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Sara García, Ana Rivero y Sara Socas: el reto de la igualdad
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Sara García, Ana Rivero y Sara Socas: el reto de la igualdad

Vanitatis celebra el Día de la Mujer con tres generaciones de pioneras en sectores diferentes: ciencia, política y arte

Cuando Ana Rivero, con apenas veintiún años, cruzó por primera vez en 1975 las puertas del Congreso para convertirse en una de las primeras mujeres en ocupar el hemiciclo como taquígrafa, difícilmente habría podido imaginar —aunque sí lo hubiera anhelado— que, décadas después, compartiría espacio con Sara García, científica, biotecnóloga, astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) e investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y con Sara Socas, joven rapera que proclama a los cuatro vientos la igualdad de género y que hizo historia al convertirse en la primera mujer en ascender a la liga Freestyle Master Series (FMS).

Tal vez por eso, al reunirse tres mujeres cuyos trayectos dibujan una auténtica pirámide generacional, es Rivero, situada en el vértice, quien toma la palabra en primer lugar. Evoca entonces a la que considera la ministra más pop de la historia, Carmen Alborch, y recuerda sus palabras: “Las mujeres no llegan a donde están porque sí, sino porque antes hubo otras mujeres que lucharon para que así fuera en el futuro. Por ellas y por las que vendrán”.

Socas: "Delante de nosotras, ¿cuántas mujeres han roto techos?"

“Nosotras estamos aquí, pero delante de nosotras, ¿cuántas mujeres han roto techos? Muchas”, afirma Socas, la más joven del encuentro, mientras dirige una mirada cargada de admiración a su tocaya, Sara García, quien en 2022 fue nombrada astronauta de la ESAque no convocaba plazas desde 2009— tras un proceso extraordinariamente selectivo: apenas una decena de incorporaciones en casi treinta años, con solo tres españoles en esa lista y una mujer entre quienes alcanzaron la plaza.

Nancy Azafrán

Al pronunciar la palabra astronauta, muchos la sitúan todavía en el territorio de la ficción: la asocian a epopeyas fantásticas, a la ensoñación infantil de viajar a la Luna, a una quimera suspendida en el cielo. Sin embargo, la realidad dista mucho de esa imagen romántica. No se trata únicamente de una preparación intelectual descomunal ni de la extrema competitividad que implica obtener una plaza; es, también, una exigencia física llevada al límite, una disciplina férrea que somete el cuerpo y la mente a pruebas constantes.

"Fue una mujer la única en superar el campamento militar de supervivencia"

Sara rememora uno de esos escenarios: un campamento militar en el que algunos compañeros decidieron apodarla, con condescendencia, “Nancy Azafrán”. De nuevo era la única mujer en su comando. “Fue un lugar donde poner a prueba hasta dónde era capaz de llegar, dónde estaban mis límites”, recuerda. Eran siete hombres y ella. Finalmente tuvo que abandonar porque ciertas actividades exigían cooperación y no podían realizarse en solitario, pero fue la última de su comando en caer. Y añade, con una sonrisa que mezcla orgullo y convicción: “¿Sabes qué? En el otro comando, la única persona que logró completar todo el campamento fue una mujer”.

Su reflexión se detiene entonces en lo que denomina referentes invisibles. “Antes de empezar a estudiar Biotecnología, mi modelo era Marie Curie; eso significa remontarse uno o dos siglos atrás. Pero cuando llegué a la universidad descubrí a muchas investigadoras y científicas que se convirtieron en una inspiración inmensa. Y ellas no son conocidas, no ocupan portadas porque no se les da visibilidad ni voz”.

Para Sara, el talento femenino no es una novedad histórica, sino una constante silenciada. “Ha existido siempre y en todos los ámbitos de la sociedad, pero durante mucho tiempo se ha invisibilizado. Afortunadamente, las nuevas generaciones son más conscientes de que hay mujeres empresarias, ingenieras, astrofísicas, médicas, pintoras, taquígrafas…”.

Las primeras faldas del hemiciclo

“Creo que no somos plenamente conscientes de que hasta finales de la década de los 60 muchas puertas estaban cerradas para nosotras. Una mujer no podía aspirar a ser magistrada, letrada del Congreso ni notaria; determinadas profesiones nos eran literalmente vedadas, y nuestra vida laboral estaba severamente limitada. Hasta los bienes propios se nos negaban si estábamos casadas. Hasta 1973, la mayoría de edad de la mujer se fijaba en los 25 años, y no en 21; fue gracias a la determinación de la procuradora Belén Landaburu que se consiguió adelantar esa edad, apenas tres años antes del fallecimiento de Franco”.

