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Capital de Asturias

Así es la ciudad natal de Fernando Alonso: casco histórico de película, calles señoriales y las vistas del monte Naranco

Oviedo reúne arquitectura prerrománica, plazas cargadas de historia y elegantes calles señoriales en una ciudad que mantiene la montaña siempre cerca

Foto: Fernando Alonso, en una imagen de archivo. (EFE)
Fernando Alonso, en una imagen de archivo. (EFE)

Oviedo tiene algo de ciudad construida para caminarla. El tamaño contenido de su centro permite pasar en pocos minutos de una plaza empedrada a una calle de grandes edificios burgueses, atravesar un parque centenario o levantar la vista y encontrarse con el verde de las montañas que rodean la capital asturiana. Elegante y monumental, pero también recogida, conserva una personalidad que se reconoce en la piedra de sus edificios y en la proximidad constante del paisaje.

Aquí nació en 1981 Fernando Alonso, uno de los deportistas españoles que más ha contribuido a llevar el nombre de Asturias por todo el mundo. Mucho antes de convertirse en bicampeón mundial de Fórmula 1, el piloto creció en Oviedo y comenzó su trayectoria sobre cuatro ruedas siendo todavía un niño. Su ciudad natal, sin embargo, tiene una historia que se remonta muchos siglos atrás y un patrimonio que permite recorrer distintas épocas prácticamente sin abandonar el centro.

placeholder La Catedral de San Salvador preside el casco histórico de Oviedo y es una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. (Cortesía / Catedral de Oviedo)
La Catedral de San Salvador preside el casco histórico de Oviedo y es una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. (Cortesía / Catedral de Oviedo)

Una buena forma de empezar es hacerlo frente a la Catedral de San Salvador, cuya torre marca una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. A su alrededor se extiende El Antiguo, un entramado de calles peatonales y plazas donde todavía se percibe la escala del Oviedo histórico. La Corrada del Obispo, Trascorrales, la plaza del Paraguas o la plaza de la Constitución van apareciendo durante un paseo en el que las fachadas de piedra, los soportales y las calles estrechas construyen ese aspecto casi cinematográfico del casco antiguo.

A muy poca distancia comienza otro Oviedo. En torno a la calle Uría, la plaza de la Escandalera y el Campo de San Francisco, las perspectivas se ensanchan y aparecen algunos de los edificios que acompañaron el crecimiento de la ciudad contemporánea. El parque introduce una gran extensión verde en pleno centro y sirve de transición entre el trazado más antiguo y las calles señoriales, mostrando dos caras muy diferentes de la capital separadas apenas por unos minutos a pie.

placeholder La escultura de Mafalda, en el Campo de San Francisco de Oviedo. (EFE)
La escultura de Mafalda, en el Campo de San Francisco de Oviedo. (EFE)

Las numerosas esculturas repartidas por calles y plazas hacen que el paseo por Oviedo tenga algo de museo al aire libre. La Regenta contempla la plaza de la Catedral, mientras que la monumental Maternidad de Fernando Botero ocupa uno de los puntos más transitados del centro. A ellas se suma la figura de Woody Allen, ligada a la relación del cineasta con la ciudad tras recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, además de muchas otras obras que se han incorporado al paisaje cotidiano ovetense.

Pero para comprender otra parte de la historia de Oviedo hay que mirar hacia el monte Naranco. En sus laderas se encuentran Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos construcciones del siglo IX integradas en el conjunto de Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco. Santa María del Naranco, antiguo palacio de Ramiro I y posteriormente convertida en iglesia, es hoy una de las imágenes más representativas del prerrománico asturiano.

placeholder Monumento prerrománico de San Miguel de Lillo en las inmediaciones de Oviedo. (EFE)
Monumento prerrománico de San Miguel de Lillo en las inmediaciones de Oviedo. (EFE)

La subida al Naranco descubre además una perspectiva completamente diferente. Conforme queda atrás el centro, Oviedo aparece integrada en el paisaje verde del centro de Asturias, con la ciudad extendiéndose a los pies del monte y las montañas cerrando el horizonte. Esa cercanía entre naturaleza y vida urbana es una de sus particularidades: incluso después de recorrer calles comerciales, monumentos y plazas, el paisaje asturiano continúa estando a muy poca distancia.

Y todavía queda un Oviedo que no depende de ningún monumento. Está en El Fontán y su mercado, en las sidrerías y en las plazas que recuperan actividad alrededor del aperitivo, pero también en la facilidad con la que se puede atravesar el centro caminando y terminar descubriendo una calle que no estaba prevista en el recorrido. El patrimonio forma parte del atractivo de la ciudad, aunque buena parte de su carácter aparece precisamente en la convivencia entre esos escenarios históricos y la vida cotidiana.

placeholder Uno de los puestos de frutas y verduras del Mercado de El Fontán, en pleno centro de Oviedo. (Cortesía / Mercado de El Fontán)
Uno de los puestos de frutas y verduras del Mercado de El Fontán, en pleno centro de Oviedo. (Cortesía / Mercado de El Fontán)

La ciudad natal de Fernando Alonso reúne así distintas imágenes de Asturias sin necesidad de recorrer grandes distancias. El prerrománico del Naranco, las fachadas señoriales, las plazas del casco antiguo y las montañas forman parte de un mismo paisaje, el de una capital en la que la historia ocupa las calles y donde basta alejarse unos kilómetros del centro para contemplarla desde las alturas.

Oviedo tiene algo de ciudad construida para caminarla. El tamaño contenido de su centro permite pasar en pocos minutos de una plaza empedrada a una calle de grandes edificios burgueses, atravesar un parque centenario o levantar la vista y encontrarse con el verde de las montañas que rodean la capital asturiana. Elegante y monumental, pero también recogida, conserva una personalidad que se reconoce en la piedra de sus edificios y en la proximidad constante del paisaje.

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