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Trampas para snobs fashionistas: el plan B de la moda

No todas podemos comprarnos un bolso de Chanel, pero gastar 30 euros en una barra de labios de la firma francesa sí es posible. Así nace el éxito del plan B.

Foto: Trampas para snobs fashionistas: el plan B de la moda

No todas podemos comprarnos un bolso de Chanel, pero gastar 30 euros en una barra de labios de la firma francesa sí es posible para una amplia mayoría. La moda encuentra en la belleza con cada vez más asiduidad la varita mágica que permite al gran público echar un vistazo al exclusivo mundo del lujo. Un universo que en realidad no les es accesible, pero que está maquillado (al fin y al cabo, hablamos de cosmética) para que así lo parezca. Los compradores aspiracionales acceden al lobby de la mansión que es la moda con vistosos adornos y puertas doradas que prometen esconder tras ellas maravillosos tesoros. Las colaboraciones de Prabal Gurung o Giambattista Valli para MAC y Christopher Kane para NARS son algunos de los ejemplos de este tour que la belleza organiza por los grandes palacios de la moda.

Porque ¿qué pasaría si hubiera diseños lo suficientemente asequibles como para que el gran público pudiera permitírselos? La respuesta a esta pregunta es la que explica cómo las fundas de firma de móviles se han convertido en los nuevos it bags para el público mainstream y cómo el tamaño importa más que nunca en la moda. Cuanto más pequeño e insignificante sea el objeto de marca, más éxito tendrá. Eso sí, para ser un superventas, necesita algunos requisitos: un logo visible, unas características que lo relacionen con una colección icónica de la marca y un tamaño que permita blandirlo y exhibirlo ante cualquier flash como si de una placa policíaca se tratara.

Marc Jacobs pareció plantearse esa cuestión cuando lanzó sus Marc Jacobs latex condoms, profilácticos de la firma que se vendían en sus tiendas a un euro. La hermana pequeña de la casa, Marc by Marc Jacobs, encontró en los accesorios sin importancia su mejor fuente de ingresos. Anillos de 58 dólares (en los que se podía leer bien claro MBMJ, claro, que la gracia está en que sean de marca), cintas del pelo con charms de la firma por 32 dólares o llaveros por 48 dólares son algunas de las piezas que aseguran las ventas de la casa americana.

Y qué decir de las fundas para tablets, que, por 58 dólares, pueden pasar por bolsos de inspiración naíf de la casa. Para el consumidor aspiracional, estos accesorios secundarios son bocados de un estilo de vida con el que sueñan. Y en la generación de los millennials, no solo se busca la calidad, sino la novedad. Los nuevos compradores ansían estar siempre al día de las cambiantes tendencias y estos pequeños retazos del diseño caduco son su mejor baza.

Uno de los accesorios más populares de Chanel resulta no ser de Chanel. Hablamos de la funda de móvil 'lego' que emula los bolsos de la firma francesa presentados en la colección primavera-verano 2013. Sus precios oscilan entre los 7.100 euros del clutch de colores de la firma hasta los 9.450 euros que aparecen en la etiqueta del modelo con perlas. Los inasequibles diseños se convirtieron inmediatamente en piezas de deseo. De repente, los blogs de street style se llenaron de fundas de móvil 'lego' de Chanel y de botellas de No. 5 como guardianes de los iPhone. ¿La sorpresa? Chanel no los fabrica, por lo que todos son falsos. Pero su éxito ha sido inmenso: las amantes de la moda pueden llevar unas de las piezas más deseadas de la maison sin necesidad de grandes desembolsos económicos. Incluso Anna Dello Russo, cuyos armarios están plagados de diseños de las mejores firmas, ha bromeado al fotografiarse con su clutch 'lego' real como si de una funda de móvil se tratara.

Karl Lagerfeld, por su parte, ha sabido sacar provecho del hecho de que su gato Choupette está irremediablemente ligado a su imagen y, por ende, a la de Chanel. En su colección 'cápsula', Lagerfeld incluyó gorros de punto con la cara de su minino por 45 euros y bolsos del gato en cuestión por 340 euros. Se trata de accesorios asequibles que cuentan con el beneplácito de uno de los titanes de la moda. ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más da, en definitiva, que los bolsos no tengan el acolchado chanelero, la cadena de la firma o el tweed como material estrella?

Jeremy Scott ha sabido ver la magia de este negocio en sus colecciones para Moschino. Las fundas de móvil de McDonalds y Barbie se agotaron en cuestión de minutos en su web. En Net-à-porter puedes hacerte con la funda de patatas fritas por 85 dólares, y tiene todo lo que las fashionistas aman: la firma bien visible y un diseño icónico que todos relacionan con el emporio. "Una firma inteligente sabe la importancia de desarrollar un negocio que aporte beneficios sin perder las señas de la marca", afirma Milton Pedraza, CEO del Luxury Institute, una firma consultora.

Gran parte del éxito de las colaboraciones de las grandes marcas con firmas low cost viene precisamente de la posibilidad de tener algo de los grandes por poco dinero. ¿Acaso ha sido casualidad que las sudaderas de Alexander Wang para H&M, en las que se lee bien grande WANG, se agotaran en minutos? ¿O que un llavero de nueve euros de la colección volara de las tiendas enseguida?

El éxito de Michael Kors y Coach radica en que ya no se necesita una clientela rica para vender bienes de lujo. De lujo asequible, eso sí. Mientras que Michael Kors vende su modelo Weston por 300 dólares, Gucci vende su Jackie por 2.650 dólares. Comparten ciertas similitudes estéticas, pero la marca neoyorquina permite a sus clientas dar un sorbo de la clase alta con precios adecuados a la clase media. “Por supuesto, un bolso de 500 dólares sigue siendo caro, pero no tanto como un diseño de 4.000 o 5.000 dólares. Así puedes mantenerte en el circuito de moda sin los remordimientos asociados a desembolsos tan inmensos", afirma Ken Downing, director de moda de Neiman Marcus. “Esto no quiere decir que las chicas dejen de querer tener bolsos de Chanel o de Céline, pero sí que adoran la idea de que existan otras opciones a precios asequibles".

Y de sorbitos a bocados: los bolsos inspirados en las míticas cajas de cereales Kellogs de Anya Hindmarch tienen lista de espera, pese a que el clutch cuesta 995 libras y el maxibag -agotado en la web- ascienda a los 2.295 libras. La firma ha lanzado la venta limitada de cajas de cereales diseñadas por Hindmarch, para que los amantes de la firma, por 3 libras, puedan tener sus propios cereales de marca. 

Y así, reuniendo algunos euros, los amantes de la moda pueden presumir de tener pinceladas de las grandes marcas. Cuando el fotógrafo de turno les haga posar en plena fashion week a la llegada de cualquier desfile, con sacar su funda de móvil de Moschino, nadie se fijará en que su bolso es de Zara, no de Chanel.

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