"La política es el instrumento más poderoso para el feminismo"

Así lo recuerda Ana Rivero, y continúa: “Se nos olvida que la palabra ‘conciliación’ ni siquiera existía. Durante la Transición fui testigo de cómo, prácticamente por primera vez, comenzaron a irrumpir mujeres diputadas en el hemiciclo a quienes llamaban ‘secretarias’—. Y cuando tomaban la palabra, muchos hombres aprovechaban para salir a fumar o dirigirse al cuarto de baño. Curiosamente, en aquel entonces, solo había aseos destinados a ellos”.

Es el testimonio de una mujer que, durante cincuenta años, vio desfilar a presidentes desde Adolfo Suárez hasta el actual, cubrió quince legislaturas y transcribió a alta velocidad las intervenciones de cerca de 17.500 diputados. Ana Rivero no solo registró discursos en tiempo real: fue testigo privilegiada de la metamorfosis de los derechos y libertades de la mujer. Con la autoridad que da la experiencia, afirma: “La política ha sido, y sigue siendo, el instrumento más poderoso para abrir camino al feminismo y transformar la sociedad desde dentro”.

Cuando llega una mujer y responde

“Ahora entiendo por qué las chicas no se sienten seguras, por qué las mantienen calladas y mudas. Hablan de feminismo y nunca ofrecen ayuda”, lanzó Sara Socas como una barra afilada, enfrentándose al freestyler Rapder en lo que se conoció como la batalla que dividió al mundo, durante la Batalla de Gallos de Otumba, México, en 2019. “En ese momento, Chile estaba en plena efervescencia con las manifestaciones, había surgido la canción `El violador eres tú`, y mi rival tiraba de ese tema… pero ridiculizándolo”, recuerda Socas, reviviendo aquel instante tan tenso como necesario.

“En las batallas, la mujer era un recurso; existía impunidad total para lanzar cualquier tipo de insulto. Pero cuando una se planta y responde: ¿entonces qué?, eso obliga a replantear las reglas. Hoy el freestyle se ha desplazado hacia algo más artístico: poetas que construyen estructuras complejas, donde se premia la riqueza del vocabulario por encima de la violencia verbal”.

"Cuando competía mi padre alucinaba con las palabras vejatorias de mis contrincantes"

Socas rememora sus inicios de rapera en estas competiciones: “Cuando mi padre vio las primeras batallas, se preocupó. Le afectaban las palabras vejatorias de mis contrincantes, centradas en la sexualidad y la violencia sexual. Me preguntó: ‘¿Cómo te estás metiendo ahí?’. Le respondí: ‘Imagínate que no lo hiciera. Si son capaces de decir eso frente a una mujer, papá, ¿qué dirán cuando estén hombre a hombre?’. Le hice ver que no importaba tanto el mensaje que recibía, sino el poder de devolver otro. Lo importante era responder”.

Además de participar y ganar numerosas competiciones como Femm Battle, Girl Battle, Gold Battle Barcelona, y alcanzar la semifinal en Red Bull, Sara Socas ha sido la primera mujer en ascender a la FMS. Decidió entonces retirarse de la competición para continuar su trayectoria musical, donde sigue reivindicando la igualdad a través de sus letras, en este caso en respuesta no de sus contrincantes sino de las desigualdades de la sociedad.

La utopía de la libertad

Si hablamos de poesía, los versos de Sabina fueron un faro para Sara García, sobre todo `La del pirata cojo´: “Estoy convirtiendo esa canción en mi realidad, siendo esa pirata con pata de palo que vive su propia vida”.

En una de las Órbitas de su libro se reflejan sueños de infancia: “De mayor quiero ser patinadora, cuentacuentos, ingeniera, artista del origami, diseñadora, crítica de cine, chef, leñadora, granjera, constructora, exploradora, jugadora de póker profesional…”.

Y aunque parezca sorprendente que en su infancia no tuviese claro su camino —pues antes de los cuarenta se ha convertido en una pionera y referente indiscutible en ciencia e investigación—, había algo que sí tenía perfectamente definido: “De mayor quiero ser libre”. 

