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Crítica de 'Anatomía de un instante', la serie del 23-F que replantea el relato oficial de la Transición
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ESTRENO ESTE JUEVES 20 DE NOVIEMBRE

Crítica de 'Anatomía de un instante', la serie del 23-F que replantea el relato oficial de la Transición

Alberto Rodríguez vuelve a demostrar su habilidad para el thriller político en una serie de grandes interpretaciones y ritmo frenético que anima a reinterpretar algunos de los hechos más importantes de la historia reciente de nuestro país

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"Sabías moverte por una dictadura porque venías de allí. Pero por una democracia no". La frase que uno de los personajes secundarios de 'Anatomía de un instante' le suelta a un Álvaro Morte perfectamente caracterizado como Adolfo Suárez es un ejemplo de lo que ofrece este relato del 23-F centrado en cuatro figuras capitales de la Transición: los héroes para unos fueron los villanos para otros.

Como la novela de Javier Cercas que adapta, la serie de Alberto Rodríguez, uno de los puntales de nuestra ficción y del thriller político de sello cañí, teoriza sobre aquella jornada de militares con metralleta en mano en el epicentro político de nuestro país. También sobre aquellos convulsos años de los que, inexplicablemente, aún existen documentos sin desclasificar.

Esa hipótesis basada en hechos reales y en cuatro puntos de vista mueve y remueve aquellos días en los que los militares veían cómo sus privilegios desaparecían al tiempo que ellos intentaban mantener la retórica de la España con olor a sacristía a toda costa.

La serie dedica un capítulo a cada uno de los que el guion define como los tres grandes 'traidores' (a los suyos y por un beneficio mayor llamado democracia): el propio Suárez, Santiago Carrillo (Eduard Fernández) y el militar Gutiérrez Mellado (Manolo Solo).

Completando el coro, el rey Juan Carlos (Miki Esparbé), y los golpistas Milans del Bosch (Óscar de la Fuente), Juanma Navas (Alfonso Armada) y ese Antonio Tejero (David Lorente) que, pistola en mano y al grito de '¡Quieto todo el mundo!', irrumpió en el Congreso de los Diputados y reforzó, muy a su pesar, la idea de que aquella España de alas quietas y vendas negras sobre carne abierta (Cecilia dixit), tenía los días contados.

placeholder 'Anatomía de un instante', una serie de mesas de despacho y diálogos cargados de intenciones. (Movistar Plus )
'Anatomía de un instante', una serie de mesas de despacho y diálogos cargados de intenciones. (Movistar Plus )

La miniserie se construye a través de una explicativa voz en off (necesaria y funcional para no perder el norte entre tanto tejemaneje político y ante una ficción, la española, que no ha sido demasiado prolífica a la hora de explicarnos ese periodo) y numerosos flashbacks que relatan los pormenores de las hazañas de sus protagonistas.

placeholder Eduard Fernández es Santiago Carrillo en 'Anatomía de in instante'. (Movistar Plus)
Eduard Fernández es Santiago Carrillo en 'Anatomía de in instante'. (Movistar Plus)

El cuarto capítulo, el último, varía el tono y se mete de lleno en el juicio realizado a los rancios militares que habían desafiado al Estado; a aquellos hombres que, en otra línea temporal, nos habrían devuelto al oscurantismo de la dictadura.

Ese es quizá el mejor capítulo de todos, el que trae con fuerza a personajes como Alfonso Armada, o abunda en sarcasmos transmitidos por esa voz en off que, a lo 'Barry Lyndon', ironiza o subraya lo que está viendo el espectador. Los saltos al pasado que vienen a desmentir lo que declara Antonio Tejero ante el tribunal, desenmascarándole por completo, son otro de los aciertos de ese desenlace.

placeholder Alberto Rodríguez en el pasado Festival de Sevilla, donde fue galardonado. (EFE /Julio Muñoz)
Alberto Rodríguez en el pasado Festival de Sevilla, donde fue galardonado. (EFE /Julio Muñoz)

Descubrir las bondades técnicas de Rodríguez, uno de esos directores que han llenado de buenos títulos el reciente cine español ('La isla mínima' y otras tantas), no es ninguna novedad. La fotografía grisácea, los ocres de despachos de madera en los que se fuma demasiado o la cuidada planificación son, por tanto, esperables por cualquiera que haya visto alguna de sus películas.

Pero a esto hay que añadirle la valentía, ya presente en la novela de Cercas, de desmitificar a las figuras sacras de la Transición y aquello que hicieron; a la voluntad de convertirles en seres humanos a partir de teorías como aquella que afirma que el rey don Juan Carlos no fue del todo ajeno al Golpe de Estado o que Adolfo Suárez, el Vicesecretario general del Movimiento transformado en baluarte de la nueva democracia, también jugó sus cartas por conveniencia política y no solo por verdadera convicción.

placeholder El Adolfo Suárez de la ficción en 'Anatomía de un instante'. (Movistar Plus )
El Adolfo Suárez de la ficción en 'Anatomía de un instante'. (Movistar Plus )

Como ocurre con otras figuras beatificadas de la política, de Abraham Lincoln a John Fitzgerald Kennedy, las intenciones de estos hombres fueron más allá del bien común, aunque este estuviera implícito en todo lo que hicieron.

Lo que nos viene a decir 'Anatomía de un instante', mediante una gramática visual de thriller político y un ritmo frenético, es que esos tres 'traidores' que impulsaron la democracia fueron tan buenos para unos como malos para otros. Como decía Margaret Atwood en 'El cuento de la criada', lo mejor nunca es mejor para todos.

A esa narrativa de lo que se cocía entre despachos contribuyen unas interpretaciones sobresalientes ayudadas por un maquillaje milagroso. Cuesta ver a Álvaro Morte o a Eduard Fernández, y no a Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, por ejemplo. Incluso el personaje del rey emérito, el más parodiable y más carne del 'Muchachada Nui' de turno, tiene en Miki Esparbé un representante de altura para captar todos sus matices.

placeholder Manolo Solo (i) como Gutiérrez Mellado y Álvaro Morte como Adolfo Suárez en 'Anatomía de un instante' (Movistar ).
Manolo Solo (i) como Gutiérrez Mellado y Álvaro Morte como Adolfo Suárez en 'Anatomía de un instante' (Movistar ).

Esos matices se centran en lo mucho que fuman muchos personajes, en la amistad refrendada a través de imaginarios actos de intimidad (ese baile entre parejas con el 'Me olvidé de vivir' de Julio Iglesias de fondo) o en diálogos ("¿Cárcel o gloria?" o "Un buen militar no se rinde nunca") que muestran la excelencia de un guion estructurado con mano de hierro.

Salpicando todos esos elementos, metáforas llenas de fineza como la de la mesa de billar que anticipa pactos políticos o el lavabo sucio tras el afeitado; simbologías que convierten a esta en una magnífica ficción que refuta o más bien replantea el relato oficial de la Transición o del mismo 23-F.

Una serie que viene a contarnos que la Democracia con mayúsculas se abrió paso y se impuso por encima de sus peones y de sus miserias humanas; por encima de esa diferencia, a veces abismal, entre lo que nos contaron los libros de historia y lo que sucedió realmente.

"Sabías moverte por una dictadura porque venías de allí. Pero por una democracia no". La frase que uno de los personajes secundarios de 'Anatomía de un instante' le suelta a un Álvaro Morte perfectamente caracterizado como Adolfo Suárez es un ejemplo de lo que ofrece este relato del 23-F centrado en cuatro figuras capitales de la Transición: los héroes para unos fueron los villanos para otros.

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