Dra. Inés Lipperheide: “El ácido hialurónico tiene muchas críticas injustificadas y es el único que cuenta con antídoto”
Durante casi treinta años, el ácido hialurónico ha sido el pilar indiscutible de la medicina estética. Su eficacia, seguridad y versatilidad le han conferido el título
La profundidad a la que se inyecta el ácido hialurónico devuelve unos u otros resultados. (Unsplash/Raghavendra V. Konkathi)
Durante casi treinta años, el ácido hialurónico ha sido el pilar indiscutible de la medicina estética. Su eficacia, seguridad y versatilidad le han conferido el título de sustancia de relleno más usada en el mundo, avalada no solo por resultados visibles, sino también por contar con un antídoto eficaz, la hialuronidasa, capaz de revertir sus efectos en caso necesario. Sin embargo, en los últimos tiempos, esta estrella de la estética ha sufrido un giro inesperado: de ser considerado el mejor aliado para combatir el envejecimiento facial, ha pasado a ser cuestionado, incluso denostado por algunos.
La Dra. Inés Lipperheide, médico estético reconocida en DEMYA Martín del Yerro I Amselem, aporta luz a esta aparente contradicción. Según explica, este fenómeno responde a la rápida evolución del sector estético, donde nuevas tecnologías y compuestos innovadores como exosomas, polinucleótidos o péptidos acaparan el interés y la atención, generando una competencia que relega a un segundo plano a tratamientos clásicos que, sin embargo, mantienen un valor indiscutible.
“En el mundo de la belleza, la innovación es constante, y eso hace que a veces se olviden o incluso se cuestionen los métodos que han demostrado ser efectivos y seguros durante años”, afirma la Dra. Lipperheide. “El ácido hialurónico no va a dejar de ser imprescindible en las consultas de medicina y dermatología estética. Lo que cambia son las expectativas, los objetivos del paciente y las herramientas disponibles para abordarlos. Pero esta sustancia seguirá siendo un pilar fundamental.”
Es importante recordar que el ácido hialurónico es una molécula que forma parte naturalmente de nuestro organismo, presente en tejidos esenciales y responsable de mantener la hidratación, elasticidad y volumen. Con el paso de los años, su producción disminuye, contribuyendo a la aparición de arrugas y pérdida de firmeza. Por eso, su reposición mediante rellenos es tan eficaz para devolver un aspecto rejuvenecido y natural. Además, su capacidad para atraer y retener agua no solo rellena, sino que también mejora la hidratación profunda de la piel.
Pero, ¿qué ha provocado esta mala fama repentina? La Dra. Lipperheide señala dos motivos clave. Primero, el concepto de la “huella estética”: gracias a las tecnologías actuales, es posible visualizar restos de ácido hialurónico años después de su aplicación, algo que puede generar inquietud en los pacientes menos informados. Segundo, la asociación con resultados poco naturales, especialmente el fenómeno de las “caras hinchadas” o “overfilled”, donde el exceso de producto y una mala praxis profesional desvirtúan los efectos y fomentan una imagen negativa. “Este es un problema que más que atribuirse al ácido hialurónico en sí, tiene que ver con la técnica y el criterio del profesional que realiza el tratamiento,” insiste la experta.
Los volúmenes (Launchmetrics Spotlight)
El balance, desde la perspectiva de la Dra. Lipperheide, es claro: el ácido hialurónico sigue siendo un “producto estrella” dentro de la medicina estética, siempre que se use con conocimiento, respeto y ética profesional. Su seguridad, eficacia y la existencia de una vía para revertir el tratamiento lo convierten en una opción fiable y versátil. “Pocos tratamientos pueden presumir de contar con un antídoto tan eficaz y rápido como la hialuronidasa,” añade.
Para los pacientes, la recomendación principal es acudir a especialistas con experiencia y formación acreditada, expresar claramente sus expectativas y resolver todas sus dudas antes de someterse a cualquier procedimiento. La medicina estética debe ser un proceso basado en la confianza y la comunicación transparente.
En definitiva, lejos de ser un producto pasado de moda o inseguro, el ácido hialurónico se mantiene como un pilar fundamental de la estética médica, con un legado de eficacia probado y un futuro asegurado, siempre y cuando se utilice adecuadamente. La “mala fama” que hoy se le atribuye no es más que un reflejo de la evolución del sector y de los desafíos que conlleva mantener el equilibrio entre tradición e innovación en un mercado en constante cambio.
Durante casi treinta años, el ácido hialurónico ha sido el pilar indiscutible de la medicina estética. Su eficacia, seguridad y versatilidad le han conferido el título de sustancia de relleno más usada en el mundo, avalada no solo por resultados visibles, sino también por contar con un antídoto eficaz, la hialuronidasa, capaz de revertir sus efectos en caso necesario. Sin embargo, en los últimos tiempos, esta estrella de la estética ha sufrido un giro inesperado: de ser considerado el mejor aliado para combatir el envejecimiento facial, ha pasado a ser cuestionado, incluso denostado por algunos.