Es noticia
Menú
"Un autobronceador low cost que funciona y otras recomendaciones para coger color", la Directora de Belleza dixit
  1. Estilo
  2. Moda
CONFÍA CON C

"Un autobronceador low cost que funciona y otras recomendaciones para coger color", la Directora de Belleza dixit

Mi piel ha alcanzado un tono que no hace pasar vergüenza cada vez que me pongo una falda para ir al trabajo

Foto:
"Un autobronceador low cost que funciona y otras recomendaciones para coger color", la Directora de Belleza dixit. (VA Diseño)

Hay dos tipos de personas cuando empieza el calor. Las que en cuanto sale un rayo de sol ya parecen recién aterrizadas de Formentera y las que, como yo, seguimos teniendo el mismo tono que una barra de pan de molde olvidada en la encimera. Yo pertenezco claramente al segundo grupo. Y además con agravante: soy bastante maniática. Mucho. Mis amigas lo saben, mi peluquera lo sabe y probablemente también lo sepan las farmacéuticas de mi barrio. Lourdes, perdón.

Con los autobronceadores tengo una relación especialmente complicada. Supongo que porque crecí viendo demasiados desastres estéticos de principios de los 2000. Aquellas piernas naranjas. Las manos sospechosamente oscuras, que se lo digan a mi jefe, Nacho Gay, que tuvo ese problema el año pasado. Y luego el olor. Esa mezcla entre galleta húmeda y laboratorio químico que permanecía horas flotando. Así que nunca conseguí incorporarlos a mi rutina de forma normal. Prefería ir blanca antes que parecer una turista británica mal iluminada.

TE PUEDE INTERESAR

Pero este año pasó algo. Primero: he empezado a enseñar pierna antes de tiempo porque, aunque en mi oficina el aire acondicionado parece diseñado por una empresa de congelados industriales, fuera ya hace calor serio. Segundo: me vi un día con luz natural. Error. Ahí entendí que necesitaba ayuda cosmética urgente.

Así que hice algo que hago bastante cuando entro en crisis beauty: meterme a revisar novedades como si estuviera preparando una tesis doctoral. Leí fórmulas, texturas y opiniones hasta encontrar uno que, sinceramente, parecía diseñado para gente como yo: personas con miedo real al efecto croqueta.

No me desperté morena. Y eso, en términos de autobronceador, ya me parece prácticamente ingeniería aeroespacial.

Lo probé con cautela. De hecho, ni siquiera confié plenamente en sus instrucciones y terminé robándole el guante aplicador a otra marca clásica porque hay hábitos que una no abandona. Y tengo que decir algo importante: funcionó. No me desperté morena. Y eso, en términos de autobronceador, ya me parece prácticamente ingeniería aeroespacial.

Lo confirmé de la manera más fiable posible: enseñándole las piernas disimuladamente a mi compañera Ángela en la oficina esperando una reacción sincera. Me dijo exactamente lo que yo quería escuchar: “Tienes buen tono”. Buen tono. Ahí entendí que los autobronceadores han mejorado muchísimo. Va más de corregir el aspecto apagado, dar algo de luz y evitar ese color de final de invierno perpetuo que a veces hace que incluso un vestido bonito parezca triste. Y lo mejor es que muchos han conseguido resolver el gran drama histórico: el acabado artificial. Vamos a hablar de los que recomiendo:

placeholder
Mixa
Comprar aquí

El que me ha hecho recuperar la fe ha sido el de Mixa. Tiene textura de loción corporal sencilla, no hace falta tener un máster para aplicarlo y deja un color progresivo bastante convincente. Lo interesante es que no intenta acelerar el proceso ni crear un bronceado extremo. Va poco a poco y eso juega completamente a su favor. Además, la fórmula resulta bastante cómoda para diario porque hidrata bien y no deja esa sensación pegajosa que hace que acabes arrepintiéndote a los tres minutos.

