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Viajes gastronómicos

Villa de Olmedo: entre aguas, viñedos y gastronomía

Un tranquilo municipio castellano, al sur de la provincia de Valladolid, ajeno a las leyendas, mitos y romances que en el Siglo de Oro pudieron inspirar a Lope de Vega

Foto: Villa de Olmedo: entre aguas, viñedos y gastronomía

Un tranquilo municipio castellano, al sur de la provincia de Valladolid, ajeno a las leyendas, mitos y romances que en el Siglo de Oro pudieron inspirar a Lope de Vega con su particular Caballero de Olmedo.

Un enclave histórico que llegó a pertenecer a Isabel La Católica, ofrece un interesante recorrido monumental por sus 'Siete sietes', el número con que se cuentan sus plazas, iglesias, puertas de entrada, casas nobles, fuentes, pueblos de su alfoz y conventos. De estos últimos, el más antiguo es el de Sancti Spiritu y al que tampoco le faltó leyenda que dotaba de poderes celestiales a sus aguas subterráneas. Las mismas que ocho siglos después han sido declaradas termales y mineromedicinales.

Un precioso edificio mudéjar del siglo XII, convertido en hotel balneario, al que se anexan tres estructuras bien integradas para respetar el estilo originario de la construcción y su entorno. El antiguo claustro del convento -que ahora es un espacio termal- conecta con un patio mudéjar -hoy circuito de contrastes- donde antes se encontraba la cocina de las monjas. Algunas de sus modernas habitaciones fueron construidas sobre los aposentos de tan ilustres moradoras como Isabel La Católica y Juana La Loca.

En el Hotel Balneario Villa de Olmedo, las aguas 'milagrosas', de cuyos efectos sedantes y relajantes -entre otros- puedo dar fe, comparten protagonismo con la gastronomía.

El Hontanar es el restaurante para comer a la carta o -aún mejor- seguir la propuesta de su chef. Esta consiste en un menú de degustación que rinde homenaje a la comarca en que se encuentra, Tierra de Pinares, no solo con la elección de su nombre, sino también con cada uno de los productos que emplea en la elaboración de los cinco platos que lo componen.

Comienza con una ensalada escabechada de conejo de Matapozuelos, yemas de puerros de Íscar y aceite de Ataquines. Continua con un salteado de mollejas de lechazo con boletus sobre una fina crema de garbanzos de Alaejos y virutas de cecina ahumada. El toque clásico -en el pescado-, con el bacalao a la olmedana, y el acento innovador -en la carne-, con la hamburguesa de lechazo en pan de pipas con queso de cabra fundido, aros de cebolla crujientes y salsa de mostaza antigua. Contundente, después de los anteriores bocados, pero realmente deliciosa. El postre, Islas Flotantes, un combinado de natillas monjiles de achicoria, helado de galleta, caramelo y sorpresas.

Olmedo está en tierra de vinos. Solo basta desplazarse unos pocos kilómetros en coche para sentirse atrapado por un paisaje revestido de viñedos. En menos de media hora llegamos a una de las bodegas locales: El Hilo de Ariadna. Un laberinto de salas y pasillos, a dieciséis metros de profundidad, que evidencian los pilares de este silo: un enjambre de bodegas abandonadas, que la familia Yllera, se propuso y consiguió recuperar. Durante el recorrido, la historia conecta el proceso de elaboración del vino con la mitología griega, que cuenta que Ariadna, hija del rey Minos, junto al héroe Teseo, consiguen con un hilo -lazo que une las cosas- entrar en el laberinto donde habitaba el Minotauro. El Hilo de Ariadna, para el gozo o susto de los más pequeños, dedica un espacio a este monstruo. Dominus, la joya de Yllera, está en la sala Dionisios, dios del vino en la mitología griega. No habrá mejor broche para terminar que con una cata de sus vinos.

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