de su universidad), que sus detractores no dudaron en explotar. Por su parte, Jill Biden, la potencial primera dama, también hizo gira por otro lado para arañar votos en Florida. Su marido es, desde luego, el candidato de las celebridades, como se ve en las redes de Madonna y Taylor Swift (aunque no precisamente en las de Kanye West). Eso sí, si alguien se está dejando la piel en apoyarle es Glenn Close, que cada día adopta un personaje distinto para pedir el voto demócrata.

Foto:  Joe Biden. (Getty)

Así las cosas, y volviendo a la temática de Halloween, el 3 de noviembre veremos quién acaba dándole calabazas a quién. Si será una noche de terror o tendrá más secuelas que la saga de Michael Mayers. Más de uno habrá encendido velas, no por generar miedo, sino para perderlo. Y más de uno se llevará un susto, eso seguro. Aunque, con todo el lío que hay con el voto por correo, parece que esperando a conocer el ganador más que calabazas, nos darán las uvas.

Ivanka Trump Estados Unidos (EEUU)