El marqués de Griñon enseña su señorío
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El marqués de Griñon enseña su señorío

A sus 73 años, Carlos Falcó y Fernández de Córdoba, quinto marqués de Griñón, podría permitirse el lujo de volverse irreverente e incluso antipático por esa

Foto: El marqués de Griñon enseña su señorío
El marqués de Griñon enseña su señorío

A sus 73 años, Carlos Falcó y Fernández de Córdoba, quinto marqués de Griñón, podría permitirse el lujo de volverse irreverente e incluso antipático por esa especie de derecho aquirido que parece que dan los años, pero no lo hace. Con esa adusta mezcla entre un dandy inglés y recio hombre de campo castellano, el marqués de Griñon recibe a Vanitatis en su finca de la localidad toledana de Malpica de Tajo.

En los dominios de Malpusa es donde este ingeniero agrónomo comenzó a cultivar su pasión por el vino, y desde donde controla todo lo que sucede ahora que sus caldos han alcanzado las máximas puntuaciones de los expertos. Fruto de ese trabajo de campo y de ingeniería no sólo han nacido algunos de los vinos que ya se exportan a medio mundo, también el libro Entender el vino (Martínez Roca), una obra que el propio Carlos Falcó escribió hace ya doce años y que lleva trece ediciones.

Esta última edición ha supuesto una revisión y la inclusión de nuevos textos basados en las novedades y los cambios que se han introducido en el sector en la última década. Él sabe mucho de innovación, ya que entre sus méritos está el haber sido el primero en introducir la uva Cavernet Sauvignon en las tierras de La Mancha o las uvas syrah y petit verdot en los campos españoles.

Es un hombre familiar, que disfruta de la naturaleza y la caza, reservado, pero amable y educado y con tan buen trato que sorprende en un primer instante. Cuando llegamos no tiene problema en explicar los pormenores de la finca, con tanta solera como para que el recibimiento lo de un olivo, un acebuche que creen que tiene más de 700 años.

Un hombre familiar

El marqués ha estado casado tres veces, la primera con Janine Girod. De ese matrimonio nació su hija Sandra, quien ahora le acompaña en las labores vitícolas que desempeña y que son ahora su pasión. Después se casaría con Isabel Preysler, con quien tendría a la que es la más mediática de la familia, Tamara Falcó, para terminar con quien ahora es su mujer, Fátima de la Cierva.

Sandra, embarazada de nuevo, sigue al pie del cañón junto a su padre. Dice el marqués cuando le preguntamos por las visitas de Tamara, que acude de vez en cuando y “ha colaborado” en alguna ocasión, como con la nueva producción de aceite de oliva. “Presentamos juntos el aceite en Madrid Fusión” comenta Carlos Falcó, aunque añade, “a Tamara lo que le gusta es la moda”.

Cuenta que incluso la joven, que ha estudiado comunicación, “ha hecho sus pinitos con una empresa de moda” aunque “al final la vendió a sus socios”. La firma, llamada Second Skin sigue aún así, llevando el recuerdo de la hija del marqués de Griñon.

Falcó, que confiesa el apego que siente a la finca, se considera un hombre “más de campo” que urbanita, aunque dice: “Tengo que ir a vender los vinos a la ciudad”. Por eso se ha buscado una localización geográfica perfecta para mantener atendidos todos sus asuntos, tanto empresariales como familiares.

“Aquí he vivido muchos años”, comenta mirando las casi 50 hectáreas de viñedos y olivos que rodean su casa de Valdepusa. “Pero ahora vivo en una finca que tengo en Aldea del fresno, donde también hago vino” comenta. De hecho, el caldo que produce en esa finca “acaban de nombrarlo el mejor vino de la Comunidad de Madrid”.

Allí vive con su mujer y sus dos hijos pequeños, que ahora asisten a un colegio en la Comunidad de Madrid, aunque antes “han estado tres años en un colegio en Inglaterra y otro en Francia”. Esa tradición viajera y políglota la han seguido todos sus hijos porque es algo que “consideramos esencial en la familia”.

Un ingeniero 'hippie' en California

Él mismo, pese a la intención de su abuelo de que hiciera la carrera militar, se decidió a estudiar Ingeniería Agrícola y lo hizo en distintos países. Primero en Madrid, luego en Lovaina (Bruselas) y después en Estados Unidos, por lo que, al igual que sus hijos, domina a la perfección el español, el inglés y el francés.

De sus años fuera de España recuerda especialmente lo divertida que fue su etapa en América. “California era apasionante. Cuando estuve en los años sesenta había supermercados y autopistas que ni en España, ni en Europa había”, recuerda con nostalgia. Incluso asegura que hizo “sus pinitos” como hippie, aunque nada serio porque “era un buen estudiante”.

Esa apertura mental le ha permitido conocer a infinidad de gente interesante, como el cantante Frank Sinatra, o poder contar anécdotas divertidas como que estuvo una hora y media hablando con Gianni Agnelli –nieto del fundador de Fiat y presidente de la compañía en los setenta- de política. “Estábamos sentados en el fondo de una discoteca hablando sobre el comunismo”, cuenta el marqués. “Él decía que (el comunismo) iba a acabar con Italia, y yo le decía que era una teoría fracasada, y así fue”, asegura.

Maestros en su vida ha habido muchos, porque se considera a sí mismo una persona con “muchas ganas de aprender”. Esas ganas de obtener conocimientos hacen que asegure que “cuando veo que viene alguien a dar una conferencia, procuro pegarme a la gente que sabe de cualquier cosa” porque, dice, le interesa “siempre el saber humano”.

Entre los conocimientos que ya tiene se cuentan los detalles que afectan al mundo del vino y las ideas para innovar en su cultivo, cosecha y fermentación, algo que para él está inexorablemente unidos a ese señorío de Valdepusa al que ha invitado a Vanitatis. Allí muestra sus bodegas, que nada tienen que ver con las que de vez en cuando muestran el cine y la televisión.

Las bodegas al detalle

En las bodegas del marqués de Griñón prima la limpieza. “Estamos hablando de un producto alimentario”, dice el propio Falcó, que muestra sin reparos y con explicaciones claras cuáles son los secretos para crear unos caldos que incluso han llegado a obtener 97 puntos sobre 100 en las catas internacionales más prestigiosas.

El terruño sobre el que se asientan es una de las razones de la existencia de ese vino, una finca que ha pertenecido a la familia desde 1292 y de la que, aunque ya no resida, el marqués tiene recuerdos imborrables. Mientras pasea por la tienda que tienen dentro de la bodega de este pago manchego, cuenta que en la mesa en la que apoya su mano se sentaron a cenar el Rey y los príncipes unas semanas después de dar a conocer el compromiso entre Felipe y Letizia ya que les había invitado a una cacería en el coto privado de sus viñedos.

Unas cepas que, dados los ocho siglos y medio de historia en la familia, no sólo guardan el secreto de algunos de los vinos mejor considerados, también carreras infantiles de los miembros de varias generaciones del marquesado y de los pasos de visitantes ilustres que han pasado por allí. Mientras nos alejamos por el camino polvoriento, flanqueados por cepas de Cavernet y Petit Verdot, el marqués y su hija Sandra se despiden con la mano a los pies del Acebuche que se ha convertido en una insignia de ese lugar tan querido por el marqués.