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Gala González y el momento en que decidió emprender: “Nadie te prepara para ser empresaria”
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Gala González y el momento en que decidió emprender: “Nadie te prepara para ser empresaria”

Una mañana en el corazón del barrio de Justicia de Madrid, en Amlul, la marca a la que Gala González dedica su día a día, para descubrir cómo dio forma a su proyecto, cómo apuesta por una producción sostenible y qué hay detrás de construir una marca

“La moda siempre estuvo presente. Crecí entre ella y, cuando maduré, no es que renegara, sino que sentí la necesidad de buscar mi propia voz, de desvincularme de todo lo evidente y explorar otras fuentes que me atraían. Por eso me matriculé en Periodismo”, comienza diciendo Gala González mientras recibe al equipo de Vanitatis y abre las puertas de Amlul, su tienda en pleno barrio de Chueca.

Saluda con naturalidad al equipo que dirige; la tienda es también su oficina, el lugar desde el que articula una empresa construida a su medida. La rodean mujeres jóvenes, un engranaje que habla tanto de su proyecto como de su forma de entender el trabajo. Para Gala, liderar no consiste únicamente en tomar decisiones creativas, sino en asumir la responsabilidad cotidiana sobre la vida de otras personas.

“Cuando tienes personas que dependen de ti es una responsabilidad parecida a la maternidad”

“Cuando creas un equipo y hay salarios que dependen de ti, también sostienes, en cierta medida, la vida diaria de esas personas. A lo mejor en este momento no tengo hijos biológicos, pero siempre digo que hay quienes decidimos tener hijos de otras maneras: guiando la vida de otros, dando oportunidades. Y, a nivel creativo, sobre todo, poder construir una empresa pequeña en la que me siento tan involucrada, poder ofrecer esa posibilidad creativa a otras personas, es algo que siempre he querido tener”. 

Ahora lo ha conseguido, aunque el recorrido ha distado mucho de ser sencillo. Antes de convertirse en empresaria, González fue una de aquellas figuras tempranas que entendieron internet como un territorio de descubrimiento, identidad y proyección profesional, mucho antes de que esa lógica se instalara de forma natural en la industria de la moda.

Los antecedentes a Instagram

Primero llegó MySpace, un espacio que hoy pertenece casi a la arqueología digital, pero que entonces funcionaba como un escaparate para perfiles creativos vinculados a la música, el arte y la moda. “Era una plataforma quizá más enfocada a personajes creativos del mundo de la música y del arte, que permitía, de alguna manera, sin tener conocimientos de programación, customizar tu página a nivel estético, aunque no supieras realmente programar”, recuerda. 

placeholder Gala González en su tienda Amlul en el Barrio de Justicia. (Daniel González)
Gala González en su tienda Amlul en el Barrio de Justicia. (Daniel González)

Después apareció Fotolog, y con él una puerta de entrada más directa a ese universo que hasta entonces observaba desde A Coruña. “Crecí en una ciudad de escala más íntima que una gran capital y, cuando vives en un lugar así, hay muchas cosas que desconoces y que te gustaría explorar. Creo que en ese momento internet fue una herramienta que nos permitió conocer también a gente que tenía gustos similares”.

Lo cuenta con la naturalidad de quien ha aprendido a mirar hacia atrás sin nostalgia impostada. Aunque hoy Madrid sea su casa y haya vivido en ciudades como Londres o Nueva York, el acento gallego asoma incluso cuando bromea: una discreta prueba de que el origen nunca desaparece, apenas cambia de escenario.

