70 años de la película que convirtió a Ava Gardner en la reina de la Costa Brava
  1. Celebrities
'pandora y el holandés errante'

70 años de la película que convirtió a Ava Gardner en la reina de la Costa Brava

La película que trajo a la actriz a España cumple siete décadas. El recuerdo de la estrella sigue presente en Tossa de Mar, que la homenajeó con una estatua

placeholder Foto: Ava Gardner, en la costa catalana durante el rodaje. (Getty)
Ava Gardner, en la costa catalana durante el rodaje. (Getty)

Silencio, llega una estrella al rodaje. La primera vez que Ava Gardner puso un pie en la España franquista no fue para irse de copas al mítico Museo Chicote. Tampoco para hacerse arrumacos con Luis Miguel Dominguín. En la primavera de 1950, la diosa del cine, que ya había sido Venus en 'Venus era mujer' o la femme fatale de 'Forajidos', llegó a Tossa de Mar para rodar 'Pandora y el holandés errante'.

Aquella era su primera visita a un país que, en cierta forma, le cambiaría la vida. La película británica, que se estrenó en febrero de hace 70 años y fue llegando a las salas de forma escalonada (a Estados Unidos, por ejemplo, en octubre de 1951), reforzó la imagen de la actriz como beldad de trasfondo melancólico que, más adelante, seguiría explotando en 'Mogambo' (1953) o 'La condesa descalza' (1954).

Foto: Ava Gardner, en 'La condesa descalza'. (Cordon Press)

Pero, antes de aquellas películas, la actriz descubrió una España ensombrecida por la posguerra pero llena de luz y juergas privadas. Fue gracias a esta reinterpretación del mito de Pandora. Nada más llegar a Tossa de Mar, un pueblecito de pescadores que en la cinta se llama Esperanza, Gardner se alojó en el hotel Ancora, hoy desaparecido. Unos días más tarde, el empresario Francesc Draper le ofreció una casa privada para que pudiese estar a sus anchas.

En 1950, la actriz era ya una estrella de categoría que sabía perfectamente lo que quería. Los ejemplos de esa seguridad se pueden enumerar con la historia del rodaje de 'Pandora y el holandés errante'. En uno de los días más intensos de filmación, Ava advirtió al director de fotografía, el genial Jack Cardiff, que el color de su cara podría cambiar debido a la menstruación. Al fin y al cabo, aquella era su primera película en Technicolor y no era cuestión de dejar las cosas al azar. Cardiff, autor de los vibrantes colores de cintas como 'Las zapatillas rojas', no se olvidó de aquel consejo.

En aquel año, la actriz también comenzó a salir con Frank Sinatra y este, muerto de celos, también viajó hasta el municipio catalán. Los vecinos de Tossa de Mar recordaban la pobre excusa que el cantante dio para su estancia en la Costa Brava. Según él, tenía problemas en las cuerdas vocales y necesitaba un lugar cálido y de costa para recuperarse. Parte de verdad había en aquella argumentación: unos días antes, la estrella de ojos azules se había quedado sin voz durante una actuación en el mítico Copacabana. Además, la Metro Goldwyn-Mayer había cancelado su contrato tras éxitos como 'Un día en Nueva York'. Sus celos tampoco eran infundados: en el rodaje de 'Pandora' existía un 'peligro' para la estabilidad de su pareja llamado Mario Cabré. El torero debutó en el cine gracias a la película y su cruce de miradas con Ava Gardner ya anunciaba algo más entre ellos.

placeholder Frank Sinatra, en la década de los 50. (CP)
Frank Sinatra, en la década de los 50. (CP)

En las notas del escritor Peter Evans, que estuvo a punto de biografiar a la estrella, figuraban declaraciones sobre el romance con Cabré que tantos problemas le ocasionó con Sinatra. "Él siempre me hablaba de los chicos con los que sospechaba que yo me acostaba (...). Me acosté con Mario una vez. Era un diablo guapo. Fue solo una noche (...). Estaba borracha. Él era guapo. Fue un terrible error", confesaba Gardner. Lo cierto es que Frank Sinatra aterrizó en España un 11 de mayo de 1950 con la firme intención de saber si su novia, por la cual había dejado a una esposa y tres hijos, tenía un lío con el diestro. Antes de subirse al avión había tratado de ponerse en contacto con ella vía telefónica, con pobres resultados. Cuando llegó a la Costa Brava y comprobó la realidad, por boca de la propia Ava, se puso hecho una furia. Aunque no llegó a las manos con Cabré, sí que "quiso matarlo", según las notas de la actriz. Molesto y algo cansado de la tensión originada por sus celos, el cantante aguantó en Tossa los días suficientes como para participar en una comida organizada por la familia de Francesc Draper en la que la actriz llegó a meterse en la cocina y a servir la mesa.

placeholder Ava Gardner y Sinatra, en Tossa de Mar junto a la mujer de uno de los ejecutivos de Romulus Films. (CP)
Ava Gardner y Sinatra, en Tossa de Mar junto a la mujer de uno de los ejecutivos de Romulus Films. (CP)

Ni siquiera las comilonas o el sol español retuvieron a Sinatra en nuestro país. El fin de semana siguiente, acabó cogiendo las maletas y se fue a París. Con los años, se arrepentiría del viaje, pero también de las escenas de celos y broncas que, unos años más adelante, protagonizaría en el Chicote madrileño. Aunque para entonces el motivo de los celos sería otro hombre (también vestido con capote de grana y oro): Luis Miguel Dominguín.

Sin Sinatra, la actriz fue libre de pasearse por la playa de Tossa, compartir ensayos con su compañero de reparto, el genial James Mason, y aprovechar los ratos libres que tenía para conocer el lugar y enamorarse de él. Cuando llegó el final del verano y del rodaje, Ava Gardner quiso tener un detalle con la familia del empresario que le había cedido aquella maravillosa villa desde la que se podía contemplar toda la costa. Ese obsequio fue un bastón de marfil con sus iniciales que anteriormente había pertenecido a un maharajá de la India. La familia Draper conservó aquel momento con orgullo durante muchos años.

placeholder Ava Gardner y el director de la película, Albert Lewin. (CP)
Ava Gardner y el director de la película, Albert Lewin. (CP)

Siete décadas después de 'Pandora', Tossa de Mar sigue tan enamorada de la figura de Ava Gardner como aquel pintor encarnado por James Mason, obsesionado con su belleza sensual y ultraterrenal. En 1998, la escultora Ció Abellí le dedicó una escultura erigida sobre un mirador en la Vila Vella. Hasta allí se acercan miles de turistas para retratarse con una estatua que, como la de 'Venus era mujer', parece que va a cobrar vida en cualquier momento. La obra se ha convertido en un símbolo de la ingenuidad de un país que recibía los rodajes extranjeros con la ilusión naif de los protagonistas de 'Bienvenido Mr. Marshall'. También es un recuerdo de los primeros pasos de una estrella atípica que se bebió la vida en España, un país que descubrió gracias a la belleza de Tossa de Mar y la Costa Brava.

Hollywood
El redactor recomienda