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Crítica de 'And Just Like That...' (T3): el derivado de 'Sexo en Nueva York' sigue en piloto automático pero por fin encuentra su sitio
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Crítica de 'And Just Like That...' (T3): el derivado de 'Sexo en Nueva York' sigue en piloto automático pero por fin encuentra su sitio

La serie sigue sin ser tan buena o rompedora como 'Sexo en Nueva York' pero al fin se ajusta a nuestros tiempos sin parecer un panfleto ni tener a personajes que parecen mensajes andantes

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Comentaba Cynthia Nixon, Miranda para los amigos, que 'Sexo en Nueva York' ha envejecido mal y que algunas de sus referencias al mundo LGTBIQ+ ahora le dan vergüenza. El 'cringe' es comprensible. Pasa lo mismo con muchos productos culturales nacidos en un siglo pasado que aún no estaba del todo educado en inclusividad, tolerancia y respeto.

Aunque, en el caso de 'And Just Like That...', esa inclusividad haya resultado tan forzada que rozaba la parodia casi tanto como la última 'Blancanieves' de Disney. Y lo peor de todo: desvirtuaba a unos personajes con los que llevamos conviviendo más de un cuarto de siglo, que se dice pronto.

Excuse me, pero...(SPOILER alert para aquellos que se quedaron en 'Sexo en NY') ¿Miranda lesbiana? ¿Charlotte aceptando a sus hijes (aunque no sin cierto esfuerzo)? ¿Carrie olvidando tan pronto su viudedad después de darnos la brasa durante seis temporadas y dos películas con el mismo hombre? ¿Quizá esto último tenía algo que ver con las acusaciones de abuso sexual hacia Chris Noth, el actor que interpretaba a Big?

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placeholder Carrie y Miranda, a la carga de nuevo. (Max)
Carrie y Miranda, a la carga de nuevo. (Max)

Políticamente correcta o no, la ficción televisiva que comenzó a finales de los 90 era una joya rosa y aspiracional, además de una comedia gamberra y algo punk. Como si Woody Allen hubiese bajado algunos grados de intelectualidad psicoanalítica y le hubiese dado una visión femenina a sus historias de la Gran Manzana.

Por primera vez, un grupo de treintañeras que se sentaban juntas a hablar de sexo con franqueza. Y de paso, nos hacían soñar con un Manhattan que probablemente no exista para nadie.

'And Just Like That...' solo ha sido un pálido reflejo de aquello. Dos películas para el cine, el 'Me Too', las redes sociales y unos cuantos años de por medio han dado a Carrie Bradshaw y compañía cierta trascendencia emocional que en la serie original solo aparecía de cuando en cuando y de manera más orgánica (aquel melancólico 35 cumpleaños de Carrie, el cáncer de Samantha...). Aquí hay menos humor y más emotividad de catálogo, de comedia romántica de sábado por la tarde.

Tras dos temporadas, los creadores de este derivado de un icono televisivo siguen sin ofrecer algo tremendamente original, pero hay que decir que 'And Just Like That...' ha encontrado por fin su sitio. Y para ello, han tomado unas cuantas decisiones acertadas: adiós a Che Díaz, que tantas antipatías despertó y a quien muchos acusaron de desdibujar el personaje de Miranda (como si los cambios de orientación sexual no existieran a cualquier edad o dichos cambios no fuesen una decisión propia).

Evitando todos los spoilers posibles, diremos que la abogada navega, en estos seis primeros capítulos de esta nueva temporada, entre una monja a la que da vida Rosie O'Donnell y una atractiva amiga de la BBC por la que se siente atraída. Cierto conflicto (muy light, no se asusten) de Miranda con Carrie nos recordará a 'Sexo en Nueva York'.

Esta última, por cierto, se preguntará si su relación con Aidan puede sobrevivir a la distancia y a sus hijos. Y también encontrará un vecino muy particular y una nueva vía para desarrollar su talento literario.

Charlotte, por su parte, deja atrás los (también forzadísimos) asuntos de identidad de sus hijes y en estos capítulos la veremos realmente preocupada por un problema familiar de otra índole. Un obstáculo que, atención todos, deja muy arriba la historia al final del sexto capítulo.

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placeholder Carrie y Aidan (FOTO 2) y la columnista junto a Miranda y Charlotte (FOTO 1). (Max)
Carrie y Aidan (FOTO 2) y la columnista junto a Miranda y Charlotte (FOTO 1). (Max)

Y Seema Patel y Lisa Todd, la agente inmobiliaria devorahombres y la documentalista afroamericana y exitosa; dos personajes que nacieron para cumplir ciertas cuotas de diversidad y que la serie no fuese más blanca que el Ariel, por fin encuentran tramas a su altura.

La primera se pregunta si su mala suerte en el amor es, como insinúan algunos que la rodean, una especie de castigo por su excesivo compromiso laboral. La segunda ve crecer la distancia con su marido a causa, precisamente, de la actividad profesional.

Y como decíamos, no volvemos a ver Che Diaz y se evitan las secuencias que hacían de lo woke un esperpento. 'And Just Like That...' se ajusta a nuestros tiempos sin parecer un panfleto ni tener a personajes que parecen mensajes andantes.

Y lo hace con diálogos trabajados y cierto gusto que recuerda a las comedias dignas, aquellas en las que la ruptura del cristal de una ventana (y la decisión de cómo repararlo, ante la imposibilidad de que vuelva a ser como antes) puede servir como metáfora de una quebradiza relación de pareja.

placeholder El póker de cinco de 'And Just Like That...' vuelve a la acción. (Max)
El póker de cinco de 'And Just Like That...' vuelve a la acción. (Max)

Es un hecho que 'And Just Like That...' nunca será tan buena o tan rompedora como 'Sexo en Nueva York' y que, poniéndonos escrupulosos, no tiene ninguna razón de ser más allá del cariño que le tenemos a los personajes.

Pero también es cierto que en esta tercera temporada parece haber encontrado por fin su hueco, como ese paquete de pipas que, pese a estar empachado, te acabas comiendo por inercia.

Un lugar en nuestras preferencias pese a ramalazos de humor bochornoso como el de la panadería donde sirven chulazos gays marcando paquete. Querida Cynthia Nixon, en el futuro, cuando la cosificación de los hombres esté tan mal vista como la de las mujeres, eso también hará que 'And Just Like That...' te provoque vergüenza ajena.

Comentaba Cynthia Nixon, Miranda para los amigos, que 'Sexo en Nueva York' ha envejecido mal y que algunas de sus referencias al mundo LGTBIQ+ ahora le dan vergüenza. El 'cringe' es comprensible. Pasa lo mismo con muchos productos culturales nacidos en un siglo pasado que aún no estaba del todo educado en inclusividad, tolerancia y respeto.

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