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Llorar es la última moda en los gimnasios

The Class promueve los beneficios de llorar. La catarsis encuentra su sitio en los gimnasios, donde cada vez son más las que se echan a llorar durante las clases.

Foto: Llorar es la última moda en los gimnasios

"Hacer ejercicio libera endorfinas", te dice tu amiga tras salir de su clase de spinning. Miras tu caña con resignación y aguantas que tu querida íntima enumere los beneficios de ir al gimnasio e insista en lo bien que te iría apuntarte para pasar el bache en el que andas sumida. La llamada "euforia del corredor" está contrastada científicamente, ya que las endorfinas se generan durante la carrera y se asocian a las áreas límbicas y prefrontales de nuestro cerebro, esas que intervienen cuando estamos enamorados o escuchamos una canción alegre. Pero para sentir esta euforia, hay que realizar al menos media hora de ejercicio físico intenso. Así que no es suficiente con pedalear en la bicicleta estática mientras echas un vistazo al periódico. La última moda en los gimnasios es llorar en clase. ¿Acaso la endorfina nos ha jugado una mala pasada? ¿No se trataba de liberar nuestra mente y de olvidar nuestros problemas mientras quemamos calorías?

La responsable del llanto al entrenar es The Class, una nueva disciplina de 75 minutos de duración que se define como "una experiencia catártica para el cuerpo y la mente". No hay ni máquinas ni mancuernas: el propio cuerpo es el único instrumento involucrado. Y contra lo que pudiera parecer, no se basa únicamente en meditar o en realizar asanas. La clase aúna cardio, ejercicios de respiración y movimientos de fuerza que esculpen los músculos. La instructora te obliga a abandonar la zona de confort para conocer los patrones que se establecen cuando nos encontramos ahí. Se trata de motivar al cliente para ir más allá de donde cree que es posible llegar y abrace así el cambio, que aseguran es tanto físico como mental. Combina yoga, Bootycamp y meditación, y es habitual ver a sus adeptas bañadas en lágrimas y sudor. "La relación entre el movimiento muscular y las emociones es total y lógica, ya que las emociones son reacciones fisiológicas del cuerpo y están directamente relacionadas con el movimiento, la energía y el sistema nervioso", aclara Ariadne Nathalie, kinesióloga y terapeuta psiconeuroenergética y regenerativa.

Imagen: The Class
Imagen: The Class

Tendemos a tensar el cuerpo para evitar el dolor o al pasar por experiencias negativas. Por ello, determinados ejercicios liberan los músculos y terminan por desbloquear emociones. Una de las clases más populares es SoulCycle, una sesión de spinning que se realiza en una habitación iluminada con velas y que ha enamorado a las celebrities. Se ha convertido en otro de los lugares en los que sus habituales abandonan la bicicleta entre lágrimas. Las emociones procedentes de las áreas viscerales de nuestro cerebro están conectadas con la tensión muscular. Tras realizar un ejercicio intenso y relajar los músculos, las emociones se liberan y pueden dar paso al llanto. "Tendemos a pensar como Descartes y asumimos que la mente y el cuerpo están separados. Por ello, damos por hecho que las emociones no afectan al cuerpo, pero no es así. Hay partes del cuerpo que adoptan una situación de inmovilidad cuando estamos deprimidos. Al movernos, variamos estas posiciones y al liberar al cuerpo, también lo hacemos con las emociones", aclara Eva Pedamonte, directora de entY Estudio de Movimiento.

Determinadas posturas, como 'la postura de la paloma' realizada en yoga, involucran la cadera, que, según los yoguis, es donde se focalizan las emociones. Esa es la razón por la que muchas personas lloran al hacerla. "Un ejercicio físico centrado en realizar posturas corporales de yoga zen puede liberar distintas emociones y devolver el equilibrio óptimo a las funciones relacionadas con órganos y funciones corporales. La tristeza, expresada a través del llanto, está relacionada con la energía del intestino grueso y del pulmón. Representada en movimientos o posturas específicas, al combinar la respiración activa y centrarse en la emoción específica, se produce la liberación del estrés emocional al desbloquear la energía atascada. Muchas veces no somos conscientes de ese estrés o no lo verbalizamos. Desde el punto de vista de la kinesiología y como terapeuta en este campo, trabajo en consulta cómo el estrés psíquico y físico impactan al cuerpo", explica Ariadne Nathalie.

Liberarnos de nuestras emociones no es malo. Las lágrimas contienen magnesio, potasio y prolactina, por lo que llorar reduce el estrés, ayuda a disminuir el colesterol y da un empujón al sistema inmunológico. Mientras que estamos sumidos en una cultura que promulga el entretenimiento y nos incita a desvincularnos de nuestras emociones, esta nueva corriente promueve focalizar nuestras emociones y ser conscientes de nuestro cuerpo y mente al hacer ejercicio. Nada de correr con los cascos para intentar escapar del hecho de que estamos haciendo ejercicio mientras liberamos nuestra mente de las tensiones: hay que convertir el cuerpo en el instrumento hacia la catarsis.

Tara Toomey, instructora de The Class, anuncia que llorar se está convirtiendo en algo habitual en los gimnasios, y no precisamente por el dolor físico. "No ocurre solo en mi clase, sino que ahora ocurre en todos los lugares. Llorar en público puede ser muy incómodo, pero cada vez hay más gente que lucha por hacerlo sin restricciones".

Mientras tanto, la gyrokinesis se basa en cuatro movimientos y se realiza sin equipamiento alguno. El cuerpo actúa como un filtro que no deja salir las emociones o las tensiones, y esta técnica las libera. Por eso, los movimientos terminan por movilizar también sensaciones y pueden desembocar en el llanto. "Nuestras actitudes moldean el cuerpo, porque somos un todo. Hay terapias, como la GDS, que se basan en el comportamiento, y en cómo lo comportamental caracteriza la postura de cada uno", concluye Eva Pedamonte.

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