Socas: "El arte es la vía más universal y democrática que existe"

Y aunque hoy la palabra libertad se repita sin cesar en discursos sociales y políticos, no deja de ser un concepto complejo y poco trivial, y así lo vive Ana Rivero: “Una utopía sería un mundo verdaderamente libre. Cada paso hacia la libertad es un acercamiento a esa utopía. Pero, ¿cuándo comienza? La libertad surge cuando el ser humano reconoce su propia humanidad: cuando tiene satisfechas sus necesidades básicas, formación, trabajo, autonomía e ingresos. Solo entonces se toma plena conciencia de quién eres y se empieza a luchar. Antes de eso… ¿cómo está la humanidad? ¿Cuántos viven sin percibir que son seres humanos y que, por derecho, merecen ser libres?”.

Aunque son tres mujeres de sectores completamente diferentes, hay más nexos en común que el de ser mujeres que se han introducido en mundos estereotipados como masculinos. Hay arte y también poder en las letras de Socas, en todos los avances que logra García en los laboratorios, en su trabajo por divulgarlo y en el servicio público que ha realizado durante cinco décadas Ana Rivero, transcribiendo, literalmente, la evolución de nuestra historia reciente.“El arte es la vía de comunicación más universal y democrática que existe”, afirma Socas, mientras la otra Sara la observa con emoción.

Para García, uno de sus objetivos es inspirar y motivar a los jóvenes a explorar carreras STEAM Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas—. “Antes eran STEM, ahora se ha añadido la ‘A’ de Arts. Es imprescindible. No concibo nada más valioso que una persona curiosa, que se hace preguntas constantemente. La ciencia y el arte nos permiten encontrar respuestas que pueden transformar nuestro entorno. Creo que eso es, simplemente, hermoso”, reflexiona García, que no solo fomenta la evolución a través de las investigaciones oncológicas sino también como astronauta de reserva de la ESA. “Lo que se hace en el espacio es ciencia, desde arriba se puede mejorar la vida de los que están en la tierra”. 

La memoria histórica

Si algo comparten las tres es la convicción de que el feminismo no puede ni debe ser denostado, porque su raíz es simple y profundamente democrática: la igualdad.

“La reacción de muchos jóvenes, alimentada por la desinformación, está generando una respuesta extrema y negativa hacia el feminismo, exacerbando una misoginia que creíamos superada”, advierte Sara García. “Se ha instalado la idea de que el feminismo ataca a los hombres, cuando en realidad lo que busca es que desaparezcan las desigualdades, que dejemos de ocupar espacios prestados y accedamos, por fin, a los mismos lugares en igualdad de condiciones”.

Rivero: "El feminismo, la democracia y las libertades no están aseguradas para siempre"

Recuerda un titular que leyó en 2021, generalista pero simbólico a la vez: "La ESA busca mujeres para ir a la Luna". No era una consigna casual. Era la evidencia de que todavía hay territorios que necesitan ser conquistados también por mujeres. Y, aunque los avances parezcan lejanos, no pertenecen a un pasado remoto. “Tanto el feminismo, como la democracia y las libertades no están garantizadas para siempre” dice Rivero a lo que prácticamente responden al unísono las dos Saras: “Y se están tambaleando todas y cada una de ellas”. 

“Uno de mis primeros días en el Parlamento, un superior se me acercó y me dijo: ‘¿Te parece normal ir vestida así?’”, rememora Ana Rivero. Llevaba una falda con una ligera abertura; no podían usar pantalones. Las pocas mujeres del hemiciclo vestían colores oscuros, discreción obligada. Habla también de su compañera Araceli Ratero, taquígrafa desde 1968, que vomitaba a diario por la presión de trabajar rodeada de hombres, sometida constantemente a la sospecha: “¿No estarás embarazada, no?”. Sara García asiente: “Cuando Pablo y yo fuimos seleccionados por la ESA, hicimos muchas entrevistas juntos. Solo a mí me preguntaban por los hijos”.

Socas: "Me sentí libre entre hombres cuando dije que era lesbiana"

Socas, desde un escenario distinto pero atravesado por la misma lógica de sospecha, comprendió que su margen de libertad se ensanchó el día en que los hombres dejaron de mirarla como objeto de deseo y entendieron que ella no estaba allí para gustarles. “A los dieciocho era muy pudorosa. Diez años después proclamo que soy lesbiana sin bajar la voz. Cuando cursaba bachillerato el feminismo estaba en pleno desarrollo, me agarré a él, nos enseñó a reivindicarnos, a salir del armario, a ocupar espacio”. Y se pregunta: “A veces pienso qué habría pasado si fuera heterosexual. A muchas compañeras, como Mala Rodríguez, se las ha cuestionado hasta el punto de insinuar que estaban ahí por ser pareja de un rapero”.

