Villa Favorita, el último quebradero de cabeza de la herencia Thyssen
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Villa Favorita, el último quebradero de cabeza de la herencia Thyssen

La mansión en la que vivió el barón durante décadas fue heredada por la baronesa Thyssen, que la vendió en 2014. Sin embargo, aún quedaba un asunto (millonario) pendiente

Foto: Villa Favorita, la mansión suiza donde creció Heini Thyssen.
Villa Favorita, la mansión suiza donde creció Heini Thyssen.

Ahora que celebramos el centenario del nacimiento del barón Thyssen, uno de los empresarios y mecenas más relevantes de la Europa del siglo XX, no podemos obviar la fabulosa historia de cómo sus descendientes tramitaron el reparto de su herencia pocas semanas antes de su muerte en un acuerdo bautizado con el pomposo nombre de pacto de Basilea. Los abogados del linaje anunciaron el acuerdo en febrero de 2002. "La familia lamenta enormemente que ciertas desavenencias hayan conducido al inicio de procedimientos legales, de los cuales se ha desistido y se encuentran actualmente archivados", anunciaron. Bajo una estricta confidencialidad, los cinco hijos y la familia de Heini llegaron a un trato sobre el reparto de más de 3.000 millones de euros en que se cifraba entonces la fortuna del barón. "Tras el acuerdo de Basilea, toda duda está disipada y terminada. Con la conciliación se ha puesto orden, que es lo que quería mi esposo", zanjó Carmen.

La baronesa Thyssen se quedó con la propiedad de Villa Favorita, probablemente una de las casas particulares más bellas del continente. Construida en el siglo XVII por el diplomático Karl Konrad von Beroldingen, la finca supera los 35.000 metros cuadrados y se compone de varias edificaciones. En 1932 el barón Heinrich Thyssen-Bornemisza, padre de Heini, compró la propiedad. Él fue quien llevó a cabo la construcción de la Galería del Museo, con 20 salas donde, durante años, estuvo su magnífica colección de arte.

placeholder Carmen Thyssen y el barón, en Villa Favorita. (Gtres)
Carmen Thyssen y el barón, en Villa Favorita. (Gtres)

Heini heredó con 26 años tanto la colección de arte de su padre como la gestión de las industrias familiares. "Durante la década siguiente, y con el apoyo de un eficiente equipo gestor, logró recuperar el imperio industrial y financiero que había quedado sensiblemente deteriorado por la guerra; revitalizó los astilleros holandeses y alemanes de la familia y construyó en Alemania una mina de carbón y una central hidroeléctrica. Una vez saneados los negocios, decidió vender la mayor parte de sus intereses en el sector de la industria pesada e invertir en nuevas áreas de rápido crecimiento en los Estados Unidos. Fundó el TGB (Thyssen Bornemisza Group), un complejo entramado empresarial con 250 firmas agrupadas en ocho sectores de actividad que recorrían desde las altas tecnologías informáticas hasta la maquinaria agrícola", se lee en una completa biografía publicada en Mcnbiografias.com.

Foto: La baronesa Thyssen, en el Museo. (Getty)

Villa Favorita fue escenario del esplendor de una época. Allí el aristócrata y la baronesa ejercían de anfitriones con la lista A de la alta sociedad financiera europea, a la que invitaban a cócteles exclusivísimos en sus espectaculares jardines, todos embriagados por las sobrecogedoras vistas del lago Ceresio. Pero el eco de aquellos bailes se apagó con el fallecimiento del barón, y al final del empeño de la señora Thyssen en mantenerla y cuidarla, la mansión y sus terrenos se convirtieron en un cúmulo de recuerdos colgados del cuello de Carmen.

Cuando los barones decidieron en 1993 sacar la colección de la mansión suiza para llevarla a Madrid, Carmen se convirtió en una heroína para el pueblo español (que la disfruta desde entonces), pero a la vez se ganó la enemistad perpetua de la ciudad de Lugano y del resto de sus vecinos de la Suiza italiana. De ahí ese cierto aire triunfalista de los titulares de los medios helvéticos al afirmar que Villa Favorita "será italiana" cuando en 2014 se confirmó la venta de la mansión por 80 millones de francos a la familia Invernizzi.

El palacete llevaba en venta casi una década. Además de la propia ciudad de Lugano, que intentó hacerse con la propiedad, el diseñador Ermenegildo Zegna, el magnate Carlo de Benedetti o el presidente de H&M, Stefan Persson, presentaron ofertas por el complejo a lo largo de los años, aunque ninguna llegó a concretarse nunca, dicen que porque la oferta económica era insuficiente para una propiedad como esta. Tras ver que pasaban los años y no conseguía venderse, Carmen Thyssen decidió poner el asunto en manos profesionales. Se le otorgó un derecho de compra a un conocido operador inmobiliario de Como, Angelo Gilardoni, por un precio de 102 millones de francos. Gilardoni había sido el encargado de interceder en 2008 entre Tita y un empresario suizo, que adquirió por 25 millones de euros los últimos 5.706 metros cuadrados de suelo edificable que quedaban en Villa Favorita. Con el tiempo, Herzog & De Meuron diseñaron allí villas de lujo.

Foto: Tita Thyssen y Manuel Segura en una imagen de archivo (Gtres)

Gilardoni consiguió vender Villa Favorita finalmente por 80 millones de francos, pero la baronesa siempre sospechó que no había buscado la mejor oferta y, al no quedar satisfecha con el trabajo, entabló una reclamación judicial y no le pagó la comisión pactada. La cuestión se convirtió en un nuevo quebradero de cabeza para la mecenas española que culminó el pasado mes de junio, hace apenas unos meses, con el pronunciamiento del Tribunal Federal suizo. Los jueces decidieron que la baronesa debía pagar la comisión acordada: 2.625.000 francos (2.400.000 de euros al cambio).

El Tribunal Federal de Lausana rechazó un recurso interpuesto por el abogado de la baronesa, quien alegaba, entre otras cosas, "el incumplimiento por parte del mediador de las condiciones contractuales" y argumentaba que no se había cumplido "la obligación de comunicar al mandante la identidad de los interesados ​​en la compra". Además, el defensor de los intereses de Carmen Thyssen también enarboló "la violación de la obligación de lealtad para que el mediador actúe también en interés del comprador, negando su identidad y negociando un precio favorable".

La compradora de Villa Favorita fue la familia de Giovanni Invernizzi, una de las sagas familiares de empresarios más importantes de Italia, descendientes de un famoso quesero hecho a sí mismo. Villa Favorita es un complejo muy emblemático para los habitantes de Lugano y largamente codiciado por sus autoridades. De hecho, uno de los pretendientes más serios que tuvo la mansión fue el propio Ayuntamiento, que, tras valorarlo mucho, descartó comprarla por su elevado precio. Llevan décadas intentando expropiar parte de los jardines para construir un paseo y un parque de acceso libre, sin que de momento hayan tenido éxito en esta empresa. Parece que el destino de la emblemática mansión será el de convertirse en un hotel de lujo.

Barón Thyssen Carmen Cervera