“Desde fuera gusta mucho nuestra artesanía y forma de ver el mundo”

placeholder Gala González durante la grabación de 'Business Edit' de Vanitatis en su tienda, Amlul. (Daniel González)
Gala González durante la grabación de 'Business Edit' de Vanitatis en su tienda, Amlul. (Daniel González)

Y precisamente tras haber transitado por distintas ciudades, al sentir la llamada del emprendimiento decidió regresar a su raíz. “A la gente le encanta nuestra artesanía, nuestra manera de ver el mundo, cómo confeccionamos, la atención al detalle… Y tener la posibilidad de volver a casa y poner en marcha un proyecto que no solo apoye nuestra economía, sino también oficios que ahora mismo están desapareciendo, como el de la costurera o el patronista, y poder, de alguna manera, devolver esa visión y ese sueño que yo tuve creciendo en España me parecía un proyecto ambicioso, un poco difícil a la vez”.

Amlul surge en un momento vital en el que su trayectoria ya había trazado un recorrido poco lineal pero coherente, tejido entre disciplinas, ciudades y lenguajes creativos. Antes de levantar su propia firma, había habitado distintos roles dentro de la industria: desde la dirección creativa en la línea ‘The U Line’ de Adolfo Domínguez hasta la creación de colecciones cápsula para firmas como Mango, TOUS o Pedro García, pasando también por su trabajo como modelo para casas de lujo como Loewe. Paralelamente, fue consolidando una voz propia en el ámbito digital, en un momento en el que la creación de contenido empezaba a redefinir sus códigos y a abrir paso a una nueva forma de profesión, todavía en construcción, que ella ha ido habitando de forma orgánica: la de influencer.

El nacimiento de Amlul

Amlul nace en 2019 con una primera colección cápsula. Tras ese lanzamiento, la estructura era mínima: Gala asumía la dirección junto a dos personas más, en un formato casi reducido a la esencia. Sin embargo, es en 2020 cuando la marca adquiere contorno propio y se define su identidad. “Este año hemos cumplido cinco como marca, pero mirado con perspectiva no han sido años “normales”, siguiendo el armazón de una empresa en la que tienes un partner, un inversor o una guía. Aunque tenía madurez personal y bagaje profesional, nadie te prepara para lo que supone montar una empresa. Hemos ido trabajando de manera intuitiva, intentando comprender las necesidades de nuestras clientas en conjunción con mi manera de crear”, explica sobre aquellos comienzos.

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placeholder Un detalle de la tienda Amlul de Gala González en el Barrio de Justicia de Madrid. (Daniel González)
Un detalle de la tienda Amlul de Gala González en el Barrio de Justicia de Madrid. (Daniel González)

El desarrollo de la firma discurre, además, en paralelo a la irrupción de la pandemia, un punto de inflexión que alteró de forma inmediata los hábitos de consumo. “Cambiaron de la noche a la mañana. Ya se consumía online, pero no con esa masificación. Es la misma evolución que han vivido las redes sociales: en estos cinco años han transformado nuestra manera de consumir, de comunicarnos, de transmitir…”, apunta.

“Intento a través de Amlul reflejar la importancia del trabajo humano”

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placeholder Gala González junto a su equipo y diseños de Amlul. (Daniel González)
Gala González junto a su equipo y diseños de Amlul. (Daniel González)

En ese contexto, la ética se convierte en un eje progresivamente más visible dentro de la conversación sobre moda, y también dentro de su propio discurso. “A través de mi marca intento abogar por la transparencia y, sobre todo, por la importancia del trabajo humano. Es importante que se entienda que es imposible tener una marca de carácter sostenible con precios de sesenta euros por prenda, porque eso implica no respetar la cadena de salarios que hay que asumir. Nuestros márgenes de beneficio son muy limitados precisamente porque esa cadena la llevamos a rajatabla”, sostiene, mientras se detiene en una dimensión del oficio que ha ido desapareciendo del imaginario contemporáneo: la confección manual.

Casi todas las prendas de Amlul tienen un proceso manual. Si un ojal no queda perfecto, si aparece un hilo suelto, se revisa y se corrige. Y hay un momento en el que, cuando estás en la fábrica y hablas con todas las personas que forman parte de la cadena de producción, todo cobra otra lectura: ves quién está confeccionando tus prendas. Existe la idea romántica de nuestras abuelas cosiendo en una mesita, pero hoy no tiene nada que ver con la realidad”.