placeholder
Rituals
Comprar aquí

Muy distinto es el enfoque de Rituals con su espuma autobronceadora de la línea Karma. Aquí ya entramos en una experiencia mucho más sensorial. La textura mousse se extiende fácil y tiene ese punto ligero que da menos miedo que las cremas densas. Pero probablemente lo mejor es el aroma, porque consigue disimular bastante el clásico olor autobronceador que tantas siguen odiando. El resultado queda luminoso y bastante uniforme, especialmente en piernas. Tiene algo de producto de verano bonito que apetece usar incluso aunque no necesites urgentemente color.

placeholder
Nuxe
Comprar aquí

Nuxe, en cambio, ha ido hacia el formato más elegante posible: un sérum autobronceador pensado casi como tratamiento facial. Y tiene sentido porque mucha gente sigue teniendo verdadero terror a aplicar autobronceador en la cara. Aquí el acabado es muy gradual y bastante natural. No deja la piel anaranjada ni modifica radicalmente el tono de un día para otro. Más bien da ese efecto de “he descansado y he salido a pasear” que queda mucho más sofisticado que un bronceado evidente. Además, la textura es muy ligera y no interfiere demasiado con el resto de cosméticos.

placeholder
Caudalíe
Comprar aquí

Las gotas solares de Caudalie siguen funcionando muy bien para quienes necesitan controlar absolutamente todo, son para el rostro. Uno de esos productos pensados para las desconfiadas. Tú decides cuánto mezclas y dónde. Eso reduce muchísimo el margen de error y permite adaptar el tono según el momento del año. Mezcladas con la hidratante habitual dejan un resultado bastante creíble y más transparente que otros formatos clásicos. Ideales para quien no quiere compromiso emocional con el autobronceador.

placeholder
Clarins
Comprar aquí

Clarins lleva años siendo una referencia en este terreno y se nota. Sus gotas concentradas para cuerpo son probablemente de las fórmulas más cómodas para quienes ya tienen cierta rutina establecida. La textura se integra bien con cualquier crema corporal y el acabado tiende más al tono dorado elegante que al moreno agresivo. Algo importante porque muchas veces el problema no es ir morena, sino parecer ligeramente fluorescente bajo ciertas luces.

placeholder
Sensai
Comprar aquí

Luego está Sensai, que juega en otra liga completamente distinta. Aquí el autobronceador se acerca más a un producto de tratamiento de lujo que a un simple acelerador de color. La textura es rica, muy sensorial y deja la piel especialmente bonita incluso antes de que aparezca el tono. El acabado resulta suave, luminoso y bastante sofisticado. Y honestamente, se nota que detrás hay una formulación más compleja porque el color evoluciona de manera muy uniforme. Además tiene ese perfume delicado que hace que aplicarlo parezca más un ritual de cuidado que una corrección estética urgente.

placeholder
St. Tropez
Comprar aquí

Y para las impacientes existe St. Tropez, que sigue siendo una especie de clásico moderno dentro de esta categoría. Su mousse con color inmediato tiene algo muy práctico: ves exactamente dónde lo estás aplicando. Eso reduce muchísimo las posibilidades de desastre. Funciona especialmente bien para eventos, vestidos o días en los que necesitas efecto rápido sin esperar horas. El acabado tiene bastante brillo saludable y evita el aspecto mate extraño que algunos autobronceadores dejan sobre la piel.

Supongo que al final he acabado entendiendo algo bastante simple: el problema nunca fueron los autobronceadores. El problema eran los malos autobronceadores. Y también nosotras, que durante años quisimos pasar de “invierno en Madrid” a “tres semanas en Tulum” en una sola aplicación. Ahora las fórmulas son más inteligentes y, sobre todo, más realistas. Ya no intentan transformarte. Solo ayudarte un poco.

Hay dos tipos de personas cuando empieza el calor. Las que en cuanto sale un rayo de sol ya parecen recién aterrizadas de Formentera y las que, como yo, seguimos teniendo el mismo tono que una barra de pan de molde olvidada en la encimera. Yo pertenezco claramente al segundo grupo. Y además con agravante: soy bastante maniática. Mucho. Mis amigas lo saben, mi peluquera lo sabe y probablemente también lo sepan las farmacéuticas de mi barrio. Lourdes, perdón.

Tendencias de belleza