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FOODIES

Food trucks: los bares ambulantes ya ruedan por España (despacio)

Son bares rodantes. Los caracoles de la gastronomía. Aparcan, levantan la persiana y sacan mostrador. En España, por ahora, solo pueden ir 'de feria en feria'.

Foto: ©Truck Stop London
©Truck Stop London

Suenan a América profunda, a vintage, a perritos calientes en el desierto, ruta 66 y gasolinera. Los food trucks son los gastrobares rodantes, los caracoles de la gastronomía, bistrós a mitad o al final de camino, un on the road en versión culinaria. Se les podría llamar también a la anglosajona street food, porque están pensados para arribar a cualquier aparcamiento, echar el ancla en cualquier acera y hacerse con parroquianos en cualquier plaza. Llegar, tirar de freno de mano, levantar la persiana y enseñar mostrador. Lo que hace Casey’s Pizza en San Francisco, Atridge and Cole Coffee en Belfast (Irlanda del Norte), Cantine California en París (sí también hay camions en la cuna de la nouvelle cuisine), la Bakery California de Milán o la Healthy Yummies de Londres. Es todo un muestrario. Y cuando vemos estos camiones y camionetas, nos entran unas irresistibles ganas de jugar a elegir. Imposible sacarse de la cabeza la canción de Loquillo (y conjugarla): "Yo para ser feliz quiero un camión". Y encima con comida.

VIEJOS COCHES DE BOMBEROS Y EXAMBULANCIAS

Aquí en España, estos cocineros itinerantes, chefs nómadas y empresarios audaces, obligados a ser feriantes y carne de evento deportivo, conciertos y saraos, no lo tienen nada fácil. La legislación les condena a ir de feria en feria y poco más. De momento, están ahí. Y van donde pueden y les dejan. En Nueva York hay tanta tradición (vienen de allí) que hasta están asociados (NYC Food Trucks) y son parte de la decoración, y Londres prepara la segunda edición de su Food Truck Festival of the Summer (4 y 5 de julio, y 1 y 2 de agosto en Wood Wharf), que congregará a 20 de los mejores: viejos coches de bomberos, exautos de policía, antiguas ambulancias y autocarros que fueron repartidores de leche. Estos son algunos:

The Bell and Brisket
The Bell and Brisket

Shawarma Shack
Shawarma Shack

No podemos decir lo mismo de los food trucks españoles. Nuestros bares móviles no son retro. No van pintados de amarillo, ni de azul turquesa o rosa. No exhiben luces de neón ni presumen de antigüedad, como la retrocaravana Lady Luck, que circula por Wellington (Nueva Zelanda)Aunque, en este capítulo de los camiones-bar más setenteros, hay que citar a Rufina e Hijas, que acaban de salir a la carretera con la gallardía del street vintage (Rufina, la matriarca, una Citröen HY, tiene ya 42 años). Solo que su baza es el alquiler.

La afortunada Lady Luck
La afortunada Lady Luck

LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA, UN PALO EN SUS RUEDAS

Con la que está cayendo, esto se llenaría de food trucks, como ha ocurrido en otros países (hay todo tipo de comida callejera: de ostras a comida asiática) si no fuera porque la ley es como un palo metido sus ruedas. Solo reconoce la venta ambulante y siempre que sea en determinados eventos como ferias, fiestas populares y mercadillos. Nada de movilidad absoluta, ni siquiera controlada por los ayuntamientos. Y eso que estos gastrocamiones han cogido la ruta de lo biológico, lo orgánico, local y 100% artesanal. Un salvoconducto que los aleja de ese fast food siempre bajo sospecha.

NO ACELERAN Y NO SIRVEN FAST FOOD

No es fast food, sino todo lo contrario, lo que sirve La Hambroneta, que se mueve sin prisas por Bilbao con su carta de hamburguesas, bocadillos y cookies especiales, con ingredientes de proveedores locales y su Q de Calidad, cosa de Leire Pérez.

Rolling Pita, en manos de Fernando Gaya, que rueda por toda Cataluña, hace gala de menú de comida ecológica (sirve zumos naturales hechos al momento, con sabor a plaza Jemaa el Fna de Marrakech) y de tienda a bordo con productos orgánicos cien por cien. Y que nadie espere la acostumbrada pita. Encontrarás: la Wasabi Boom Boom (nuguets de tofu y alga, arroz basmati, lechuga y mango) o la Discontrol (seitán rebozado, ensalada, arroz rojo, menta y mermelada de frambuesa).

Surcando las carreteras de Cataluña (de momento, comarcas de Osona y Vallès) está Food and Roll, puesto en marcha por Ana Lorenzo, de cuya cocina ambulante lo mismo sale una Veggie Burger (hamburguesa de tofu y garbanzos) que una burguer clásica, eso sí, con carne de ternera de la comarca de Osona y pan ecológico. Para beber, cerveza artesanal.

LOS CHEFS SE SUBEN AL CAMIÓN

Hasta los chefs se han subido al camión. Ahí tenemos a nuestro José Andrés, al volante de la Pepe Food Truck por las calles de Washington. O al que fue chef del Café Gourman de Burdeos, Bruno Oliver, ahora en su flamante By Oliver Truck. Así que lo mejor será no dar nada por supuesto y esperar de estos restaurantes con ruedas mucho más que patatas fritas nadando en su grasa o hiperproteicas hamburguesas. Estamos hablando de otra cosa. 

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