Estos son los jardines junto al mar más bonitos y mejor adaptados del mundo
El diseño de jardines en zonas costeras gana protagonismo como respuesta al cambio climático, combinando estética, adaptación y resistencia en espacios donde el viento, la sal y el mar imponen condiciones extremas. Que nada frene la belleza
Portofino, Italia. Jardín suspendido entre la roca y el mar donde la vegetación se adapta a la caída natural del terreno. (Clive Nichols)
El jardín ya no es solo un espacio ornamental. En muchas zonas del planeta, especialmente en la costa, se ha convertido en un laboratorio donde se ensayan formas de convivir con condiciones climáticas extremas. Viento constante, suelos pobres, salinidad y cambios bruscos de temperatura obligan a replantear cómo se diseña un jardín y qué especies pueden sobrevivir en él.
El libro ‘Jardines junto al mar’, bellamente publicado por la editorial Phaidon, recoge 48 ejemplos repartidos en seis continentes que muestran cómo estos entornos, lejos de ser una limitación, pueden generar propuestas paisajísticas singulares. Desde acantilados mediterráneos hasta las costas de California o Australia, los proyectos comparten un mismo enfoque: adaptarse al lugar en vez de transformarlo.
En estos jardines, la estética surge precisamente de esa adaptación. Las plantaciones priorizan especies resistentes, como gramíneas o arbustos autóctonos, capaces de soportar la exposición continua. El resultado son composiciones donde el color, la textura y el movimiento responden tanto al diseño como al clima. En algunos casos, como jardines en terrazas o laderas, el propio terreno se utiliza para proteger las plantas y crear microclimas.
En el Bahía Azul Garden, de Los Vilos, Chile, frente al Pacífico, el paisaje se construye con especies resistentes y una composición abierta que dialoga con la aridez, integrando el jardín en la escala del territorio.
En cuanto al Ermioni Garden, en la península de Argólida, Grecia, en un entorno marcado por el calor y la sequedad, la combinación de arbustos y árboles autóctonos genera refugios de sombra y contraste, donde cada planta cumple una función climática.
Una reflexión sobre el futuro del paisajismo
Más allá de lo visual, estos espacios plantean una reflexión sobre el futuro del paisajismo. En un contexto de cambio climático, la jardinería costera anticipa soluciones que podrían extenderse a otros entornos: menor consumo de agua, mayor resiliencia y una relación más directa con el paisaje natural.
Algunos proyectos integran además la arquitectura en el entorno vegetal, diluyendo los límites entre vivienda y jardín. Así, el espacio exterior deja de ser decorativo para convertirse en una extensión habitable.
Aquidneck Island Garden (Anthony Crisafulli) y South Seas Garden (Derek Swalwell).
El Aquidneck Island Garden, en Rhode Island, Estados Unidos, es un jardín contemporáneo que ordena el paisaje costero con líneas limpias y vegetación adaptada, equilibrando diseño y resistencia frente a las condiciones atlánticas.
Por su parte, en el South Seas Garden, de Somers, Australia, la plantación acompaña la proximidad del mar con especies locales que fijan el terreno y suavizan la transición entre la vivienda y la playa.
Villa Kyhl (Jason Ingram).
En una costa más fría y expuesta, en Villa Kyhl, Österlen, Suecia, el jardín se abre al horizonte con una vegetación contenida que resiste el viento y subraya la relación directa con el paisaje.
'Jardines junto al mar', editado por la prestigiosa Phaidon.
En conjunto, estos jardines muestran que la belleza no depende de condiciones ideales, sino de la capacidad de trabajar a favor del entorno y no contra él. Y para quienes aún sueñan con su jardín merecido, ese trozo de tierra llamado a convertirse en su forma más honda de estar en el mundo, solo cabe una recomendación: paciencia, porque todo llega. Ese pequeño espacio, con sus imperfecciones, llegará y será el más pleno de todos, no solo por la belleza que contenga, sino por todos los anhelos sembrados en él a lo largo de la existencia.
El jardín ya no es solo un espacio ornamental. En muchas zonas del planeta, especialmente en la costa, se ha convertido en un laboratorio donde se ensayan formas de convivir con condiciones climáticas extremas. Viento constante, suelos pobres, salinidad y cambios bruscos de temperatura obligan a replantear cómo se diseña un jardín y qué especies pueden sobrevivir en él.