“Si te involucras en tu negocio el papel de empresario humaniza”

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placeholder Gala González en la trastienda de Amlul y con conjunto de su firma.(Daniel González)
Gala González en la trastienda de Amlul y con conjunto de su firma.(Daniel González)

De hecho, una de sus aspiraciones más recurrentes pasa por recuperar ese conocimiento artesanal que, en muchos casos, se ha ido retirando del circuito productivo. “Cuando vas a las fábricas hay muy pocas personas. Es un oficio que está de capa caída, porque se ha perdido el interés por la parte menos visible de la moda. Todo el mundo quiere la parte creativa, la más luminosa. Y esto es algo que Amlul me ha enseñado: conocer de primera mano la moda artesanal, admirarla y valorarla aún más de lo que ya lo hacía. Es la prueba de que, cuando estás presente en tu negocio, el papel de empresario también te humaniza”, concluye.

Cuando el made in Spain traspasa aduanas

Gala González proyecta un perfil internacional que se refleja también en la geografía de su marca, con una clientela que trasciende con claridad el mercado español. “Tenemos muchas clientas de Estados Unidos. He intentado llegar al público español y es cierto que se ha convertido en uno de nuestros principales mercados, con una base sólida de clientas aquí. Pero expandir también es una ilusión y, a la vez, una gran responsabilidad.

"Vender en Asia significa que clientes asumen el coste de aduanas por el made in spain"

placeholder Gala González en la puerta de Amlul, en el corazón del Barrio de Justicia de Madrid.(Daniel González)
Gala González en la puerta de Amlul, en el corazón del Barrio de Justicia de Madrid.(Daniel González)

Cuando empezamos a vender en China, Singapuren distintos países de Asia como Corea o Japón, resulta emocionante pensar que asumen el coste de aduanas para apostar por el made in Spain”, señala con satisfacción. En ese equilibrio entre expansión y coherencia se sostiene también la identidad de Amlul. La firma no busca la repetición, sino una suerte de singularidad contenida, donde el diseño se reconoce sin imponerse y la escasez de piezas refuerza su carácter.

“Por eso tenemos un patrón y una silueta definidos, pero lanzamos pocas unidades de cada diseño. Nuestro objetivo es que las clientas que nos eligen tengan la tranquilidad de que, en un día especial, no van a coincidir con otras, y que su prenda, en cierta forma, sea única”, explica. La idea de fondo se aleja de la producción en serie y se acerca más a una forma de pertenencia íntima, casi silenciosa: prendas que no buscan ocuparlo todo, sino permanecer en quien las lleva.

En esa lógica, Amlul no se limita a vestir cuerpos, sino a construir una distancia deliberada frente a lo homogéneo, donde lo exclusivo no es un gesto de ostentación, sino de criterio.Y así, Gala se despide de su equipo y recorre la calle Pelayo, donde se ubica Amlul, saludando a los locales de su entorno, a quienes no concibe como competencia, sino como parte de un mismo tejido urbano y creativo. Quizá ahí se condense el retrato más fiel de la persona que convive con la diseñadora, empresaria, creadora de contenido y modelo: Gala González.

Alguien que, tras más de quince años vinculada a la industria de la moda y dos décadas de exposición pública, conserva intacta la huella de aquella niña que creció entre las playas de A Coruña. Una trayectoria que no ha erosionado el origen, sino que lo ha afinado; la demostración de que el trabajo, cuando se habita con conciencia, no deshumaniza el éxito, sino que lo mantiene en su escala más reconocible.

“La moda siempre estuvo presente. Crecí entre ella y, cuando maduré, no es que renegara, sino que sentí la necesidad de buscar mi propia voz, de desvincularme de todo lo evidente y explorar otras fuentes que me atraían. Por eso me matriculé en Periodismo”, comienza diciendo Gala González mientras recibe al equipo de Vanitatis y abre las puertas de Amlul, su tienda en pleno barrio de Chueca.

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