La pregunta es siempre la misma, corrosiva y persistente: ¿Cómo ha llegado hasta aquí?. “Esa duda constante nos hace daño”, concluye Socas. “Sigue habiendo mucho machismo en España. Todavía no se nos concede el respeto profesional que merecemos” afirma Rivero.

El mansplaining

“Conozco mujeres extraordinarias que, sin embargo, viven atrapadas en la inseguridad”, reflexiona Sara Socas. “A veces creemos que el machismo es solo el insulto explícito, la agresión directa. Pero va mucho más allá. Está en lo que se nos exige, en la medida constante, en el molde invisible al que debemos ajustarnos. Solo lo que la sociedad espera de nosotras ya es, en sí mismo, machista” dice y, Sara García asiente y pone nombre a esa sutileza cotidiana: “El mansplaining, ese trato sutil pero tan diferencial que experimento casi a diario. Estás en una conversación con varios hombres y, mientras hablas, se miran entre ellos. Evitan tu mirada. Como si, por el hecho de ser mujer, no fueras interlocutora legítima en lo que se está discutiendo”.

Además, Rivero insiste en la necesidad de no confundir avance con plenitud. La evolución es innegable, pero también lo es lo que permanece intacto.

Rivero: "Sufrí acoso y a los treinta y a los cincuenta. En eso no hemos avanzado"

El acoso sexual sigue ahí. Siguen los silencios, siguen los miedos”, afirma con serenidad firme. “Yo lo sufrí en el Parlamento a los treinta y también a los cincuenta. La primera vez ni siquiera supe nombrarlo; te hacían creer que la culpa era tuya: por la discreta apertura de una falda, por aceptar un café e incluso por estar soltera”.

Hoy lo relata sin titubeos en su libro ´Luz y Taquigrafía´. Narra ambos episodios con una claridad que no busca revancha, sino memoria. “Puedo hacerlo porque tengo setenta años, estoy jubilada y mi entorno familiar está más que consolidado”. La libertad de contarlo, sugiere, no siempre llega cuando ocurre el daño, sino cuando desaparece el miedo a las consecuencias.

Mientras escribía, recibió el testimonio de otra mujer que quiso sumar su experiencia al libro. Iba a hacerlo de forma anónima. Finalmente se retractó. El temor a las represalias pesó más que la necesidad de hablar.

¡Para todas!

Así, cada una deja un mensaje que ha guiado su vida y puede iluminar la de muchas: “Animo especialmente a las niñas, porque a menudo son ellas mismas quienes se frenan”, dice García. “Si sienten pasión por la ciencia y la tecnología, que no se detengan. No crean que son carreras de chicos, ni que un examen suspendido define su capacidad. Eso solo les pone una etiqueta, las encierra en una jaula y les hace tirar la llave. No se dejen aprisionar por la profecía autocumplida; abránse puertas, exploren, y no permitan que nadie les diga que no pueden”.

Rivero suma su voz, con humor y contundencia: “¡Cuantas más mujeres en política, mejor! Todos los avances que hemos logrado surgieron de mujeres que se atrevieron. Y, además… tenemos menos testosterona”.

Socas cierra con la fuerza que define sus letras: “Desde pequeños nos enseñan que los grandes logros siempre han sido de hombres. Es hora de conocer las historias de mujeres de todos los ámbitos, porque somos muchas. No basta con construir, hay que divulgar, inspirar y hacer visible lo invisible”.

Así, a través del arte, la ciencia y la política, se dibujan tres trayectorias intergeneracionales de mujeres que supieron abrirse camino en mundos dominados por hombres, que han sido testigos de los avances y conscientes de todo lo que aún queda por conquistar. El feminismo no es violencia ni ataque; es, sencillamente, una necesidad.

Cuando Ana Rivero, con apenas veintiún años, cruzó por primera vez en 1975 las puertas del Congreso para convertirse en una de las primeras mujeres en ocupar el hemiciclo como taquígrafa, difícilmente habría podido imaginar —aunque sí lo hubiera anhelado— que, décadas después, compartiría espacio con Sara García, científica, biotecnóloga, astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) e investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y con Sara Socas, joven rapera que proclama a los cuatro vientos la igualdad de género y que hizo historia al convertirse en la primera mujer en ascender a la liga Freestyle Master Series (FMS).

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